No debéis afligiros, mi señor. No tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis...
miércoles, 7 de febrero de 2007
Urbano
miércoles, 31 de enero de 2007
El rito
- ¿Y ustedes qué hacen aquí? Se quedan callados durante la ceremonia… Además de metidos, bulliciosos, ¡no señor…!
Hace algún tiempo escribí Noticias de uniones concertadas y a veces convenientes. El compañero a quien me refería finalmente se casó el sábado pasado. La boda fue sencilla y por eso mismo bonita. Juan estaba nervioso y su amada Paula lucía tranquila. Los pocos invitados acompañamos con solemnidad a la nueva pareja de esposos en tan especial momento.
- “¡Uy, chino! Mire que su amigo ya se casó… Y usted, ¡nada…! ¡Mire a ver!”, susurraban los paradigmas sociales.
- ¡Shhhh!
- “Este espécimen de la raza humana no ha dado la talla. ¿Cómo es posible que hasta ahora no haya transmitido sus genes? ¡Es el colmo!”. La evolución había hablado.
- ¡Silencio, les dije! Suficiente trabajo me costó acallar a la envidia para que ustedes vengan a interrumpir…
El novio no tuvo que esperar por ella mucho tiempo. Un pequeño retraso de unos minutos mientras los últimos detalles se ajustaban sin mayor problema. La decoración de la capilla la hacía lucir elegante y armoniosa.
[Tan-tan-ta-tan… Tan-tan-ta-tan…]
- ¡Por Dios, esa música! ¡Qué horror! Siento que es una marcha condenatoria, las notas que sentencian a la libertad ante muchos testigos… para siempre…
- Los paradigmas increparon: “¡Se lo dije, hermano! ¡Ya es hora de que camine al ritmo de esa melodía! ¡Y usted ni novia tiene!”.
- “Con o sin esa música, el muchacho ya está grandecito: ¡Que siembre semilla! ¡Para eso está en este mundo! ¿O es que piensa hacerse el loco conmigo?”, dijo la evolución.
- ¡Dejen oír la misa! Lo de la música es… algún reflejo condicionado… nada más…
Como en las películas y novelas, esperaba que el padre preguntara si alguien no estaba de acuerdo con ese matrimonio. Pero no fue así. Parece que he visto mucha televisión o el padre no quería correr riesgo de que yo levantara la mano para preguntarle qué lo motiva a uno a casarse “para toda la vida”.
- “¡Un marido fiel y un esposo solícito! Eso es lo que exige esta sociedad. Así se habla padre, ¡comprométalo ante Dios!”, vitoreaban los paradigmas.
- “Mientras se reproduzca, que sea con una o con más, a mí no me interesa. ¡Lo importante es la propagación de la especie! ¡No vayas a tirar por la borda los millones de años que llevo trabajando en esto!”, me recordaba el instinto.
- ¡Chito!…
Los asistentes aplaudimos a los novios cuando sus padres brindaron por esta nueva unión. Una torta deliciosa y un vino blanco bien frío amenizaron la recepción. Las felicitaciones aparecían mientras ambos se tranquilizaban porque ya todo había pasado
- “¡Qué bonito anillo! Ya deberías tener el tuyo propio. Casi treinta años y sigues soltero… ¿Qué dirán los vecinos?”, insistían los paradigmas.
- Por favor, es sólo un anillo… Sólo es el recordatorio de los eslabones de la cadena que arrastramos cuando nos comprometemos.
- Y la evolución exigió: “Vuelvo y le digo mijo, con anillo o sin él, a mí me cumple con la tarea Natura”.
- ¡Ay, sí… Ya sé! ¡Qué cansones! Algún día pasará. Mientras tanto tomémonos otra copa, a ver si se me pasa esta angustia…
Así terminó la boda. Nuevamente los felicité y me despedí en medio de una desazón aún mayor, muchísimo mayor: otro buen amigo me contó en ese momento que ya le entregó el anillo de compromiso a su novia. No tengo palabras para expresar lo que sentí instantáneamente.
- ¿Y ahora qué pasó? ¡Ahj...! ¡La envidia se quitó la mordaza!
Seguiré escuchando pelear a esas múltiples conciencias en mi mente y mi corazón. Quizá tengan razón.
miércoles, 24 de enero de 2007
Rata de dos patas
te estoy hablando a ti,
porque un bicho rastrero
aun siendo el más maldito
comparado contigo
se queda muy chiquito”.
La necesidad tiene cara de perro, dice el refrán. Y en él, lastimosamente, se justifican las personas que no se conforman con codiciar los bienes ajenos. Así, con papaya ‘ponida’ o no, se dedican a robar lo que la envidia o la pobreza les ofrezca. Allá ellos, a quienes los enriquece su ambición o su pereza; y allá ellos, a quienes la injusticia social los mantiene quincenalmente. Que alguien se apiade de ambos.
Repudiando de mi parte su acción, creo que uno de ellos, más que la misericordia, se ganó hasta la risa de Dios. Hoy su originalidad resulta apabullante, a pesar de que el método haya sido empleado hace cientos de años para torturar a hombres y mujeres, coincidencialmente, “pecadores”.
Un ratero es aquel “que hurta con maña y cautela cosas de poco valor”. Así que cualquier ladrón no es un ratero. Y viceversa. Pero una cosa es el nombre de las cosas y otra son las cosas en sí mismas. En este caso, este bribón hizo mérito para ajustar nombre y significado a su proceder.
El año pasado, un mendigo utilizó como armas dos ratas para atracar a los pasajeros de una buseta en Bogotá. La Policía no tenía antecedentes de tal modus operandi. “El asaltante exigió 10.000 pesos para no dejar a los animales sueltos dentro del vehículo. El miedo y la repulsión de los pasajeros le permitieron recoger mucho más”, decía la noticia en El Tiempo. El chofer no se dio cuenta de nada, ni de los gritos de las señoras encaramadas en las sillas.
El ratero las sacó del bolsillo de su andrajosa chaqueta y sujetándolas por el lomo se las acercaba a la gente para asustarla. Dicen que un señor sacó un billete de dos mil pesos y se lo pasó, pero el muy sinvergüenza le respondió: “No, son diez mil o suelto las ratas”. Otra de las testigos afirmó que "con una rata en cada mano y con toda tranquilidad, el tipo iba recogiendo dinero. Luego se fue hasta la puerta trasera, timbró, el chofer paró la buseta y él se bajó muerto de la risa. Su desfachatez llegó al punto de que luego de bajarse, nos mostró las dos ratas desde la acera y nos hizo muecas", añadió Nelly.
La canción de Paquita La Del Barrio se queda corta para tal canallada.
miércoles, 17 de enero de 2007
Sin omisión
Hace poco y después de mucho, Fernando Araújo recuperó su libertad. Nunca será suficiente escribir o hablar de su experiencia para denunciar cuán cruel, inhumano y cobarde es el secuestro. De todas las cosas que le robaron en todo ese tiempo, hay una que evidencia la atrocidad de este delito para con la persona y la familia.
Un periodista, en una de las entrevistas por televisión, le preguntó qué le había quitado el secuestro. Con la serenidad que le puede dar la paciencia y la resignación, respondió luego de una corta pausa y con una voz poco firme: “me quitó a mi esposa”.
Encerrado, obviamente Araujo defendía de primera mano su propia vida. Pero volver al lado de su recién casada esposa seguramente le devolvía la esperanza de vivir esa misma vida compartiendo el amor del nuevo matrimonio que había dejado obligado. Después de tanto tiempo anhelando su presencia, su renaciente realidad le dio un golpe más: su esposa tenía, con razón o sin ella, otra pareja.
En radio le preguntaron cómo se había enterado del asunto. Su respuesta ahora contenía todavía más crudeza: “por omisión”. Qué dolor sentí cuando escuché sus palabras. Ninguna circunstancia emocional o racional puede compararse con algo así: ella no lo esperaba en el momento en que Araújo recobró su libertad ni estaría a su lado a partir de ese momento.
Descubrir la infidelidad de nuestras parejas “normalmente” es apenas el 1% comparado con las circunstancias de este triste hecho. En un momento dado, ambos corazones estaban secuestrados y su libertad tenía su propio precio. “Sentimentalmente estoy en ceros”, añadió.
Enfrentarse con un corazón destrozado es casi tan difícil como salir de cautiverio. Pero ¿qué más nos haría sobrevivir sino es el amor? Vale la pena arriesgarse por él aunque nos encierre vivos para luego matarnos libremente.
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Epílogo
Una pasada reflexión acerca del secuestro: Intercambio.
miércoles, 10 de enero de 2007
Talco

Caterina, protagonista incansable del juego, esparció y recibió parte (aunque parezca la totalidad) de los cuatro bultos de 25Kg de talco que compartió con sus demás primos antes, durante y después del desfile.

El vehículo de la casa, estacionado a 25m de una de las calles del recorrido de murgas, comparsas y carrozas, también sufrió las consecuencias de la polvareda del 6 de enero en Pasto.

Así lucía esa misma calle al día siguiente a las seis de la mañana. Cuatro días después del evento al interior de mi casa sigue llegando polvo presente en el ambiente, y la intensidad del blanco en la ciudad ha disminuido con el viento.

Para este pequeño arbusto no fue suficiente la protección de sus hojas. Un buen aguacero ayudaría bastante a lavar los estragos de esta tradición cultural.

Para quienes siguen las cabañuelas, hipotéticamente el día de hoy correspondería a octubre: aquí aún no ha llovido. Ojalá y sólo sea un errado pronóstico y no la dura realidad del Fenómeno del Niño, consecuencia mundial de nuestra tradicional ignorancia.
miércoles, 3 de enero de 2007
No pasó
Un cuchillo en su costado izquierdo se encargó de hacer brotar toda la sangre que por su corazón circulaba; se recogió en un balde, mientras colgado en de una pata trasera reclamaba por su vida. Más tarde su roja sangre se convirtió en negras morcillas.El resto de su cuerpo, salvo sus entrañas, sirvió para la cena de año nuevo luego de prepararse al horno, una forma de cocción típica no comparable con la lechona. Toda una noche estuvo en el horno de barro junto con otros colegas que tampoco pasaron el año.
Los compañeros de corral que se salvaron por su minoría o mayoría de edad para la receta, sí pudieron celebrar la llegada del año nuevo sin necesidad de estar presentes en cuerpo y en alma en la noche del 31.
miércoles, 27 de diciembre de 2006
Jo Jo Jo Jo...
miércoles, 20 de diciembre de 2006
In memoriam
miércoles, 13 de diciembre de 2006
Balance final
“¡Ay! Yo no olvido al año viejo,
porque me ha deja’o cosas muy buenas…”
Durante los primeros días de diciembre suena ocasionalmente, pero después del 24 se convierte en el himno de quienes cumplimos años (otra vez, literalmente) la noche del 31.
Su recordación se disputa junto con otras populares canciones de fin de año, como la nostálgica “faltan cinco pa’ las doce / el año va a terminar / me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá” (Cinco pa las doce, de Los Inmortales y Jaime Gale), o la pegajosa “vamos a brindar por el ausente / y que el año nuevo esté presente” (El hijo ausente, cantada por Pastor López y su Combo), o la guarachosa “La víspera de año nuevo, estando la noche serena…” (Víspera de año nuevo, famosa por Guillermo Buitrago con Los Trovadores), o el jingle de Caracol Radio que con su mensaje “de año nuevo y navidad” formula votos fervientes de paz y prosperidad. Pero por tradición, creo que El año viejo se queda con el primer lugar en nuestras memorias.
“¡Mira! Me dejó una chiva,
una burra negra,
una yegua blanca
y una buena suegra…”
La autoría de este inolvidable porro es de Crescencio Salcedo y su interpretación más escuchada es de La Integración y Antonio González. Su autor pretendía con esta sencilla letra ir más allá de disfrutarla por su ritmo: apropiarnos de ella para hacer nuestro balance final.
“¡Ay! Me dejó una chivita,
una burra muy negrita,
una yegua muy blanquita
y una buena suegra…”

Valida lo sembrado, cultivado o cosechado durante el año que termina. La chiva representaría la alimentación del día a día; una burra los beneficios del trabajo; una yegua, la comodidad del transporte del amo; y una suegra (que tal vez no esté tan buena pero sí sea más buena que la hija) la calidez de la familia.
¿Qué cosas nos deja este año? ¿A qué le dimos valor? Sería suficiente con haberlas disfrutado así no sean explícitamente salud, dinero, viajes y amor. Más que sea por rito, esta última medianoche agradezcámoslas y pidamos el deseo de renovarlas y gozarlas a plenitud el siguiente año. Nuestra fe las validará y nuestra firme voluntad las conseguirá.
“¡Ay! Me dejó, me dejó, me dejó,
cosas muy buenas,
cosas muy bonitas…”
¡Que el bien nos haya!
miércoles, 6 de diciembre de 2006
El hábito no hace al monje
Me gustó un sencillo marco de madera en la ventana de una marquetería y tipografía. Entré y pregunté cuánto costaba. “¿Para qué lo quiere?”, refunfuñó el viejo vendedor con una mirada desconfiada. “Pues para enmarcar un diploma…”, dije con la obviedad que requiere la necedad.
“¡Ah…! Usted quiere el marco del diploma ¿no es así?”. Ahora era yo el que tenía la duda… Me mostró otras molduras con distintos certificados, pero eran demasiado suntuosas. Con la excusa de verlo sobrepuesto en el de madera y de paso quitarme la inquietud creada, le dije: “No tengo el diploma… aquí, digo…”. Con la serenidad de la complicidad respondió: “Tranquilo… ¿De qué lo quiere?”.
Sólo necesitaba mi nombre. Él se encargaría de averiguar los demás datos que un diploma de cualquier carrera y universidad lleva. Aunque ya lo sea, es cierto que no tengo cara de Ingeniero Industrial pero igual le pedí este título. “Claro, se lo hacemos. ¿De qué fecha?”. Asombrado, le dije que luego regresaría porque me estaban exigiendo un tiempo mínimo de experiencia laboral y necesitaba confirmarlo. “Y como descuento, ¡le regalo la enmarcada!” agregó al despedirnos.
Salí especulando qué profesión quería, literalmente, tener. Cualquier ‘cartón’: un diploma enmarcado así lo acreditaría. Me convertiría en el protagonista de Atrápame si puedes, donde Frank Abagnale Jr. se luce con falsos papeles y con lo aprendido en películas clásicas de abogados y médicos. Yo creí que eran cosas del cine. Quién se va a poner en esas, pensaba.
Pues bien, un profesor que me dio clases en mi carrera lo hizo. No creo que haya ido por un título al local que encontré, pero tampoco es necesario hacerlo: basta con presumirlo. Me enteré hace poco en la oficina de información, cuando averiguaba sobre unos cursos y él entregaba la documentación de su inscripción a la Maestría en Ingeniería. Revisando sus papeles la secretaria se extrañó de que la fuera a cursar, pues en su hoja de vida la mencionaba como terminada. Con un tímido tartamudeo dijo: “Usted sabe… Cuestiones de trabajo…”. Tal vez no la haya culminado, algo frecuente en estos exigentes programas académicos, pero mucho cuento es “graduarse” de ellos descaradamente para obtener un empleo.
Cuando me preguntan sobre mi última entrevista de trabajo, les digo que estaban buscando alguien que supiera de tal tema, y que yo había dicho que de esas vainas no sabía (en teoría debería). Todos me dicen: “¡Mucha pelota! ¡Decí que sí sabés!”. He perdido muchísimas oportunidades por andar rodando de sincero por la vida, pero me cuesta detener mi propia inercia existencial. No habrá tamaño babero que limpie mi chorro de babas cuando realmente me enfrente al problema.
Un papel no garantiza que uno sea lo que dice y al mismo tiempo la tentación por aparentarlo es grande. Quienes cuidan su imagen (los vivos) dicen que es tan o más difícil que ser (los bobos). Como todo, posiblemente lo correcto sea equilibrar las capacidades con las potencialidades (los vi-bos) y ser consecuente de nuestros actos: ser y pare-ser. Por eso, más que una pared, busco validar la verdad de mi diploma en una franca posibilidad. Esto no me ha asegurado un salario estable, pero mi consciencia duerme tranquila sin vestir un hábito ajeno o ser un monje ateo.
“¿Que si tengo experiencia en transbordadores espaciales…? ¡Por supuesto! En vacaciones solía navegarlos ¡hasta en reversa!, y yo…”.
Definitivamente mi ‘cartón’ seguirá enrollado.
miércoles, 29 de noviembre de 2006
Experiencia laboral
Decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía”.
– Rubén Blades –
Un empleo más para él entre los menos para todos. La entrevista fue perfecta: una sonrisa, una anécdota, una broma; rarísimo. Él supuso que lo vincularon por su perfil, su corbata, su recomendación, su carro. No se dio cuenta de que fueron las hormonas de la jefa las que firmaron el contrato. Y las que lo llevaron junto con ella a una encrucijada definitiva por su trabajo o su amante.
En la inducción las cosas parecían normales. Le llamaba la atención que su jefa lo tratara con generosa cortesía y no sólo con el formalismo que en una transnacional se respira; había algo más, sutil, misterioso. En esos ojos se reflejaba una mujer madura, experta. Él la miraba con el respeto que uno puede tener para con sus superiores, por lo menos hasta cuando se pasa el período de prueba.
Esos dos meses pasaron y se vieron entonces simplemente como un hombre y una mujer. ¿Y quién no se derrite poco a poco ante una retina enamorada? Tanto las funciones como los sentimientos comenzaron a aumentar cada semana. No sabía que ella sentía muchísimo más de lo mismo que él desde su primer día de trabajo: pura atracción. Callaba, disimulaba; finalmente era la jefa. Pero como en el amor no hay letra menuda, éste aprovechó cada quincena que le pagaron puntualmente.
Sacaron adelante los proyectos que el área necesitaba mejorar trabajando juntos casi todo el tiempo. Una buena combinación de perfiles profesionales complementarios, decían los directores inmediatos. Una interesante mezcla zodiacal de signos y ascendentes decían los horóscopos del fin de semana.
Sus cuerpos explotaron el día que trabajaron horas extras actualizando los indicadores semestrales. Un roce de las manos catalizó lo que estaban guardando desde que se conocieron. Sólo tuvieron chance de obedecer a sus instintos. ¡Qué cuentos de gráficas, tablas, fotocopias y carpetas! Besos, caricias, abrazos y aromas. ¡De eso también se trata la vida! Esa noche acabaron juntos: su informe y su pasión.
De ahí en adelante todo lo que hicieron en el trabajo, incluyendo el amor, lo hicieron bien: planeado, ejecutado, evaluado, aplicado. Obviamente en el más excitante silencio. El escritorio fue su apoyo; las agendas dieron paso a sus poses; el aire acondicionado enfriaba su cansancio. Un gesto con la ceja indicaba una visita a la cocina por un café, por algo de azúcar, por algo salado. Ante los ojos de los demás nada sucedía: la jefa y su asistente trabajando, era obvio; ni la chismosa secretaria lo sospechaba.
Pero como no todo es color rosa, la empresa no permite relaciones amorosas entre empleados: es una de las firmes políticas de la compañía. Uno de los dos o los dos, si quieren continuar con su romance, tienen que salir de la organización. Tarde o temprano algún sapo los echará al agua y el riesgo profesional para ambos es alto.
¿Qué hacer entonces? Por favor justo lector voyeur, decídalo usted. Presento tres tentativas opciones para estos amantes:
a) ¿Que ella o él también caigan en la inopia laboral del país renunciando al pan de cada día para vivenciar la libertad del amor por fuera?
b) ¿Arriesgarse a que los despidan miserablemente por expresar la inaguantable ambrosía de sus deseos dentro de la oficina?
c) ¿Cortar de tajo una fuerte y creciente relación pasional y sentimental, para mantenerse a punta de miradas amigables pero lascivas?
¿Qué opción le recomendaría a este fulano y a esta fulana para su historia de amor? ¿O qué otras posibilidades propone usted para que la trama de este escrito continúe o acabe? Permítase dar un desenlace alternativo: tal vez esté escribiendo el final de su propia y actual o futura experiencia laboral.
miércoles, 22 de noviembre de 2006
Causas de muerte
Pontificia Universidad Javeriana Cali
Noviembre 7 al 15 de 2006
Composición Secuencial
Fotografía Digital
Se electrocutó

Se cayó 
Dio papaya 
Se atravesó
Se asfixiaron
Se asaron
miércoles, 1 de noviembre de 2006
Más que gramática
– Matthieu Ricard –
De vez en cuando escribo SOBRE el amor, pero hace rato que no escribo POR amor cartas, misivas, notas, mensajes para alguien en particular; de esas que se piensan en las noches y se transcriben en las mañanas, que hablan sobre los sentimientos propios ante un lejano correspondido o un cercano indiferente, que transmiten el dolor o la pasión por la apuesta mutua en el juego de dos amantes.
En estos casos, el estilo literario no importa a la hora de decir lo que se quiere. Cursi o coloquial, lo que vale es su intención, su sorpresa o su verdad. La última que entregué, para finalizar una secuencia de romántica prosa, se titulaba “Cupido Card”. Escrita bajo la influencia de El Lado Oscuro de La Fuerza, sin arrepentimiento alguno la rabia del momento precisó:
Beneficiario: D.
Socio: El Marqués.
Flores frescas: $5000. Copa de helado: $14000. Recuerdo de un viaje: $23000. Regalo de cumpleaños: $32000. Descubrir luego, con tus propios ojos, que la mujer que amas te ha engañado: No tiene precio. Hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás existe el amor. ¡El puto amor!”
Lo bueno de una impresora compartida en una oficina o sala de cómputo es que nos permite conocer el trabajo o la holgazanería de anónimos o conocidos. Cuántas hojas huérfanas quedan a la vista de quienes buscan sus propias impresiones entre el montón de papel acumulado en la máquina. El abandono de sus dueños las convertirá en basura, a menos que un curioso valide su contenido y las adopte para su estudio o su entretenimiento.
Buscando mis papeles en las impresoras de la universidad me encontré con la segunda hoja de la que sería una extensa carta de amor. Sin el permiso de su descuidado y desconocido firmante, resaltaré algunos apartes de su “no muy realista” contenido.
Te propongo que siempre nos escuchemos, que cada día en vez de despertarnos como si fuera otro día, pensar que es el último y ser lo más especiales que podamos el uno con el otro y así podremos con todos los obstáculos que vengan…
… sólo tú y yo tenemos el poder para hacer que esto dure una eternidad, para que nunca nos alejemos uno del otro, afrontando las situaciones de una forma madura…
Anoche soñé contigo. Te extraño a cada momento… te quiero de verdad…
Mi muñequita hermosa, mi todo de verdad… estamos construyendo algo divino, ojalá dios nos permita estar siempre juntos…
Y por último, felices dos meses, el principio de algo increíble… Te amo con toda mi alma. Mateo”.
Está absurda y verdaderamente enamorado. Su discurso promete lo inalcanzable. Su corazón le dictó tales palabras. Su cerebro se apagó momentáneamente. Su cuerpo necesita valerse de tales hipérboles para favorecer prontamente a la evolución. Sus oídos tolerarán cualquier cantaleta o poesía. Sus cálculos están desmedidos en el tiempo. Su almohada está tan rellenita como su amada. Su dios se encartó con tal milagrito. Sus dos primeros meses han sido el estárter de su vida. Su alma le parece pequeña para amarla de esa manera.
¡Bah! ¡Patrañas, nada más!
...
[Silencio]
...
[Suspiro]
...




