Y es a través de él que nos conocemos.
Pensamiento Sufí.
Leonor de Aquitania, reina de Francia e Inglaterra, fue obligada por su esposo francés a asistir a una Cruzada, y encuentra en tierras orientales esta profunda sabiduría de los Sufíes. Se lleva ese espíritu a Francia, lo convierte en el amor romántico, en ese anhelo de conocer al otro a través de la idealización y de la maravilla, y empieza a cambiar la vida de la mujer en Occidente, que hasta entonces era solamente una propiedad sobre la tierra, para convertirla en un sujeto de seducción con la llegada del amor romántico a la Francia del siglo XII.
Con su hija Marie, Leonor construye un código del amor de 31 artículos, escribe fuertes pensamientos feministas (que llenaban de pavor a los machos de ese entonces), y crea así los tribunales de amor, compuesto por ilustradas damas de su tiempo.
En su propio estilo, Diana narra lo siguiente: “Los tribunales de amor son aquellos sitios donde iban los amantes con el corazón roto a exponer sus casos ante el tribunal del amor. Y el tribunal de amor decía quién de los dos le había roto el corazón al otro… Y no era que allí hubiera alguna sentencia, sólo un fallo, pero este fallo a usted le evitaba… ¡por ahí unos diez años de preguntas!… ¿Pero qué pasó?, ¿pero por qué fue?... Ahí le dicen: “Mire, aquí el chévere fue usted o la chévere fue ella, y usted fue el que la embarró. ¡Y sale!”. Y usted se evita un montón de boleros si alguien le dice eso…”.
…
¿Otra vez usted?
Sí, su Señoría… se rompió de nuevo…
Exponga los hechos. Secretaria, tome nota…
Lo que pasó es que nada pasó… Ese es el problema… Como puede fijarse, ella ni siquiera vino a esta audiencia… No le interesa… Debe estar con su novio haciendo…
Señor, ¡respeto por esta Corte!
Eh, claro, honorable Jueza, mis disculpas… Como le decía, mis intenciones se quedaron en el intento… Su indiferencia marcó una raya profunda… “No”, a todo: llamadas, correos, helados, comidas, paseos… y yo con unas ganas tremendas de compartir un pedacito de su vida…
¿Cómo se declara?
Ni siquiera le declaré a ella mis propósitos, ¿y ahora usted me lo pregunta?… Sólo le dije que me gustaba, y fue suficiente para que me mandara con su actitud a la… aquí, digo… Me quedé con las ganas de decirle que tenía los ojos más vivarachos que he conocido, que su tímida sonrisa es lo más excitante de su cuerpo, que su…
Señor, suficiente… El caso es muy claro… Y usted ni siquiera tiene testigos. La Corte no tiene nada que debatir.
¿Soy culpable? ¿Inocente?
Usted es víctima del enamoramiento. La coartada de su corazón no le salió bien… Por eso se le rompió… Y en ese caso ella, al estar totalmente desligada a usted, no tiene responsabilidad alguna… ella es libre de estar con quien elija, menos usted, al parecer… Esta Corte se pronuncia al respecto profiriendo una orden de caución para que se aleje de ella al término de esta audiencia… Por su propio bien, Señor, y el de ella también…
¡Pero por qué!
[¡Slam!]
El gavel ha caído. Puede esperar y apelar después de un tiempo… Mientras tanto, recoja la cantidad de pedacitos de corazón que trajo como evidencia y retírese…
¡Pero!…
Siguiente caso…
[De fondo, un bolero…]
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