miércoles, 15 de junio de 2011

Yo, Felipe

Caricatura publicada en el Periódico El Tiempo, Colombia, el domingo 21 de marzo de 2010.
(Hacer click para ampliarla)

Iba distraído cuando la vi, y he seguido así desde ese momento.

La alegría de su belleza eclipsó todas mis dudas: era ella, la que nunca había esperado el día más sentido.

Cuando estuve frente a ella mis temores se regurgitaron y no las palabras para decirle:

I’ve had the time of my life
And I’ve never felt this way before
And I swear this is true
And I owe it all to you
Los colores de mi rostro tartamudearon cuando sus ojos me atravesaron el cuerpo y se liberó un alma enamorada desde hacía la primera vista.

La miraba una y otra vez y sólo logré que las últimas gotas de esperanza se evaporaran al calor de la des-ilusión en cada intento.

Sentado, espero que lea después estas líneas.

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Agua y fuego


Ni el huevo ni la gallina. No es una competencia de cuál fue primero que el otro: es equilibrio. No es una demostración de quién necesita a quién: es compartir.

Dos estados de la materia en el mismo espacio-tiempo dan origen a un tercero: el placentero, el satisfactorio a todos los sentidos, también de naturaleza pero humana.

Cuando los elementos lo re-quieren y las condiciones lo permiten, todo puede pasar.

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Carabás Channel

A falta de televisión, mi entretención está en los realities que la vida me regala. Esta semana, en mi propio programa, “De la A a la Z: arañas y zancudos”, protagonizado por una de las inquilinas permanente y un visitante temporal del apartamento.

Un avispado zancudo se zafó de mis fallidos aplausos y corrió a buscar refugio en las alturas del cielo raso. Ni corto ni perezoso, me encaramé por donde pude para darle su trancazo y dormir así plácidamente, sin temor a una picazón que me transmita cualquier cosa y sin la hartera de que me quite el sueño con sus zumbidos.


El muy pillín evadía mis torpes manotazos con un rápido vuelo perfecto, pero por estar mirando por su espejo retrovisor para evadirme, se estrelló de frente contra una resistente telaraña. Vi que se detuvo en seco e hizo un intento descomunal en mover sus alas y no pudo.


La dueña se despertó cuando sintió el trancazo. Rápidamente bajó a ver qué había pasado y se puso contenta cuando encontró tremendo regalo caído del cielo. Luego de saltar en sus ocho patas de la dicha, se le acercó con tranquilidad y comenzó a mordisquear al culícido chupasangre para probar qué tan sabroso estaba como banquete de la semana. Con el buen sabor en su boca, la araña volvió a la cama y se arrunchó otra vez para continuar durmiendo.

Un claro ejemplo de parasitismo entre hombres y animales. Y yo que la iba a limpiar… tan malagradecido, ¿no?

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Intensidad

Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre”.

Alguna vez leí o escuché, no me acuerdo, que quienes citaban las definiciones en sus textos lo hacían más por desconocimiento y presunción que por claridad en el uso de las ideas y palabras. En parte es cierto, pero necesario, cuando se le quiere sacar mayor provecho a algo que creemos saber.

Recurro al Diccionario de la Real Academia Española para encontrar significados literales y figurados de palabras conocidas y desconocidas, como esta:

intensidad.
(De intenso).

1. f. Grado de fuerza con que se manifiesta un agente natural, una magnitud física, una cualidad, una expresión, etc.
2. f. Vehemencia de los afectos del ánimo.

Desde hace mucho tiempo tenía en mis pendientes escribir sobre esta palabra y su significado. Hasta había hecho una apropiación carabasesca de ella, al darle sentido a través de la ecuación de la diferencia de potencial (tensión) que existe entre dos puntos en función de la intensidad de corriente y la resistencia entre ellos: ΔV = R . I. No la hice porque resultaba muy buena pero excesivamente ñoña.

Me han la han echado en cara infinidad de veces, con señalamientos en cualquier tiempo y conjugación de los verbos ‘ser’ o ‘estar’ en su primer pronombre personal singular. Siendo inocente y muchas veces culpable de hacerla sustantivo y adjetivo, sólo ahora la entiendo a través de una imagen tomada de Internet.

Es mucho más diciente que la consulta al diccionario, ¿o no? Es un cúmulo de emoción, pensamiento, sentimiento y acción al mismo tiempo, que a pesar de su inmarcesible amor ahoga las mejores expectativas de la otra persona. La subtitularía con un verso de Borges:

Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema”.

¿Intenso yo? Ya quisiera yo pare-ser el bebé o el gato…
Quizá las otras personas son… ¿débiles?

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sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Cuántas son?

Happy birthday to you...
Happy birthday to you...
Happy birthday... Mr. Marqués...
Happy birthday... to you...”.

Marilyn Monroe

El factorial de un número se identifica con el símbolo ! y representa el producto de todos los números naturales desde 1 hasta n. De esta manera se sintetiza la operación matemática a su mínima expresión.

n! = 1 x 2 x 3 x 4 x … x (n-1) x n

0! = 1
1! = 1
2! = 2
3! = 6
4! = 24
5! = 120
6! = 720
7! = 5.040


De igual manera, este interrogativo símbolo decorativo remplaza una cantidad de velitas que arruinarían el decorado del pastel. Queda la duda de cuántas son las que, encendidas o apagadas, celebran el milagro de la vida después de los años.

¿Y cuántas son las palabras que expresan sentimientos, pensamientos y emociones hacia esas personas que nos acompañan con su presencia ¡y hasta con su ausencia! en esa fecha? Sólo una: "gracias !" Y factorial para todas ellas.

Mi cumpleaños ! = 2,63131E+35
= 263.130.836.933.694.000.000.000.000.000.000.000

Happy birthday... to me...

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Despedida

Aquí empezó el conteo regresivo.
Cuando llegue a cero se acabó
Tú te vas.
Yo me voy.
Nos vamos los dos”.

Conteo, de Gilberto SantaRosa

En una despedida hay cuatro escenarios posibles:
Uno se va y el otro se queda.
Uno se queda y el otro se va.
Los dos se quedan.
Los dos se van.

Entonces, ¿quién se va y quién se queda? ¿Para dónde? ¿Para qué?

Newton dijo terceramente que a toda acción le sigue una reacción. Si yo me alejo de una persona, desde la Física, ella se aleja de mí en una proporción de igual magnitud y dirección en sentido contrario.

¿Pero qué ocurre si a pesar de la partida, corporal o emocional, permanecemos en reposo o con movimiento rectilíneo y uniforme como en el estado inicial, el anterior? ¿La Primera Ley, de la Inercia, no funciona?

¿Qué fuerzas debemos imprimirnos para que seamos obligados a cambiar de estado? Creo que un “adiós”, ayuda a que la segunda Ley saque la cara por la Dinámica, mas no por la ‘química’. Hay que decir-hacer-lo.

Amor sin Leyes.

No hay más para contar.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Desamargado

"La historia del mal hace parte de la historia del hombre".
Algún historiador, en un programa de radio, hace mucho tiempo.


¿Cuántos años tendría cuando actué como un miserable cobarde? Tal vez 9, 13 o 16, no lo sé. Hay cosas del pasado que se quedan en el olvido y de ellas sólo se extrae lo mejor: más que un mal recuerdo, una reflexión.

Tenía una bodoquera de unos 70 centímetros y de 1 centímetro de diámetro. Era en aluminio, brillante y totalmente derecha. Ligera, precisa y confiable independientemente de mi pulso al dirigirla. Frente a las de los demás vecinitos, era un arma letal. Cientos, sumados tal vez, miles de cartuchos de papel pegados con babas y colbón fueron las municiones de inocentes guerras púberes.

Disparar, es decir, impulsar el cucurucho de papel a través del tubo con un fuerte soplido, significaba un enorme riesgo para la integridad de cualquier ojo humano y animal. Por fortuna, nunca pasó nada, sólo un montón de divertidas aventuras bélicas con amigos de la cuadra. Ahora, tal juego sería una inaudita necedad; trayéndolo al valor presente, sería comparable con jugar Pain-T-Ball sin protección.

En una noche de Halloween se me ocurrió la estúpida idea de atacar a los niños que se acercaran a pedir dulces a la casa: una emboscada inmisericorde. Mi hermana Sara me sorprendió en el intento con un arsenal de afilados bodoques listos para hacer daño. Su regaño fue como una iluminación: comprendí que la maldad está en nosotros a flor de piel, y sólo es cuestión de incitarla con cualquier pretexto que nos haga sentir bien. Fue un ejemplo real del lado oscuro de La Fuerza, y yo no tenía idea de la existencia de La Guerra de las Galaxias: tal descubrimiento Jedi fue por mi propia experiencia, como debe ser, sin que nadie salga herido.

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En más adultas recientes noches del 31 de octubre, no abríamos la puerta del apartamento en un acto de generosa tacañería. Con mi hermano apagábamos las luces y nos hacíamos los locos a los timbrazos y cantos de niños hipoglucémicos. A veces, porque en verdad no teníamos dulces comprados para la ocasión, y muchas otras porque teníamos que regalar los que mamá nos regalaba. Era una decisión que giraba entre el egoísmo y el sentimentalismo: una dosis innecesaria de apego material que no se soltaba compasivamente con los hambrientos triquis triquis.

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Este año, en una suma de cambios en progreso, al primer sonsonete infantil abrí la puerta de mi hogar para entregar puñados de dulces a vacías talegas de niños disfrazados de cualquier realidad o fantasía. Se saboreaban a través de sus máscaras al ver cuánto azúcar empacado comerían al otro día. Las mamás también recibieron galletas cubiertas de chocolate, y se sorprendieron de que su brujazgo fuera celebrado el mismo día. Me libré de los conjuros para que mi nariz creciera y me dibujé, como en las calabazas, una gran sonrisa de satisfacción por haber dado paz y dado amor, dando dulces, ¡por favor!

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Beware of the cat. I'm back.


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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Arrugas sin edades

Uno de los deberes del hogar que todavía no había asumido viviendo solo era planchar la ropa. Desde el apartamento de mi hermano, la señora del aseo me colaboraba con este oficio, pero tanta dicha terminó.


Una muchacha me había cotizado caro esta labor, y me pareció el precio aún más alto en este otro-apretado fin de mes. Ahora que lo pienso, con este cansancio y este calor, creo que su trabajo lo valía con creces. La tarjeta de crédito pagó a regañadientes la mesa y plancha: ¡ya no tenía ropa para el siguiente día!

Un tío re-plancha la ropa a diario: las arrugas de camisas y pantalones le tienen pánico a su templado ojo.

Arruga tras arruga me di cuenta de cuánto se puede exacerbar mi obsesión-compulsión porque las cosas queden bien. Luego de refunfuñar innecesariamente con la cuarta camisa, comprendí que la tarea doméstica tenía más sentido si dejaba fluir la humedad y el calor sobre las prendas al ritmo de un vaivén adormecedor.

Una de mis hermanas deja como vidrio todo lo que haya salido de la lavadora: además de la ropa en general, toallas, sábanas, medias e interiores.

Con un atomizador en la mano y sin una maldita primavera como música de fondo, planchar me pareció un ejercicio mental antes que corporal. Su mecánica es sencilla y requiere de observación, agilidad y, sobre todo, paciencia. Lo comparo con los jardines secos japoneses, karesansui, donde la meditación logra la mejor textura de su arena, grava y piedras. Un espacio-tiempo para la atención.

Una compañera de oficina, además de plancharse el pelo, plancha la blusa del día cada mañana: mantiene en alto su promedio de llegadas tarde.

Curioso: una hoja de papel arrugada no puede volver a su lisa forma inicial y una prenda de vestir sí. Pero mi caso es una de esas excepciones que existen en la vida, al tratar de arreglar un pliegue, un puño o un cuello. No les extrañe que vaya de afán: caminando rápido no se nota la pasa que llevo puesta.

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Balan(ce)lular

Justo el día de amor y amistad se dañó el teclado de mi paneludo celular. Ya lo había arreglado antes, pero con las promociones de la fecha era mejor comprar uno nuevo.

No todos los números de los contactos estaban guardados en la SIM-Card, sino en la memoria del teléfono: tendría que torturar lentamente las desquiciadas teclas para que soltaran lo que sabían y construir así la nueva lista. Con la infinita paciencia de un verdugo, pensaba…

[1] Con Fulano hablo cada tanto y es suficiente para resumir en carcajadas lo que ambos hemos hecho en tanto tiempo de silencio. Se queda.

[2] Perencejo me quedó mal con la garantía del último trabajo que me hizo en el apartamento. Cobra lo justo, pero por ese incumplimiento, se va.

[3] Zutana dice que estaba a punto de llamarme cada vez que la llamo. No es coincidencia, es un vicio que tiene por aparentar lo que no es.

[4] Algún día se me puede ofrecer Perengano. Él confía en mí y sé que podemos volver a trabajar juntos cuando tenga algún pendiente.

[5] Pepita no me ha devuelto las últimas llamadas. A lo mejor el novio le sigue haciendo esas escenitas de celos, y ella encantada bobamente.

[6] A Pepito le debo muchas de las enseñanzas de la vida. Saludarlo cada tanto me recuerda lo importante que es soñar y trabajar a la vez.

[7] La linda X... Borrarla me ayudaría a aceptar mi imposibilidad de amarla, y evitarme así más dolor. Pero por la gracia de su existencia, se queda.

[8] ¿Para qué guardo a Y? Ni me llama ni lo llamo. Se va.

[9] Z me contesta cuando se le da la gana y me llama cuando me necesita. Sólo por ser el día del amor y la amistad, porque ella es las dos cosas a la vez, se queda.

[0] n acaba de llegar a mi vida. ¿Cómo la voy a sacar?

[*] Este nuevo celular tiene plantillas de mensajes de texto: “Gracias”, “También te amo”. Agiliza el mensaje, pero desensibiliza su intención.

[#] El sonido del audífono era mejor en el viejo.

En ese momento, una llamada entra... "Número desconocido”.

¿Aló?

No es ella.

Casi.

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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Atrapé al gato



Tantas cacerías literarias me dieron la habilidad para atrapar a un gato virtual, siguiendo mi manual sobre cómo atraparlos en la realidad.

Es simple: hay que cercar al gato dando click sobre los círculos verdes claros, mientras el inquieto felino huye de la barrera de color oscuro que uno construye afanosamente.

Abrí el link que Mareña me envió (con recomendación de fiabilidad y entretenimiento) y desde el primer intento ya pensé que había, irónicamente, gato encerrado: no parecía tener solución. El negro minino tiene seis alternativas fugitivas, cinco si marco una de ellas, mientras que yo sólo tengo una opción en el primer movimiento.

Con la decisión de una gallina y la perseverancia de un caracol, comencé a acumular fracasos en la pantalla hasta que el azar (y algo de lógica) me dieron la victoria sobre el miau. Atrapado quedó como un ratón en ratonera.



¿Y qué pasó? El juego volvió a comenzar. Y lo volví a atrapar.




Feroz, yo.

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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Perros lectores

Nunca se pinchó la cola. La gata evitó las pencas de cactus llenas de espinas con que estaban atrincheradas las más bonitas matas de mi casa. Se equilibraba al filo de los maceteros para orinar la tierra, haciendo caso omiso (es redundante en un gato decir esto) a los castigos con periódicos enrollados de la dueña de los jardines de barro. La lucha con mi mamá fue hasta la muerte realmente: a Kissy se le acabaron primero las vidas del juego felino.

De un tiempo para acá, florecieron botellas PET llenas de agua en los jardines externos de las casas de barrio, más por inercia popular de Vicente que por conocimiento pleno de su funcionamiento. Creo que esto puede llegar a la categoría de leyenda urbana: un perro se refleja distorsionado y decide no levantar la pata o sentar su trasero en el sitio y seguir hasta el siguiente árbol. ¿Efectivo? Tanto como las tres papas crudas peladas y proféticas debajo de la cama la noche de año viejo.

¡Pero esto sí es nuevo! Mensajes como los SMS de celulares o los trinos de Twitter en la web pero para perros lectores, sean callejeros o domésticos, con instrucciones para él o su amo sobre dónde hacer sus necesidades, escritos con buena letra sobre piedras valladas en los antejardines.








Como para que pase un curioso gato por allí, lo lea, le tome una foto, y pierda una vida de la risa con el perridículo mensaje…

La gente es ‘la cagada’, ¿no?

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Trancón urinario

Cuando hay trancón, el atravesado y afanado chofer de viejo bus intermunicipal que llevamos dentro toma control de nuestra mente y cuerpo. Y cuando llueve, el asfalto de las calles de la ciudad se convierte en velcro para las peludas llantas de los carros, volviendo lento el recorrido por una razón que supera a la precaución.

Qué sed.

La gente piensa que con sucesivos pitos, bullosas sirenas y agitadas manos por las ventanas, son capaces de empujar la tracalada de carros que están delante de ellos. Aparte de disfrutar la terapia intensiva de paciencia, en un trancón no hay nada más que hacer sino aprovechar el repetitivo ejercicio sobre el embrague para fortalecer el músculo de la pierna izquierda.

Un vaso de agua antes del desayuno.

Uno piensa en todas las cosas que podría estar haciendo en vez de estar en ese mojado trancón; en la excusa que va a decir para explicar el retraso; en las razones de por qué no salió media hora antes; en la urgencia verdadera que otros conductores puedan tener; en que habría sido mejor quedarse en cama en un frío y aguado día.

Un vaso_y_medio de jugo de naranja con el desayuno.

Es aburrido estar encerrado en el carro viendo llover a cántaros y rodeado de cientos de personas con un desespero acumulado por llegar temprano a cualquier lugar. No es sólo acelerar-frenar itinerantemente, sino que hay que estar en procura de que los demás hagan lo necesario para una conducción defensiva.

Una taza de café con el desayuno.

Un recorrido de siete minutos se convirtió en interminables 75 para cubrir la misma distancia con un tiempo anticipado más que necesario. Llovía copiosamente, tanto, como el mismo inmenso número de carros sobre la única vía disponible para llegar al lugar de mi destino. Parecía que un gran perro pastor guiara lentamente a todas sus carrovejas por el mismo sendero a las 6:50am.

Otro vaso de agua después del desayuno.

El tiempo pasa y no hay a quién reclamar. El ritmo lo pone el inconsciente conductivo. Lento, lento, lento. Llega un momento en que hay que intentar relajarse y dejar que la vida sincronice su cronómetro con nuestros pocos segundos de vida. Tarde o temprano, algún día llegaremos a nuestro destino, así sea el final. Reflexiones trascendentales en medio del estrés de la vergüenza del incumplimiento.

Llegué y me bajé del carro despacio.
Caminé lentamente por el dolor de la vejiga.
Nunca el baño había estado tan lejos.
Y oriné con la misma dicha de un orgasmo.
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!

Obviamente llegué tarde, ¡pero con un alivio!

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