No debéis afligiros, mi señor. No tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis...
miércoles, 9 de enero de 2008
miércoles, 2 de enero de 2008
León y elefante
“Eso es cuestión de actitud”, me explica la administradora del local, que conlleva un estilo de vida con una cultura alimenticia radical: cero carnes. "Usted se está comiendo a un ser vivo en estado de descomposición... es un cadáver lo que le sirven a la mesa... ¿Le parece justo quitarle la vida a un animal habiendo tantas cosas en la naturaleza?". Con esas palabras, un pedazo de carne de lo que sea ya no es un mero pedazo de carne.
El discurso es válido hasta cuando afirma, y estoy de acuerdo, que "tienen alma". Pero siendo igualmente radicales, una planta, como ser vivo, también tiene alma, y prácticamente se la robaríamos en cada bocado.
En Nariño el puerco-hornado es un plato tradicional: Un marrano joven preparado con especias en un horno de leña encerrado. Nuestra invitada a la mesa fue una cerdita de mirada tierna y tremendas nalgas.
Fue sacrificada y llevada a la casa de la señora que prepara bajo pedido el tradicional plato.
Allí conocí a otras víctimas del hambre de los humanos: la escena de carnicería se torna espeluznante.
El 31 de diciembre antes de medianoche los comensales ya nos chupábamos los dedos satisfechos. Su sabor supera al de la lechona, plato más conocido e igualmente aceptado en el ámbito alimenticio.
Ahora en enero vuelvo al restaurante vegetariano. Hay una pizca de culpa y una buena porción de flexibilidad en mí ahora. Al asumir posiciones hay que tener el carácter de defenderlas a toda costa, sin irrespetar las de los demás. Hay que ir más allá del hecho de tomar la decisión. Y es difícil mantenerla en un mundo donde priman las mayorías; lo sé.
Así que con ese consuelo de libertad y buen gusto, seguiré siendo carnívoro y vegetariano.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Chao bigote
Sólo se necesitó paciencia para explicar una y otra vez el por qué del cambio a todo aquel que con una carcajada o un gesto de asco preguntaba ¿por qué te dejaste el bigote? Cada respuesta fue diferente y en algunos casos el victorioso “porque sí” era mi favorita. Hay cosas que no tienen o quieren explicación.
Creció, creció y creció. Era libre de hacerlo. Ese era su objetivo. Esa era su estrategia. Y cumplió su misión a cabalidad hasta el último momento. No lo corté para darle forma como muchos lo sugirieron, porque precisamente se hubiera convertido en un bigote normal, estándar, regular, ordinario: como el que tiene el chofer del taxi, el que vende el chance, el que atiende el carrito de perros calientes, el que usa el politiquero de turno o el funcionario público. Las siguientes fotos lo muestran en algunas de sus particulares facetas: casual, un poco despeinado, con su amiga la barba y tomando un baño.
Sentía nostalgia con cada tijeretazo después de su compañía por casi cuatro meses. Tantas risas. Tantos apodos. Tantas malascaras conocidas. Tantos silencios anónimos…
En Bigotes invité a las interesadas a probarlo. Nadie se postuló a la vacante. Pero supongo que habrán habido amantes que en secreto desearon cada vello mío en sus cuerpos. Si era el bigote la razón por la que no se presentaron, ahora, sin él, espero alguna aplique al cargo para darle o no la razón al filósofo Arthur Schopenhauer.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Novena
Así que la lectura de La Oración para todos los Días la escuché mucho después, una fría noche (bueno, en Pasto eso es una redundancia), cuando con unos amigos vimos que entraba a la iglesia del barrio una preciosa joven a cumplir con la cita navideña.
Era alta, delgada, crespa, perfil griego, unas pequitas en las mejillas y lucía la sudadera del colegio que le tallaba el redondo y firme trasero. A nuestros ojos resultaba hermosa, y más aún, al lado del par de amigas feas que la acompañaban.
Supongo que era 16 de diciembre, y hasta el 24 fuimos puntuales a misa de siete a la Novena, y no para rezar precisamente. La imagen de verla juiciosa, callada, atenta era un complemento de la escena principal: verla de rodillas y luego levantarse.
Estoy seguro de que lo hacía intencionalmente. Ninguna mujer en sus cinco sentidos y en público se pondría de pie en una posición casi de cuclillas, mostrándole al mundo que culo le sobraba a sus escasos 14 o 15 años. Mientras todos los feligreses estaban con los ojos cerrados, nosotros esperábamos el momento justo para abrirlos, y disfrutar de los movimientos de aquella prometedora estrella de cabaret.
Se levantaba despacio. Muy despacio. Sus rodillas apenas si querían desdoblar el ángulo que las sometía a estar por unos minutos en el piso. Su zona lumbar se hundía, formando un caballete entre su espalda y su cóccix. Ninguno de los nueve pantalones que se puso esos días logró con disimular el contorno de su dueña, que cual ninfa, lo único que buscaba era incitar al espectador devoto (fervoroso o esporádico) a contemplar todo el esplendor de una buena cola. Y esa mirada de falsa inocencia… contenía más deseo que la nuestra.
No le hablamos luego del 24 y al siguiente año ya no fue más a la novena. Por supuesto nosotros tampoco. Y ya en la calle verla no tenía mayor encanto: era una mujer bonita y punto. Lo atractivo en ella lo adornaba la época y su inclinación/levantamiento. Tanta sensualidad se volvía casi innecesaria morbosidad. Un plato navideño.
Amén.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
miércoles, 5 de diciembre de 2007
Qué encarte
Se lo advirtieron al Hombre Araña: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Por eso cualquier perverso plan debe considerar una fase B. Luego de vencer al héroe y a quienes pretendan derrocarlo, primero tendrá que curar las heridas del victorioso combate, para después suministrar las condiciones necesarias de sus serviles súbditos, atender las políticas de un caótico gobierno, evitar que su riqueza pierda el valor por el que tanto luchó, en destruir lo que quede en pie y cumplir con sus obligaciones maritales con la viuda del ídolo de turno. A no ser que el desquiciado y frenético amo del universo pretenda pasársela el resto de la eternidad solo. Y ahí es donde me pregunto, ¿para qué vivir así un sueño cumplido?

Qué aburrido un mundo sin un héroe que quiera desafiarme, que me exija, que me ponga a hacer algo más que bañarme en mis insatisfechas ansias. Incluso otro enemigo que luche por lo mismo, como Aliens y Depredador. ¿Qué estaría haciendo en estos momentos Smeagol si hubiera logrado quitarle el anillo de a Frodo? Administrando un enorme ejército de orcos que se eliminaría a todo aquel que se negara a adorarlo, para después disfrutar de… una tierra destruida, oscura y vacía. ¡Valiente gracia!
Cerebro no sabe el problema que tendría luego de conquistar al mundo mañana por la noche. Seguramente Pinky lo acompañaría en sus intenciones sin mayor ambición que reírse con él y de él. Pero El ratoncito cabezón tendrá que seguir ingeniándoselas para mantener su reinado, como la Iglesia Católica a lo largo del tiempo. Porque seguro habrá un gato bonachón que esté soñando el mismo sueño, irónicamente, para seguir durmiendo y soñando.miércoles, 28 de noviembre de 2007
Almohada
Cuna de mis sueños, micrófono de mis palabras, babero de mi boca, testigo de mis amores, compañía de mis lecturas, esponja de mi sudor y cenicero de mis lágrimas.
Bajita.
Mi perfil era su forma.
Adiós… después de muchas siestas, muchas ovejas, muchos ácaros y muchos desvelos.
Una nueva almohada para acabar con mi tortícolis la reemplazará.
Ahora la prueba es dormir de lado.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Encomienda
Al abrirla lo que primero salta es el olor del pan fresco que venden en Pasto. El pan que acompaña el café de la tarde en la casa para pasar el hambre, para pasar el frío, para compartir con quien esté en ese momento. Es un aroma dulzón, mantequilloso y suave que se escapa de la bolsa.
Otra bolsa contiene un queso campesino; aunque no es de hoja, igual bota algo de suero. Se lava y se guarda nuevamente para acompañar al delicioso pan en cada desayuno. Un sándwich sencillo y bien combinado.
Un tarro de maní salado. Lo prepara una amiga de la familia. Es maní del Perú: su grano es grande y su sabor concentrado y su color brillante. Un puñado no le basta a la boca, y si se combina con unas migajas de pimienta negra queda más rico.
Una bolsita tiene dulces de varios sabores. “Bananas”, como dicen aquí en Cali. Son las que me acompañan donde vaya y que suelo compartirlos con quienes me rodean, si pasan del obligatorio postre después del almuerzo.Y la torta. Huele a batea de madera de cuarenta y pico de años de existencia. A mantequilla hecha con la nata de la leche de las vacas de la finca. A limón rallado, a pedacitos de manzana caramelizada, a pasas borrachas de vino tinto tan gordas que no tienen arrugas. A libras de azúcar y harina amasadas con el toque secreto guardado en las manos de mamá.
El mejor regalo de cumpleaños de cada año. Gracias.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Y tú sin mí
vi gente correr,
y no estabas tú”.
- Armando Manzanero -
El lucero azul brilló.
El ave enamorada le dio un beso a su amor, ilusionada.
El otoño llegó.
El mar cantó.
Y yo sin ti.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Simplemente Lo
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta”.
Así es querido profesor Humbert Humbert. Aquí en Cali y lejos de Ramsdale encontré una pequeña locura similar a la suya, propia para otro crimen pasional. Estaba en la peluquería, aderezando aún más su cuerpo. Las circunstancias del hallazgo me causaron la misma impresión que relata usted ante el jurado, cuando dice que “una oleada azul se hinchó bajo mi corazón y vi sobre una esterilla, en un estanque de sol, semidesnuda, de rodillas, a mi amor de la Riviera que se volvió para espiarme por encima de sus gafas de sol”. Ojalá y los jueces consideraran estas sensaciones en nuestra defensa.
Su corta falda en blue jean se esforzaba por cubrir el primer tercio de sus muslos. Pero una vez que ella cruzó las piernas, estirarse no podía más, dejando al descubierto tanto como lo hacían sus blancos interiores desde sus delgadas caderas. Desde mi asiento, añoraba ser quien tomara cada uno de sus pequeños pies de huesos finos y dedos largos. Cada uña parecía tener encanto propio, y con algo de color cereza dejarían marcadas las huellas de sus tentadores pasos.
“Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”. Nabokov: ¡Con razón te censuraron y luego te agradecieron por la fantasía de tu obra y de la vida misma al lado de una Lo!
Para la señora manicurista era una clienta más: la hija única de la fastidiosa señora que al lado se teñía sus canas en color bronce, la típica Charlotte Haze. Pero para mí fue fácil reconocer “ciertas características misteriosas, la gracia letal, el evasivo, cambiante, anonadante, insidioso encanto mediante el cual la nínfula se distingue de esas contemporáneas suyas…”. Era innegable su poder, su dulzura.
Se levantó las gafas para leer una vieja revista de modas y entre página y página me regalaba una voraz mirada de niña mala. Era ella, esa nouvelle, “la misma niña: los mismos hombros frágiles y color de miel, la misma espalda esbelta, desnuda, sedosa, el mismo pelo castaño”.
Mi peluquero había terminado el corte, y sólo una leve sonrisa había intercambiado con ella. Tenía que hablarle, preguntarle cómo escapó del libro. Quería saber quién era realmente y si había en su vida un Clare Quilty. Acercándome a su puesto y con la certeza de adivinarlo le pregunté:
- “Disculpa… Te llamas… Tu nombre es… ¿Lo…? ¿Lolita…?”.

Mirándome en contrapicado con esos grandes y llorosos ojos color café, respondió con un mimado tono de voz…
- “Lolita, no… Lorena”.
“Mi corazón se ensanchó con tal fuerza que casi estalló en mi pecho… Lolita cayó en mis brazos, y la boca inocente de mi adorada palpitante se fundió bajo la feroz pasión de unas oscuras mandíbulas masculinas”.
Mi bella Lo.