miércoles, 9 de abril de 2008

Sí señora

Una nota para los seguidores de esta bitácora: este artículo sería paralelo a “¿Sí señor?”.

Cuando pequeño, en la casa no me enseñaron a responder “sí, señora”, a cualquier pregunta que una mujer me hiciera y que correspondiera a una respuesta afirmativa de mi parte. A mi mamá le decía “sí, mamá” por respeto, pero la lección no fue extendida a otras personas, ni siquiera a hombres.

El “sí, señora” se me pegó, a la brava, de una gigantona santandereana de 115Kg que me arrendó una pieza por unos meses en Chía, Cundinamarca. Por su temperamento fuerte, en más de una ocasión sus ojos se le salieron de los párpados cuando no le respondía como ella quería los primeros días de nuestra convivencia. “¡Sí, qué! ¡Sí, qué!”, refunfuñaba levantándome el mentón y esperando la respuesta completa: “Sí, no, no sé, señora”. “¡Mucho toche, usted!”, me decía después.

En ese tiempo la obligada respuesta se incluyó, por condicionamiento conductual, en mi léxico. Soy el ejemplo de que la letra (en este caso, los modales básicos) con sangre (en este caso, con forzosas repeticiones) entra (en este caso, se tallan en la lengua).

Esa fue la única lección de La Urbanidad de Carreño “enseñada” por Doña Martha (cuando me cambié a una cabaña en medio de La Sabana, me di cuenta de que se llamaba Bertha). Y me sirvió. Para muchas personas mayores, esta respuesta tipo es bien recibida como señal de buena educación.

El problema está en que la inercia de mi mente me ha hecho quedar mal en más de una ocasión, al responderle “sí, señora” a un señor, joven, niño, anciano… Una de las metidas de pata que recuerdo, fue cuando le respondí de esta manera a mi ex jefe de logística a través de la frecuencia abierta de radioteléfono de la empresa: las carcajadas de todos los radioescuchas, subalternos míos, no se hicieron esperar; igual me pasaba en reuniones de planeación de calidad: los asistentes reían por mi espontánea confusión de género (que el jefe siempre la tomó como una burla) hacia el macho-alfa dominante del grupo.

Y no falta la mujer, de cualquier edad, que añorando vivenciar las condiciones virginales de otras épocas (las fisiológicas propias y las socioculturales ajenas) se apuran a hacerme la bromista aclaración: “Señora no; señorita aún”. Y como a las mujeres hay que darles gusto, se les dice lo que quieren escuchar.

Disléxico, desconcentrado o traumatizado quizá, procuraré dar la respuesta correcta según corresponda al sujeto de mi interlocución. Me ahorraré molestias (machistas) en los hombres y engaños (añorados) en las mujeres.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Supervivencia

No tiene nombre de pila; llamémosla, Michu, femenino del nombre genérico Micho, con el que se bautiza a todo gato.

Ahora mismo Michu vive sola en la casa de una vecina nuestra en Pasto, Luchita. Luchita puso en venta dicha vivienda en diciembre, pero en la mudanza Michu se escabulló en los fríos techos de las otras casas para permanecer radicada en su primer hogar.

Con la paciencia del tremendo remordimiento de consciencia que siente un propietario por no poder llevarse consigo a su mascota, Luchita la siguió visitando todos los días como penitencia para llevarle agua y comida. Temerosa de ser agarrada y trasladada a cualquier parte (inclusive, un pequeño hueco, pensará), Michu ha sacado a flote la parte más ermitaña de todo felino en la lucha por la vida: ya no se deja acariciar ni siquiera de su propia ama. Obviamente su instinto le advierte del peligro y su rencor se lo recuerda.

Y pasó lo que tenía que pasar. Luchita finalmente vendió su casa hace pocos días, y los nuevos dueños no están interesados en mantener a un gato, a pesar de la facilidad que ello representa. Su ama ya no puede entrar a la casa para expiar su culpa, y Michu ha ampliado el horizonte de sus limitados recursos a los de mi casa.

Mi mamá la ha visto un par de veces en nuestra terraza, y con ganas de darle una probada a los canarios de mi hermana; qué hambre tendrá. En la casa se le ha puesto leche y pan para atender su voraz apetito pero Wanda, la perra que tenemos, no está muy de acuerdo que digamos.


La opción que se nos ocurre es llevarla a vivir a nuestra finca, con otros gatos y en un ambiente que, de pronto, le sentará mejor que los techos de la ciudad. El problema está en atraparla. Ojalá haciéndolo, sufra un poco menos de lo que hasta ahora puede estarlo haciendo. Será una opción, nada más. ¿La mejor? Qué difícil situación.

Maullidos para ti, gatita. Feroz.
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viernes, 21 de marzo de 2008

Parasceve

El Viernes Santo era el día de la Parasceve, preparación de la Pascua, cuando Jesucristo murió crucificado. En 1955 el papa Pío XII decretó cambiar su denominación por ‘Viernes de la Pasión y Muerte del Señor’. El Viernes Santo, viernes de la Semana Santa, es fiesta oficial en muchos países cristianos.


El Cristo Caído, una de las imágenes adoradas durante la Procesión Santa de ese día en La Unión, Valle.
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miércoles, 12 de marzo de 2008

Equivocado

[Tuuuuuuuth… Tuuuuuuuth… Tuukcth…]

¿Aló?

Sí, aló… ¿doña Lambda?

Sí, señor, diga…

Doña Lambda, buenos días, soy El Marqués de Carabás… Tal vez haya escuchado de mí a través de escritos como Y tú mí y ¡Cómo saberlo!...

No, no señor…

Bueno, la idea de mi llamada es precisamente para eso, para presentarme… no sé cómo decírselo, pero prefiero las cosas claras… soy el novio de su hija… … … Sé que es extraño… entiendo que…

¡Pero qué está diciendo!...

La verdad doña Lambda, nada nuevo… pensé que ya lo sabía… o lo sospechaba al menos… Tal vez ella me hizo pasar por su amigo o un conocido nada más… pero llevamos tiempo ya, y quería que usted estuviera enterada del asunto…

¿Cómo así?...

Creo que todavía no ha encontrado el momento oportuno para contarle de mí… así que tomé la iniciativa de llamarla y contarle sobre nuestra relación… Quiero a su hija, la valoro como amiga y la deseo como la mujer, muy bonita a propósito, que ella es… Mi interés es continuar adelan…

Pero señor…

Hemos sido amantes… secretos por lo que me doy cuenta… desde hace un tiempo. Nuestros encuentros han sido furtivos y muy buen… … digo… pues, ya es hora de que nos conozcamos… no sé, tal vez cuadrar una cena o un café con Beta…

¿Y quién es Beta?

…

¿Hablo con Doña Lambda Ny?

No señor… me llamo Lambda, pero Lambda Gamma… … está equivocado de teléfono, señor…

Uy… disculpe señora… gracias… Hasta lue…

[CLICK… … Tuh-Tuh-Tuh-Tuh… …]

…

…

Uhm…

[Twip, Twup, Twup, Twap, Twep, Twup, Twip… … Tuuuuuuuth… Tuukcth…]

Hola, Betica… Llamé al número que me diste para contarle lo nuestro a tu mamá… pero me dicen que estoy equivocado de teléfono… … … … ¿No sólo de teléfono?... ¿A qué te refieres?... ¿Beta?...

…

[CLICK…]

miércoles, 5 de marzo de 2008

Razones de ganancia...

Un “nuevo” concepto aprendido en el postgrado: “¿cuál es la ganancia de…?”.

Según el profe, el fundamento de la gestión de proyectos, la pregunta del parcial, la respuesta de la vida.

Considero que es una definición materialista, repudiable por favorecer el egoísmo individual y la envidia colectiva. Pero a la luz de la mínima lógica, el argumento se destaca como medio y fin último de la toma de decisiones humanamente razonables (claro, lejos de los casos que cobijen el dolor propio o ajeno).

Es simple la reflexión: qué gano yo haciendo, diciendo, callando y omitiendo cualquier cosa en la que me vea involucrado yo, o el grupo al que pertenezco. Cómo me favorezco, me aprovecho, me divierto, me alegro. Es la contestación al popular “CVY: Cómo Voy Yo…”.

El significado de “beneficio” se ha corrompido. Así, si yo “me beneficio”, es porque necesariamente “perjudiqué” a otros. Pero en el trasfondo el concepto es sano si lo vivimos de una manera políticamente correcta: si yo estoy bien, los demás estarán bien. ¿Es consecuente este principio? ¿Es transferible? ¿Es posible? Supongo que sí, que se puede compartir y expandir en aras del ejercicio exponencial de la filantropía, de la bondad, del amor.

Entonces… Si la otra persona me gusta físicamente, me atrae intelectualmente, me alborota emocionalmente, me calma espiritualmente… si con ella me siento bien, discuto razonablemente, río sinceramente, hablo tranquilamente… si procuro favorecerla, atenderla, quererla, coquetearle, seducirla, escucharla… si gano con ella amistad, apoyo, respeto, confianza, paciencia… y creo que la otra persona ganará lo mismo que yo… que nos despertaremos juntos para hacer nuevamente el amor, que le prepararé el desayuno, la llamaré al trabajo, preguntaré por su familia, cenaremos y soñaremos juntos otra noche más… ¡Por qué no me acepta como su pareja!

¿A acaso no todos deseamos ganar?
¿No todos lo mismo?
¿O lo mismo, pero con otra persona?
¿Otro momento?

Luego de estudiar Gestión de Proyectos debería estudiar Química… de la que, independientemente de la ganancia, une a las personas sin razón (!) y con corazón (?).

miércoles, 27 de febrero de 2008

Pudo ser

Creo que ese el consuelo de un viejo amor cuando, feliz, espera su primer bebé.

En el dolor de un rompimiento, sale un “te deseo lo mejor” de un magullado orgullo. Con ella, hace mucho tiempo, mi pretensión fue de corazón. No por eso únicamente, claro está, ella vive hoy un matrimonio que hasta ahora, según dice, le ha resultado de maravilla. Un varoncito planeado y deseado ajusta ya seis meses de gestación.

Bajita y con una barriga redonda como un roll-on, se ve preciosa. Mi instinto paterno quiso abrazarla y compartir con ella tanta ternura. Lo hice, y resultó algo incómodo y divertido.

Qué alegría encontrarla de nuevo. Hace años, cuando me dijo que se iba a casar, yo ya lo sabía: lo había soñado anticipadamente. Al verla embarazada en estos días, se confirmó mi último sueño.


Pudo ser…

[Suspiro…]

La vida sigue…

Y a Dios le pido que nuestros caminos estén llenos de salud, fe, risas y tranquilidad.

miércoles, 20 de febrero de 2008

¿Estoy (también) enduendado?

A mi hermano Juan Carlos también le pasó en Pasto. Y no ha podido responderse esta duda.

Algo lo asustó esa primera noche. Estaba dormido, todos en la casa estaban dormidos hasta cuando fueron despertados por los gritos de horror que arrojaba como única defensa contra… La segunda noche, no seguida, se pudo defender con puños y patadas que en vano fueron a dar contra la base de la cama y el nochero de su lado, pero no a su objetivo…

Mi abuelita, a sus ochenta y tantos años, lo diagnosticó: “está enduendado, mijito”. A pesar de su rostro alegre, había seriedad en sus palabras, permitidas únicamente con el respeto que el tiempo y la experiencia lo permiten. Todos reímos ese día, pero…

Eran las 11:05pm del pasado sábado cuando me confabulé con la almohada. Y a las 12:13am lo enfrenté… No lo esperaba aquí en Cali. Me quité la recién tibia sábana y en un santiamén me senté en el filo de mi cama. Oscuro todo, en silencio todo, supongo que mis párpados, no mis ojos, atinaron a buscar su sombra (supongo que un espectro produce sombra sin necesidad de luz) en el frío piso nocturno.


Una vez, otra vez, mi pierna intentaba darle su patadón. En la tercera ocasión creí hacerlo, pero sólo le di a mi sandalia derecha que me esperaba hasta el amanecer. Le pegué duro, de refilón, con la planta desnuda del pie. Qué dolor tan…

Otra noche será. Quizás el sueño me lo permita.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Los médicos también se mueren


[…]

El refrán original se queda corto al mostrar el inevitable destino de los seres vivos. El único referente que tenía de este hecho era el fallecimiento de mi papá, el más importante médico cirujano de Pasto, hace 22 años. Por eso, mi versión del dicho popular va más allá de la paradoja que representa el sólo enfermarse.

[Siete…]

Y hoy lo he vuelto a validar, al enterarme de que el doctor que me atendía a partir del sistema ayurveda desde hace más de cuatro años falleció el pasado diciembre. Joven, sensato, dedicado, optimista, dos pequeñas hijas, un bonito matrimonio y un negocio de medicina alternativa creciente. Un infarto fulminante le impidió seguir contando años. De nada sirve la medicina tradicional o la bioenergética: La Parca es efectiva.

[Seis…]

Saludos, Efrén. Y mi sentido pésame para tu familia.

[Cinco…]

Lo que me confronta es ver cuán fácil resulta morirse. Un día cualquiera uno deja de respirar, de existir. Y punto. Final.

[Cuatro…]

¿Qué hemos hecho y qué sentido tuvo nuestra vida hasta ese momento? Cada quien verá cómo se las haya con esta única oportunidad que tenemos.

[Tres…]

¿Qué pensarán, dirán, sentirán los que nos rodean cuando ya no estemos para compartir tales pareceres? Será tarde para dar consejos, escuchar verdades y expresar amores.

[Dos…]

¿Qué legado dejaremos cuando ya no podamos seguir con el castillo de naipes que veníamos construyendo? Se quedará en el recuerdo de quienes quieran guardarlo por un tiempo indefinido.

[Uno…]

¿Cómo morirme? Compraré flores…

[…]



miércoles, 6 de febrero de 2008

“¿Y después de la marcha qué?”

Con este mensaje El Clavo participó en Cali el pasado 4 de febrero, cumpliendo con el primero de los dos puntos fundamentales de la Revista: Reflexionar/Reír.

Y se cumplió. Muchos de los marchantes y espectadores de la marcha se codeaban (extrañados) por voltear a mirar la pancarta. Supongo que les parecía obvia la respuesta… que no me atrevo a suponerla.

Ahora, a dos días del evento, de eso es lo único que se habla en todos los medios.

Literalmente, dimos en El Clavo, una alternativa políticamente correcta en el sentido pleno de su significado, una propuesta sencilla y clara de construcción para los jóvenes del país.

¿Mi respuesta a esta inquietud? En una sola imagen.

Al equipo de El Clavo, mil gracias, y a toda forma de terrorismo, otra imagen:

miércoles, 30 de enero de 2008

Riesgo calculado... a posteriori

Dejé las llaves pegadas a la chapa por dentro, y comprobé que por fuera no se puede abrir, así se tenga una copia adicional. Claro, “fue sin querer queriendo”.

¡Increíble conclusión!

¡Terrible descuido!

¿Cómo entrar, entonces?

La solución del cerrajero era taladrar, pero no garantizaba que diera resultado por ser una chapa de seguridad. La solución de mi desespero era llamar a los bomberos; mi imaginación se sentía obesa de tantas caricaturas. La solución del portero era pasarme por el balcón de al lado.

Detalles a considerar: los cimientos de la baranda no se veían muy confiables. Tenía que esquivar el salido tubo del asta de la bandera que nunca izamos. Y vivo en un cuarto piso, a unos 11 metros del sólido cemento.

El vecinito de unos 9 años se ofreció a pasarse; no le insistí a la hermana mayor en que “me lo prestara” para el favor. El jardinero, de unos 25 años, me decía que si fuera en un segundo piso con gusto se pasaba.

Pensé en que la solución estaba en la velocidad de un salto, pero recurrí al plan lento, pues por el afán ya había olvidado las llaves adentro. Me sujetaría de la pared divisoria y apoyaría mis pies en las respectivas barandas con un movimiento calculado.


Y así lo hicimos. El jardinero me agarró de las pretinas del pantalón y logré dar los pasos con firmeza hasta mi apartamento. Luego, el corazón se me veía por encima de la camisa y los colores de mi rostro parecían que se habían recompuesto en luz blanca. Y pensar que Mora lo hace frecuentemente.

¿Qué hubiera ocurrido si las cosas salían de otra manera? ¿Se imaginan cargar en la consciencia con el estado de coma del vecinito? ¿Qué tal ver la paraplejia del jardinero postrado en una silla de ruedas? ¿Qué tal que mi alma tome anticipadamente el camino evolutivo de la siesta eterna?

No vale la pena apostar la vida de buena gana, pues suficiente tenemos con las apuestas viciadas que otros tienen sobre nosotros sin ningún derecho.

Era más económico dañar la puerta de cedro canadiense que verme muerto, sin llegar a ser cuestión de sopesar exageradamente la tacañería y el respeto por la vida (propia y ajena). En Desde Arriba mencioné unas líneas que escribí luego de volar en parapente, y que nuevamente me llevan al mismo punto: ¿cómo vivir sin arriesgar? ¿Cómo arriesgar sin morir? ¿Cómo morir sin vivir?

¡Ah, preguntas!

¡Ah, respuestas!

Riamos y tengamos fe, de y en, cualquier cosa. Con eso basta hasta cuando nos toque por cualquier (V/v)oluntad.

miércoles, 23 de enero de 2008

"Me importa un pito"

Supongo que eso fue lo que pensó la novia de Óscar Julián Ruiz, árbitro FIFA colombiano, al terminar abruptamente la relación.

En una entrevista en Caracol Radio, Ruiz contó que era soltero. “A su edad ya debía haberse casado”, insinuó Hernán Peláez, a lo que respondió que en una ocasión casi lo hace. Tuvo que viajar por un mes al Mundial de Fútbol, y se animó a comprar las argollas para, a su regreso, pedirle matrimonio a su amada.

Al llegar, su prometida lo había traicionado con otro y la relación se acabó.

Óscar Julián mencionó uno de esos dichos cargados de la verdad de la experiencia y el divertido sarcasmo del dolor. Raya en el machismo, pero vale la pena traerlo a colación, no sin antes invitar a las mujeres a replicar.

El árbitro dijo: “Es que hay algunas mujeres que son como las tejas de zinc…”.
“¿Cómo así?”, preguntó Peláez.
“Si uno no las clava duro, se vuelan”.

miércoles, 16 de enero de 2008

Hipótesis

Si el Presidente lanzó una hipótesis (que resultó cierta), yo también lo puedo hacer.

El lunes 7 de enero en la noche y en una propaganda que duró cinco segundos, la televisión anunció una plancha a $29.900. Más o menos decía “Mañana, únicamente en Carrefour…”. La necesidad de comprar una plancha nueva me llevó a aprovechar la promoción del día. Fui el martes a Carrefour Cali Chipichape por ella.


Esperando a pagar en una de las largas filas, empecé a leer lo que la caja decía. Debajo de la caja, en letra pequeña y en inglés, francés y español estaba la siguiente precaución: “El cable de alimentación de este producto contiene plomo, un químico conocido en el estado de California como responsable de ocasionar ciertos defectos congénitos y otros daños reproductivos. Por favor lávese las manos después de manejar el cable”.

Sorprendido, me regresé a la sección de planchas a leer lo que decían otras planchas: ninguna decía nada, ni de la misma ni de otras marcas. Busqué otros productos, como ollas arroceras y hornos tostadores y nada: ninguno tenía la advertencia.

Busqué a uno de los vendedores para que me explicara por qué esa plancha, precisamente con esa advertencia, estaba en descuento.

Ante un “No sabría decirle, señor”, fui a Atención al Cliente. Frente a la misma respuesta, solicité llamar al supervisor o jefe de compras. A los diez minutos llegó Adriana, una muchacha amable de mirada franca que me respondió de igual forma.

“¿Usted la compraría, señorita?”, le pregunté.

“No sé… no creo…”, dijo.

“¿Por qué la venden, entonces?”.

Me pidió que esperara por una razón de su jefe inmediato (que no se presentó), y al rato la explicación que me dio, fue que ese tipo de promociones eran negocios entre Carrefour y sus proveedores (en este caso Black & Decker) a nivel nacional, y que la precaución del plomo no tenía nada que ver con el descuento.

“Pero no se preocupe… igual eso es para los que viven allá en California…”. No hay palabras para semejante estupidez.

La compré (Factura 310200…), ya no por el precio, sino por el deseo de presentar esta denuncia, cargada, no de malicia (ni siquiera indígena) sino de curiosidad y asombro. Está en uno quedarse o no callado por los atropellos que contra uno o los demás cometan. Limpiaré el cable inicialmente y luego lo forraré con cinta aislante antes de ponerla en uso. Y claro, hacerle la advertencia a la empleada de que lo manipule lo menos posible, y se lave las manos en cuanto se “desacalore” (como ella dice).



“¡Por lo menos se lo advierten!”, me dijo el primer vendedor. Y tenía razón. Es un consuelo de tontos, pero hay bastante franqueza en su premisa. Supongo que Black & Decker piensa igual al “informarlo”, así sea debajo de las cajas de los productos que luego vende masivamente a través de grandes superficies. Busqué en Internet la referencia de mi plancha (F930), y la venden en Amazon.com sin mencionar (obviamente) lo del plomo.

¿Qué otras empresas callarán lo que saben de sus productos?

Esta es mi hipótesis que no será silenciada.