Cuestión de sensibilidad: medios y fines.
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No debéis afligiros, mi señor. No tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis...
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1. El agua moja.
2. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.
3. A las mujeres les gustan los hombres competitivos, agresivos, fuertes, imponentes, realistas, compulsivos, autoritarios, poderosos, sexuales, proteccionistas, insaciables, instintivos y que sean machos alfa proveedores de la manada. Los hombres tiernos, amables, amigables, metódicos, prudentes, suaves, bondadosos, sencillos, pasivos, tranquilos, generosos, idealistas, emotivos, sensuales y cariñosos no les son suficientes a su gusto. Y lo disimulan muy bien al buscar el equilibrio.
Luego, un aparato que sonó como grillo durante unos 15 minutos, mandó señales electromagnéticas para alinear las energías corporales que fluyen interna y externamente. Aunque se supone que yo estaba en línea a través de las delgadas antenas trasmisoras, no sentí ningún corrientazo.
Las sentí cuando me las quitó. Tal vez porque ya era consciente de lo que iba a pasar. Sugestión real. Cuando me levanté me sentí mareado; luego, relajado; luego, tranquilo.
Ahora, sólo es cuestión de creer.
Era uno de esos días en los que tomamos más tiempo para bañarnos que el de la cotidianidad de la semana, en los que queremos vernos más que bien desde la mismísima piel, cuando consentimos nuestra belleza para nosotros y no para otros.
El sol apenas empezaba a espantar las nubes después de tremendo aguacero. Salí de la casa a cumplir con mi cita, “muy tieso y muy majo” con crema en los brazos, loción en el cuerpo, ropa recién planchada, zapatos bien atados y gel en el cabello.
Caminaba despacio, meditabundo por cualquier cosa que pasara por mi mente, distraído simplemente por vivir. Llegando al punto de encuentro, repentinamente, un fuerte y seco ruido a dos tiempos alertó mis sentidos, y en menos de un segundo lo único que vi fue la cresta de una ola de agua barrosa a mi derecha.
¡Splash!
El ruido fue causado por el trancazo, recalco: ¡porrazo!, de un carro con su llanta delantera, primero, y enseguida de la trasera, contra un hueco de unos 50 centímetros de ancho, 80 de largo e, increíblemente, unos casi 30 de profundidad.
Si el veloz conductor cayó en la tentación que sentimos por salpicar a alguien cuando llueve, los rines de su carro se lo reclamarán en la próxima alineación y balanceo. Y si lo hizo sin mayor malicia y sin considerar la magnitud del hueco, pues aprenderá a esquivar en nuestras calles la próxima vez hasta un salivazo.
Mis gafas evitaron que me entrara directamente agua sucia a los ojos, pero no fueron suficientes para que ésta me escurriera por los párpados, el rostro y la boca seguidamente, impidiendo que hubiera salido insulto alguno al conductor que ya iba lejos para ese momento. Todo mi lado derecho, de pies a cabeza, quedó con barro, con agua, con hojas: sorprendentemente la mancha era simétrica, me parecía a uno de los enemigos de Batman, el Dos-Caras.
Luego de secarme la cara, limpiar las gafas y ya sobre la hora, continué hacia mi cita.
Sólo restaba reír.
“Shit happens”.
Las parejas tendrían que sembrar 10 árboles antes de contraer un matrimonio civil. La norma está a punto de ser discutida en el parlamento de Brasil y obligaría a sembrar 25 árboles antes de divorciarse, 20 antes de comprar un vehículo liviano, 10 árboles por unidad de vivienda residencial, 20 por cada predio comercial y quizás uno por cada hijo que nazca.
La diferencia es abismal: de un pincel y un lápiz a una brocha y un rodillo. Pero la esencia era la misma: crear. Seguiré maravillándome con la raya de un lapicero. Y de ahí para allá, lo que venga. ¡Es que es mágico!: antes no hay nada, y luego un trazo aparece. ¡¿Cómo?! ¿Qué más “sale”?
Compré sólo un cuarto de galón de pintura para el ensayo. La bandeja para empapar el rodillo y el palito mezclador también eran nuevos, y la cinta de enmascarar y un periódico viejo sirvieron para cubrir el piso. Luego, a leer las instrucciones del tarro, porque ni idea de cómo mezclar y aplicar su contenido.
Había que limpiar el polvo de la superficie, así que por ahí empecé. Al ojo, calculé el 25% de agua que se necesitaba agregarle al poco de pintura que vacié para revolver. No sé si quedó aguada o espesa. No tenía a quién preguntarle: todo su delicioso olor era para mí solito.
Pero después de la primera mancha no había reversa. ¡Ya qué!: luego de untarme ambas manos y rellenar mis uñas con pintura, podía continuar hasta el codo. Y sí que lo hice: hasta un mechón de cabello quedó manchado al pintar el filo del guarda escoba.
Le pasé el rodillo hasta agotar el contenido de la bandeja. Salía empapado, y luego de rodar de arriba a abajo y de izquierda a derecha, volvía más liviano de lo que se levantaba. La pared, el ángulo con la columna, el pedazo de cielo raso correspondiente y el rededor del tomacorriente, quedaron del mismo y parejo color. Los retoques, con la brocha.
¿Color de la pintura? Blanco. Algo aburrido para comenzar, pero luego vendrán los demás colores.
¿Dar o no dar?
Nota 1. Un ex jefe, lo suficientemente miserable como para ser multimillonario, decía que él no daba limosna porque hacía sus propias obras de caridad por otro lado. ¿En qué? Nunca supe, pero lo decía con tranquilidad; supongo que era cierto. Un instituto que administre el dinero es una buena opción y un voto de confianza.
En la casa:
* El hijo del vecino vende rifas a $1.000 (por un premio de $100.000).
* Señoras con altoparlantes piden ropa usada (un sábado a las diez de la noche).
* Los celadores del edificio ponen una caja de cartón para el aguinaldo (en diciembre).
* Los bulliciosos “diablitos” adelantan la tradición caleña (desde octubre).
Nota 2. Hace un tiempo publiqué “VII y VIII mandamientos” donde mostraba cómo “cuando uno da la mano se cogen del codo” en una cotidiana escena de bus. La gente abusa de la papaya-ponida de los crédulos. Ya los choferes no están dejando subir “a trabajar” a todo el que se lo pide por detrás.
En el bus:
* Un joven con fórmula médica en mano vende bom-bom-bunes (1 en $400, 3 en $1000).
* Drogadicto rehabilitado ofrece el combo lápiz-lapicero (de –china calidad).
* Viejo con guitarra en mano (desafinada y desatinada, respectivamente) canta boleros.
* Cuatro músicos tocan vallenatos (y regalan tarjetas de presentación) a todo pulmón.
Nota 3. En la clase de Valoración Tecnológica no comprendo, aún, cuánto puede costar una idea cualquiera. Tampoco entiendo cómo se valoriza una obra de arte cualquiera. Toca regirse al mercado SEM: Según El Marrano. Eso sí, nada es gratis en la vida, porque todo tiene su valor.
En el carro:
* Madre soltera menor de edad vende cajas de Chiclets (o Súper-Coco’s).
* Una muñeca de trapo tetona y culona (igual a las mujeres siliconudas) baila en muting con un tipo.
* Malabarista (a veces en monociclo) juega con machetes, naranjas o antorchas.
* Grupo de cuatro negros (afrodescendientes: está de moda) simultáneamente limpian parabrisas, vidrio trasero y farolas.
Nota 4. Se considera que el estado actual de nuestros cuerpos y almas, en su ser, estar y tener, es consecuencia de karmas de vidas pasadas. Es cuestión de pagarlo y no deber cuentas. Si casi no me alcanza para el mío, ¿por qué los demás no lo fían con otros?
En la calle:
* Anciana arrastra un costal con su ropa (sólo estira la arrugada mano y los ojos opacos).
* Ciego (con lazarillo) tantea la posibilidad de una exitosa operación.
* Gamín (con heridas purulentas) dice que tiene mucha hambre.
* Hombre (con un marcadísimo defecto físico) implora para calmar su dolor y olvido social.
¿Les doy o no les doy? ¿Por compasión, obligación, seguridad o gusto?
Las nuevas propagandas radiales de Deprisa promocionan sus diferentes servicios de transporte de carga y mensajería con una publicidad interesante:
No es lo mismo carro que tarro, tono que bono, lino que pino, o traste que sastre. No es lo mismo historia sin fin, que un gran puerco espín, loco que poco, Raimundo que inmundo, o las doce y tantico, que las doce en puntico.
Prometer que cumplir, juzgar que argumentar, suponer que afirmar, creer que probar. Esta idea (también convertida en canción por Alejandro Sanz) sirve para revisar dos conceptos en particular, ‘entender’ y ‘aceptar’, que la sociedad ha confundido como similares.
Un ejemplo: “Es que tú no me entiendes”. Sirve para justificar que todo acto de capricho, malparidez o silencio es válido para la persona, a pesar de no tener una sensata explicación ante la pareja. No creo que exista una razón válida más complicada que una ecuación matemática o un concepto antropológico que no pueda entenderse hablando. Su tergiversado equivalente entre líneas es “tú no me aceptas”, y es ahí cuando las fronteras significativas desaparecen, y su equivocado sinónimo toma posición sobre el tema con el fin de expresar el descontento que ocurre al no aceptar, absolutamente, la perspectiva del otro. Es cuestión de negociar y ser conscientes de que no todos podemos aceptar todo lo de la pareja, por más que la queramos. Así que en vez de subestimar la inteligencia de la otra persona y hacer melodramas, es mejor comunicarse para llegar a un acuerdo: el que entendamos no significa que otorguemos razones porque sí.
No es lo mismo farándula publicitaria que cura contra la malaria. Ni leones que balones, ni vámonos de rumba que durmamos en la tumba. Karina que harina, Helena que melena, Marcela que parcela, Paula que aula. O las nueve y pucho que las nueve en punto.
No se parece el día que me quieras, a no me tires piedras. Ni tampoco campamento a pegamento, o cemento a firmamento. Banda de rock a un poco de arroz, Indonesia a india necia, Malasia a falacia, ni ya casi voy, a hoy.
Estos significados inventados por conveniencia o ignorancia hacen parte ya del lenguaje cotidiano. Sin embargo, no pueden ser válidos en su forma por el mero hecho de existir, y menos en su esencia, porque para eso existe el buen uso de las palabras; y más que las palabras, la sensatez de quienes las pronuncian. Por eso me gusta la nueva publicidad de Deprisa (ya si cumplen o no su promesa es otro tema).
Es lo mismo, pero diferente. ¿”Entienden”?
A quien corresponda:
Por medio de la presente quiero expresar pensamientos y sentimientos que surgen desde los diferentes pupitres donde mi tiempo se ha sentado con la razón, para ser partícipe activo del proceso enseñanza – aprendizaje que sólo terminará el día en que mi misión cambie con la muerte.Retroalimentar las situaciones en las que entramos en conflicto cuando uno de los dos no reconoce el valor del otro, es una necesidad fundamental para el mejoramiento continuo de nuestra existencia, pues ¿de qué sirve el proceso si no fortalecemos sus debilidades?.Organizar su plan de trabajo no significa tener que cumplir con un programa rígidamente predeterminado, con la inútil intención de calificar mi desarrollo intelectual en escalas numéricas; el proceso debe ser flexible pues ya es hora de que la solemnidad de su título como profesor se transforme.Fomentar la creatividad en la búsqueda de soluciones factibles ante problemas tanto de su materia como de la vida misma, es uno de los diversos espacios que deben crearse en su clase como una herramienta motivadora de cultura, diálogo, discusión y respeto por el otro.Estoy convencido de que su función no es sólo transmitir información veraz sino también despertar en nuestra mente criterios racionales y emocionales, que sirvan como parámetros para gozar nuestra libertad intelectual con una responsabilidad personal y social a través de nuestra profesión.Ser congruentes en la teoría y práctica conlleva a cumplir mis expectativas de la temática, que en el tablero y con tiza, pretende trascender en mi vida más allá de las puertas del aula de cualquier institución educativa.Otros canales de comunicación entre los dos deberían establecerse para que el buen trato sea un elemento constructivo de nuestra relación interpersonal, pues qué bueno es saber que la mutua asertividad brinda la atención y la percepción de nuestra realidad.Recuerde que en nuestra memoria perdurarán tanto sus enseñanzas, aprehendidas por nosotros, como su ejemplo motivador de ser cada día mejores; y sobre todo la tranquilidad de saber que fuimos, somos y seremos compañeros y amigos de un mismo salón.
Atentamente,YoPosdata: Gracias por compartir lo que desconocemos hasta que nos conocemos y acepte mis disculpas por los momentos en que su paciencia sobrepasa los límites de su vocación.
Todo esto para tratar de entender mi desarrollo de carrera desde la perspectiva de la evolución del hombre: soy un nómada laboral. Una vez más, para sorpresa o indiferencia de mis vecinos agricultores sedentarios que han echado raíces en suelo ajeno, me alejo con tristeza y por obligación, de mi trabajo. Las condiciones de la tierra cambiaron por fuerza mayor, y es necesaria mi partida a tierras más fértiles por buscar. Gracias a Dios por lo recolectado: volveré cuando el suelo esté verde de nuevo.
Cambio, eso también somos. Arriesguémonos y viajemos.