miércoles, 20 de enero de 2010

"Se hace querer"

Con una excusa así cualquiera es bienvenido. Y Melón la justifica totalmente.

El nombre fue seleccionado en contraposición al de Mora: mientras ella es chiquita (tiene un atlético cuerpo felino) y ácida (el carácter de un gato montés), Melón es redondo (es un puerquito de largo pelo blanco) y dulce (el más delicioso peluche que hayan abrazado).

En la foto, una de esas macitas blancas es Melón, tomando leche de las tetas de su mamá, Sacha.


Su llegada a la casa fue traumática. La reina, ama y dueña del apartamento le dejó claro desde el primer momento quién era la que mandaba allí. Mentándole la madre con una seguidilla de iracundos fus, aguzó al invasor a respetarla a ella y a su territorio.

Una semana después, todavía le grita que no se suba a su plato de comida, o que al comedor sólo se sube ella cuando hay pandebono de desayuno, o que no debe atravesarse en su camino a menos de 20 centímetros. ¡Qué gata tan jodida!

Sin embargo, Melón hace caso omiso de tantos insultos y regaños, y como niño que es (apenas tiene siete meses) disfruta de los espacios y de sus amos a todo dar. Su combinación de inocencia y curiosidad es única, y así se la pasa siguiendo hasta la sombra de un zancudo o embelesándose con los movimientos huidizos de los peces en el acuario, con todos los sentidos y el gusto puesto en ello, para luego irse a picar un poco de comida y echarse una buena siesta. Si en un capítulo de Los Simpsons, Springfield entero decide seguir el comportamiento natural y gozoso de Bart con la consigna "ser como el niño", yo en vez gritaría "ser como el gato".

Melón durante y después de su baño.


A Mora le expliqué que esas cosas pasan, que nadie es indispensable en la vida, que siempre habrá alguien esperando a quitarle el puesto a uno, que cuando uno menos se lo espera lo reemplazan de tajo, que "el amor es así y siempre será" como dice la canción.

Pero su dignidad felina es inmutable: cuando ve a ese almohadón de pelos dejarse acariciar por sus amos (A Mora no le gusta que la toquen, que la despeinen, que la ensucien, que la molesten), está pensando en lo bueno que es ser gato, una gata feroz que se deja amar a su manera y no a costa de apapuches consentidos y palabras melindrosas. Estoy seguro de que ella lo considera un pinche perro, de esos falderos que sólo sirven para decorar la casa y cagar la de los vecinos.

Escuché a Patricia, la señora que nos colabora con el aseo, decirle a la gata con tono de lástima: "Uy, Mora... la bajaron del papayo de una...". Y ella le respondió con unos cuantos golpetazos de su cola, que eso está por verse.

A punta de ronroneos, juegos, caricias, maullidos, rasguños, pelos, bigotes y un montón de carisma, Melón se hace querer. Pero, así como con las mujeres, eso no es suficiente para ganarse un buen corazón. ¿Qué más se requiere? ¿Que uno se vuelva un perro? ¡Faltaba más!

¡Fuuuuu!

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miércoles, 13 de enero de 2010

Saber o no saber

No tengo Facebook...

Más que una posición retrógada, ha sido una decisión cautelosa para invertir en esta bitácora semanal el tiempo que gastaría en chismosear a los demás.

He conocido personas que tenían el mismo dilema y cayeron en la tentación finalmente: es que es la 'materialización virtual' (?) del viejo y conocido refrán: a donde va Vicente, va la gente. Y también he leído y sabido de quienes han cerrado sus cuentas porque se dieron cuenta a tiempo del desgaste mental y emocional que puede llegar a representar.

¿Para qué me sirve conocer a la mujer de un tipo del colegio que hace 15 años no veo? ¿Qué hago al saber que una vieja que creía desaparecida estuvo con el novio en algún lugar del planeta?

Simplemente no me interesa: todos los recuerdos buenos o malos que pueda traer al presente no ameritan ser actualizados cada tanto para refrescar el pasado. Ya pasó. Suficiente nostalgia puedo sentir con que el día de hoy se está acabando.

Sin embargo e irónicamente, con una dimensión equivalente de un módulo en la misma dirección pero en sentido contrario a esta situación (como vectores opuestos en un plano... qué ñoño...), considero que las personas que han sido verdaderamente significativas en la vida familiar, laboral, académica, amistosa, sexual o sentimental de uno deben guardarse en una neurona que con otras sucesivas se encarguen de mantener presente su valiosa existencia. No con el morbo de averiguar el detalle de su intimidad, sino con el gusto de volver a sonreír o llorar (¡por qué no!), con una grata remembranza.

¿Por qué al terminar una relación debo desaparecer a la otra persona? ¿Acaso le debo plata? ¿Me está buscando para encarcelarme? ¿A qué le temo? ¿Por qué me duele la felicidad o me alegra la desgracia de ella o de él? ¿No es eso envidia o infamia? ¿Cuánto mal puede hacerme volver a verla, así sea con otra pareja o con un bebé en sus brazos o un anillo en su mano? Para sentirnos vivos hay que seguir el consejo de la propaganda de Coca-Cola de vez en cuando: "ejecita tu salud emocional".

Si la dicha que compartimos a pesar de las adversidades fue verdadera, durará una eternidad. Y eso valdrá la pena cuando una voz o una mirada nos diga cuán agradable es volver a saludarnos o encontrarnos.

Saber o no saber: esa es la cuestión.

Si abro mi cuenta en Facebook será únicamente para expandir el spam, digo, los escritos de El Marqués.

Si vuelvo a encontrarte será únicamente para saber que te sigo amando en formas mil a través del tiempo.


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miércoles, 6 de enero de 2010

Contaminación carnavalesca



A partir de 2010, el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto fue nombrado por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial y Oral de la Humanidad. Un orgullo más por mi tierra natal: ¡felicitaciones!

Pero...

¿Qué hay de la contaminación sobre el entorno? Cuánta basura generan los envases plásticos y metálicos de los cosméticos, la carioca o espuma y el talco con que se juega esos días. El servicio de aseo público cumple con su trabajo y los recicladores informales hacen su agosto en enero, pero ¿es eso suficiente? ¿Qué ocurre con todo ese material?

¿Y el polvo en el ambiente? Las plantas y los árboles quedan cubiertos totalmente por la senda del desfile y los parques de conciertos y fiestas hasta que San Pedro suelta la llave del cielo para hacer llover. Mientras tanto, con cada ventarrón, los pastusos respiran un aire blanco pero sucio, que causa más de una alergia en los ojos o irritaciones en las vías respiratorias durante los días siguientes al Carnaval.

¿Y qué hay de la cantidad de agua y energía que se necesita para bañarse todos esos polvos (...) y lavar los blancos pisos durante todos estos días? El consumo llega a ser excesivo a todo nivel.


Estas fotos fueron tomadas la noche del 6 de enero, día del desfile de carrozas y comparsas. Los puntos blancos son partículas de polvo que viajan y caen hasta donde el viento se los permite. La siguiente fotografía, fue tomada al otro día, sobre uno de los vidrios de marquesina de la casa. Increíble.


¿Habrá considerado eso la UNESCO? ¿Importará eso? ¿Habrá algún aguafiestas más que se ocupe (y no sólo se preocupe, como yo) del tema? ¿Cuánto afectaría tal nominación si se tomaran cartas en el asunto ambiental?

"¡Qué viva Pasto, carajo!" Pero para que siga viviendo, esta situación no puede ser un cuento pastuso, pues al futuro del Planeta no le hace mucha gracia. ¿O sí?


Más sobre Pasto y su Carnaval en Carioca (2009), Wild On Pasto (2008) y Talco (2007).


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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Nueva década

"¿Qué quiero hacer realmente de mi vida?". Una vez encontrada la respuesta, siempre hay tiempo de pensar en su realización. Pero, ¿no es trágico obviar la pregunta?.
En En Defensa de la Felicidad, de Matthieu Ricard.


¡Cuánto hace! Poco, mirando hacia atrás.

Hace diez años nos asustamos con el Y2K (la tecnología nos devolvería a la edad de piedra) y la segunda venida de Jesucristo a la tierra (los dedos levantados de su mano derecha decían "I'll be back" en dos milenios) cuando el calendario indicó el año 2000. Para la mayoría, por fortuna, nada pasó. Otros se quedaron esperando.

Esa vez el cambio de año significó un nuevo milenio. Ahora, 2009 finaliza una década y creo que sí amerita preguntarse qué ha cambiado en estos diez años de cada una de nuestras vidas. Vale la pena echar un vistazo para contemplar lo que somos, por encima de lo que tengamos. Cada quién sabrá qué hay en su interior.

Para este 2010, los propósitos deben estar pensados no sólo para sus 12 meses, sino para los 10 años que seguramente se pasarán igual de rápidos que los 10 anteriores. Y más si se prefiere.

En esta ocasión, no se trata simplemente de un "feliz año" como los otros "felices años" que hemos deseado. Hay que comenzar a levantar nuestra mirada a un futuro de más largo plazo, donde veamos algo más que unos kilos menos en nuestros cuerpos con la dieta de la vecina. Es que hasta suena de película de ciencia ficción: "Es el año 2010... a pesar de su inteligente ignorancia, los humanos aún habitan el planeta Tierra...".


Con la mejor de las intenciones, me regalaron un ramillete de espigas de trigo como símbolo de la abundancia y la prosperidad en todas mis acciones. Aprovechando este cambio de década, haré uso de la mejor de sus energías (agüero, fe, efecto placebo, esperanza de vivir) para que ello ocurra, sumándole de mi parte, claro, disciplina y fortaleza. Los cosas no pasan por generación espontánea, como llegó a creerse en las teorías evolucionistas del mundo. Necesitan paciencia, decisión e inteligencia.

Uno de los adornos navideños en Pasto, frente a la Iglesia de Santiago, fue un sembrado de trigo. Al fondo, el Volcán Galeras al atardecer. Creo que con esta foto, la prosperidad nos llegará a todos.


¿Un deseo de año nuevo? Uhm... el de siempre supongo...

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Regalo esperado

¿Qué pasaría si el Niño Dios, la Divina Trinidad, los Reyes Magos, Papá Noel, el Solsticio de Invierno, nuestros papás y mamás, los que sean, nos trajeran los regalos materiales o espirituales que queremos cada Navidad nos portemos bien o mal?

¿Qué anhelo nos queda para el próximo diciembre, si con seguridad nos van a dar todo lo que pedimos, lo merezcamos o no?


Tal vez por eso las lucecitas de la decoración navideña se encienden y se apagan para recordarnos que sólo tenemos la esperanza vana de recibir lo que queremos y, algunos, el gusto de recibir lo que necesitamos. Y muchos, pero muchos, nada.

Curiosa esa situación, ¿no?

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Amigo secreto

Si le escribimos al Niño Dios lo que queremos que nos traiga, ¿por qué no le decimos a nuestro amigo secreto lo que queremos que nos regale?

El amigo secreto es el aguinaldo más conocido y más practicado para estas fechas navideñas, aunque también se tiene en cuenta para el día del amor y la amistad en septiembre.

Sin embargo, se encuentra en decadencia. Tal vez las futuras descendencias no lo jueguen más porque las generaciones pasadas y presentes se han encargado de arruinar las mejores intenciones de sus propósitos.

El legado que se transmite año tras año sólo son las quejas de un regalo insatisfecho: un peluche de tienda, unos chocolates rancios, una corbata pasada de moda, una cartera de imitación, un perfume inodoro. Y el problema no (necesariamente) es de plata: la cuota, definida en rangos que no se cumplen bien por exceso bien por defecto, se queda corta cuando de buen gusto se trata.

¿Qué hace uno con una porcelana de un triste payaso (o de oso o de bailarina) con filos dorados y una delgada cinta a manera de moño, con un mensaje que nos recuerda lo especial que somos?

Y ni se diga del preámbulo al gran destape: el proceso de endulzamiento, que incluye también un ensalamiento, se vuelve una tormento tanto para el (de malas) que da y no recibe, como para el (descarado) que no da y recibe. Y por lo general no hay compensación: lo que se ahorró en detallitos, no suma a la cuota del regalo.

¿Qué hace uno con un Post-It amarillo, donde han dibujado (y mal, además) un confite en su empaque, con una frase que nos recuerda que debemos controlar nuestro peso?

Lo que importa es el detalle, lo que el buen corazón de las personas esté dispuesto a compartir…

¡Ja!

La tradición la estamos matando poco a poco con estos procederes que rayan en la tacañería, la falta de criterio, el humor negro y el desinterés por la otra persona.

Una posible solución es oficializar desde un principio una lista de regalos tentativa (larga si se quiere, para no parecer encaprichados) que le ofrezca a la persona que sacó a la suerte (?) el papelito con nuestro nombre, escoger el regalo que verdaderamente queremos. Es déspota esta actitud, pero para el bien de todos, la más conveniente.

Si no hacemos algo por el amigo secreto, por el juego como tal, ya no habrá más amigos conocidos con quien practicarlo, y nuestros hijos e hijas se perderán la emoción de saber quién fue el miserable o la sinvergüenza que no les dio nada durante el aguinaldo, y que salió con un chorro de babas el día del destape.

Esto no es un secreto. ¿O sí?

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

"Nos hemos utilizado"

Una frase acusatoria en el marco del materialismo. Contundente. Valiente.

¡Y cierta totalmente!

¿Acaso de esto (incluso) no se trata el amor?

Toda verdad duele: Yo te uso. Tú me utilizas. Nosotros nos utiliz-usamos. Las conjugaciones cuadran.

¿De cuándo acá el concepto de uso queda en desuso en cuestiones amorosas? Sería hipócrita evaluar con sutileza una inevitable crudeza.

El uso que hagamos de lo que nos brindan hace que mi ser se sirva para tomar decisiones, que me permitan crecer como persona en conjunto. Tomamos lo que nos dan y lo usamos a conveniencia. Ya será cosa nuestra, en el rango prismático del bien y del mal, usarlo o no como mejor nos parezca.

Un uso para pensar cómo construir un mejor mundo bajo el techo de nuestra casa, para sentir las emociones más fuertes con una caricia inesperada, para emocionarnos con un detalle que nos haga sentir importantes, para creer que un alma gemela es la que hemos encontrado por alguna Voluntad cualquiera, para satisfacer nuestros cuerpos con el goce mutuo de un buen momento eterno de sexo, para entender que en el otro comprendo lo mejor de su ser y mi ser para los dos…

¿No es así?

Use-utilicémonos… Sinceramente, valdrá la pena.


¿El amor viene empacado con una etiqueta que dice “2 x 1”?

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Contrato amoral

"Aunque en el amor existen el uno para el otro, la esencia del amor es la libertad. Por tanto, libera tu amor de la obligación. No esperes que otro satisfaga tu necesidad ni se adhiera a tu verdad".
En El Regreso del Profeta de Hajjar Gibran.

Se acerca otro fin de año contable y administrativo, y con ello el gasto de lo que quede del presupuesto del anterior y la continuidad o cancelación de contratos para el próximo. ¿Por qué no renovar el matrimonio si es un proyecto común, una empresa familiar, un contrato civil, un rito religioso o un compromiso personal?

De igual manera, las parejas deberían hacer un alto en el camino para evaluar cómo les fue en términos de amor, amistad y sexo durante estos 12 meses, y qué piensan mejorar para los que vienen. Los hijos deben participar de esa planeación así no hayan sido planeados (y muchas veces, deseados).

Propuestas, ajustes, indicadores, metas que le permitan a la pareja saber de su desarrollo como seres humanos individuales y colectivos.

Y así como en el mercado laboral, poner fin a lo que no marcha como se había propuesto o prometido el año anterior o intentado durante el actual, y terminar sin temor lo que tiende a empeorar con el tiempo irremediablemente. En el mejor de los casos, darse una licencia para meditar sobre lo que se significan como personas y como pareja.

Se entiende que hay cláusulas de disolución del contrato cuando las partes comprenden que las ganancias ya no son lo que eran, o que ni siquiera superaron las proyecciones que se habían hecho, o que ni siquiera cumplieron con el estándar mínimo ofrecido desde un principio.

Uno no sabe nada ni de Dios ni del amor, y sin embargo decimos, sentimos, pensamos y hacemos cosas en sus nombres. ¿Podrá Dios ser tan intransigente ante esa promesa hecha en un estado de total embriaguez de enamoramiento puro? ¿Será tan testarudo al exigir que tal pacto, a pesar de todo lo malo, DEBE durar toda la vida?

Yo no creo que la infelicidad en pareja sea una decisión que a Dios no le importa, y que nos exige, gruñonamente, cumplirle como prueba de karma para el perfeccionamiento del alma en vida de pareja. Si llegamos al cielo nos dirá: “¿Y no los mandé a ser felices? ¿Por qué no se separaron y disfrutaron sin la compañía de la otra persona?” Será tarde ya.

Si no metemos a Dios en el asunto porque fue un notario o una simple promesa al viento lo que unió a la pareja “por siempre jamás”, ¿no será más humanamente correcto actuar con el gusto del libre albedrío y decidir a favor de nuestro propio bienestar en el momento más conveniente para la relación?

Claro: como en todo contrato debe haber multas de incumplimiento. Se pagarán con unas lágrimas, un montón de recuerdos y un prudente rato de nostalgia, pero es más honesto que vivir de las apariencias y los deberes sociales por el resto de la vida, esperando a ver si se mejora la cosa mientras se le sigue diciendo ‘amor’ a alguien por quien ya no se siente eso: ¿Hipocresía, costumbre, obligación, amor?

Por favor: ¡la letra menuda no la escribió Dios!

Esta es mi propuesta: “Contrato leonino”.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Gato novela

Pues sí, eso te cuento… Pero bueno, entonces…

¿Entonces, qué de qué?

¿Tú y yo qué venimos siendo?



Nada… Ya te dije que lo nuestro no es posible. Yo soy una gatita de familia y tú un gato callejero…

¿Callejero? ¡Pero si tengo un nuevo collar!


¿De qué te sirve, si no quieres que nadie te dome?

¡Bah! Me voy… Tú siempre con esos discursos…


Pero sabes que es verdad… Vete… Es lo único que sabes hacer, además de nada… (¡Qué collar tan gay…!)


¡¿Qué fue lo que dijiste?!

Nada… Te preguntaba que qué colores hay… De collar, digo…

Ah, más te vale… Oye, por qué no seguimos charlando un rato…


Pero de lejitos… No quiero que se me peguen tus pulgas…

¿Y qué más?

Bien, bien, ¿y tú?

Enamorado…

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viernes, 13 de noviembre de 2009

¡Feliz año!

¿Cómo celebrar los 16 años?

Richard, José Miguel y Jairo, amigos de colegio y de barrio, compraron de sus menesterosos bolsillos una botella de whisky (medianamente fino, supongo; no puedo recordar la marca) para festejar mi cumpleaños. Era especial no por la marca sino por el detalle, como todos los regalos. Uno de ellos tenía su apartamento solo, así que la cosa pintaba bien, como para inscribirnos a AA. Me imagino llamaron a algunas amigas (de ellos, valga la aclaración) para que fueran también.

Cuando abrí la puerta de mi casa esa noche, mi tos ahogadamente flemática los saludó. A duras penas podía respirar. Era impresionante el malestar de la gripa en mi nariz, oídos, laringe, faringe, pulmones y demás. Y claro, Doctora Mami ya me había clavado en mi abullonadita nalga una inyección de Penicilina, no sé de cuántos millones de unidades, pero era de esas que le deja la pierna encalambrada unos dos días.

No podía tomar licor.

Las moneditas y billetes de mis amigos que sumaron para la botella, regresaron alcoholizadas a mis amigos. A pesar de su insistencia la celebración, conmigo, no podía darse. Ellos se fueron de rumba, y no creo que tristes por mi ausencia sino felices de sus mayores bocanadas.

Hoy, otra vez y 15 años después, la gripa está en mí, me posee, soy suyo, estoy en sus manos. Y claro, no hay botella de whisky ni amigos de la infancia para festejar.


En la astrología, el año nuevo (lo que para todos los occidentales se celebra el 1 de enero y para los orientales el 14 de febrero, en 2010 o en el Islam, el 18 de diciembre de 2009) se celebra el día del cumpleaños, por aquello de la carta astral y todo lo demás.

Así que, a propósito de mi hace-un-año-artículo, ¡Feliz treintaidosavo año!, con "El hijo ausente" de Pastor López como música de fondo:

"Otro año que pasa y yo tan lejos, otro CUMPLEAÑOS sin ver mi gente.
Madre yo te pido humildemente, que en el año nuevo me recuerdes.

Que en la mesa pongas un lugar, para el hijo que no ha de llegar,
y aunque yo no esté para brindar, mi copa esté siempre a rebosar.
Y al llegar la media noche, cuando risa y llanto se confunden en la gente,
mándame un abrazo fuerte, y pídele a todos los presentes

Vamos a brindar por el ausente, que el año que viene esté presente.
Vamos a desearle buena suerte, y que Dios lo guarde de la muerte".

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miércoles, 11 de noviembre de 2009

"¿Qué hago contigo?"

El amor, diría yo, si me lo preguntaras.

Pero tu pregunta fue lanzada al aire, pidiéndole a Alguien más que te ayude, a tu amigo imaginario, a ti misma. Un consejo que tome por ti la decisión que no quieres tomar. Y yo tampoco.

Llévame contigo, entonces.
Déjame ir a tu lado sin huellas.
Hablemos para que la saliva se acabe.
Escuchemos lo que ya sabemos de los dos.
Acariciémonos y le sacamos brillo a nuestra piel.
Aburrámonos de nuestra inconmensurable tolerancia.

Lo que hagas conmigo estará bien.
Ocultarme en una verdad a medias, mostrarme en una mentira acorde, aceptarme con todas mis querellas o negarme por cualquier razón.

Hay tantas cosas para responderte. Por eso no me preguntaste a mí sino al mundo entero en el tono con que gritan todos los románticos, el desespero, la angustia, la duda, el amor al fin y al cabo. Yo también tengo la misma voz.

Te conformaste con la primera respuesta, la más fácil, la del ejemplo del libro, para hacer conmigo lo que mejor sabes: ¡nada!

Y partiste.

Y ahí quedé yo, con la misma pregunta que me contagiaste, como si se tratara del juego de niños de ‘La Lleva’. ¿Qué haré yo contigo?

Las ideas, filtradas en los ventrículos del corazón, llegaban ozonizadas a mi cerebro, simples y claras, pero con la misma razón. No sirvió de nada purificarlas. Ya sabrás de qué se tratan. Necias, por cierto.

Así que te devuelvo la pregunta: ¿Qué harás tú contigo?

Házmelo saber.

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miércoles, 4 de noviembre de 2009

A quien corresponda - Restaurante

Lo que nos ocurre puede ocurrirle a todo el mundo o solamente a nosotros. En el primer caso, es banal; en el segundo, es incomprensible”.
Fernando Pessoa.
Frase introductoria en El Lamento del Perezoso, de Sam Savage.


Cordial saludo,

Existen otros calificativos que un crítico de cocina podría dar sobre sus diferentes platos, pero sería pretencioso utilizarlos, para bien o para mal, en este momento. Así que me limitaré a decir que su comida es buena. Nada más.

El motivo de mi carta es simple: expresar mi agradecimiento: ¡gracias!

Listo.

Pero mis agradecimientos serían mayores (¡mayúsculos!: los escribiría en una carta posterior) si hicieran algo por los clientes que nos alimentamos de sus ollas. Es algo complejo por la única dificultad que perjudica a la humanidad, que somos humanos, y como tal quedamos indefensos no a las Leyes Naturales y del Tiempo, sino totalmente desnudos ante nuestro libre albedrío.

Tal vez el guante le caiga a más de uno, pero no es mi intención cuestionar a todos lo que están detrás de mis cubiertos. Es evidente que para que los platos estén frescos, calientes y, nuevamente lo digo, buenos, su trabajo ha sido cuidadosa o improvisadamente bien realizado.

Sin embargo, el enorme favor que les pido (pedimos, dicho sea de paso) es que hagan algo con quienes sirven la comida.

Lo malo de la rosca es no estar en ella”, dice el refrán, pero si hay algo peor que la envidia es la injusticia, y es ahí a donde apunta mi solicitud. ¿Qué tengo que hacer para que me sirvan, con un guiño de ojo, dos porciones de maduro asado? ¿Con quién tengo que hablar, susurrar si es necesario, para que en mi plato la ensalada a-parezca verde? ¿Qué debo decir, cuál es la clave, para que mi corte de carne sea más grande? ¿Cómo me gano el derecho a doble mazorca en mi sancocho?

¡Claro, gratis, por supuesto! Pagando, ¿qué gracia tendría mi denuncia?

Es inaudito que al cliente frecuente (tal vez tiene una tarjeta de esas que suman puntos, calorías en este caso) que está delante le agranden la porción de papitas fritas con una sonrisa a la mesera, y que llegue yo, con el mismo gesto de caridad-y-buenachonidad y me diga “es que no me alcanza para todos…”. Que pida igual cantidad de alverjas que quien va dos puestos más adelante y me diga “es que él sí paga doble porción”, a sabiendas de que he estado pendiente de su pago en caja. Que le pida una yuca cocida más grande, como la que acaba de servir, y me diga “¡todas son iguales y sólo es de a una!”. Y además, añade, lastimeramente, “qué pena…”.

Me atrevería a decir, aunque suene mentirosamente increíble, que haría esta misma solicitud si yo también estuviera en la rosca. Es que es tan evidente, tan insensato, tan vergonzoso…

Pensando positivo, aprovecho la arbitrariedad de sus sirvientes para hacer dieta. Es lo único que aleja de mi mente las enormes ganas de hacer un escándalo (no sé cómo vaya a reaccionar… si con quien sirve o con quien recibe esos beneficios adicionales…) cada vez, cada día, cada dos o tres clientes que son bendecidos por la subjetividad generosa de sus meseros y meseras en su restaurante, de donde recomiendo, de verdad, que la comida es buena. Sólo eso.

Atentamente,

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