-Refrán popular-
Hay que diferenciar de lo que es una nalgada: un toque en los glúteos de la persona. Esas que por amistad, cariño o deseo, entran en una categoría diferente de contacto físico.
Al igual que la primera, la segunda no la vi venir. ¿Que si me la gané? Es posible: no reconocí en ella el límite de paciencia para mis tradicionales palmaditas en el hombro, un gesto que considero afectivo con quienes me relaciono, una forma más cercana que el mero saludo de mano o beso en la mejilla. Por eso, desde ahora, procuraré dejar de hacerlo antes de ganarme otra bofetada de cualquier intolerante.
Estaba ella, bonita mujer y diferente de la primera protagonista, delante de mí. Luego de estar con ella hablando un rato quise llamarla para decirle algo, pero en apenas la tercer cortita palmada en su hombro izquierdo sacó su puño abierto y girando su cuerpo acertó un manotazo en mi brazo derecho con todas sus fuerzas, arriba del codo, en la parte posterior, justó allí donde los gorditos se sumen para disimular su presencia.
Mi extremidad se contrajo hacia mi pecho en un reflejo instintivo de defensa propia. Pensé que la golpiza continuaría porque, además de la velocidad del trancazo, sentí la rabia con que lo hacía, la adrenalina que reverberaba de disgusto por mis mimos con un merecido guantazo.
La piel de mis abullonaditos y sensibles tríceps ardía de dolor. Quemaba de dolor. La cosa no era sólo física y tampoco estaba relacionada con el vano orgullo de ser hombre. La razón era emocional: me cimbró el corazón al recibirla de mi secreta amada (tan secreta, que ni ella misma lo sabe y yo a veces lo sospecho), en un arranque de ira por algo que para mí era sólo una caricia juguetona, un pretexto por tocar su cuerpo.
Ahora, al verla, mi brazo se escalofría hasta llegar a mi pecho, y es entonces cuando tarareo el verso de Silvio Rodríguez para desenraizar la semilla que con el golpe y por ósmosis ella sembró en mí: la del temor de enamorarme una vez más. “La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes”.
¿Será masoquistamente correcto el amoroso refrán? Ojalá…

