miércoles, 4 de julio de 2007

Mi segunda bofetada

"Porque te quiero te aporrio".
-Refrán popular-

La primera fue en un momento post-pasión de cama, cuando sólo hay risas exhaustas y dos cuerpos desnudos que quieren seguir tocándose con cualquier excusa, incluso con una palmada en la mejilla originada por cualquier palabra graciosa… de esas que se acompañan con un tierno “tan bobo”… y que rayan entre un golpe y una caricia… No recuerdo más… hace tiempo ya…

Hay que diferenciar de lo que es una nalgada: un toque en los glúteos de la persona. Esas que por amistad, cariño o deseo, entran en una categoría diferente de contacto físico.

Al igual que la primera, la segunda no la vi venir. ¿Que si me la gané? Es posible: no reconocí en ella el límite de paciencia para mis tradicionales palmaditas en el hombro, un gesto que considero afectivo con quienes me relaciono, una forma más cercana que el mero saludo de mano o beso en la mejilla. Por eso, desde ahora, procuraré dejar de hacerlo antes de ganarme otra bofetada de cualquier intolerante.

Estaba ella, bonita mujer y diferente de la primera protagonista, delante de mí. Luego de estar con ella hablando un rato quise llamarla para decirle algo, pero en apenas la tercer cortita palmada en su hombro izquierdo sacó su puño abierto y girando su cuerpo acertó un manotazo en mi brazo derecho con todas sus fuerzas, arriba del codo, en la parte posterior, justó allí donde los gorditos se sumen para disimular su presencia.

Mi extremidad se contrajo hacia mi pecho en un reflejo instintivo de defensa propia. Pensé que la golpiza continuaría porque, además de la velocidad del trancazo, sentí la rabia con que lo hacía, la adrenalina que reverberaba de disgusto por mis mimos con un merecido guantazo.

La piel de mis abullonaditos y sensibles tríceps ardía de dolor. Quemaba de dolor. La cosa no era sólo física y tampoco estaba relacionada con el vano orgullo de ser hombre. La razón era emocional: me cimbró el corazón al recibirla de mi secreta amada (tan secreta, que ni ella misma lo sabe y yo a veces lo sospecho), en un arranque de ira por algo que para mí era sólo una caricia juguetona, un pretexto por tocar su cuerpo.

Ahora, al verla, mi brazo se escalofría hasta llegar a mi pecho, y es entonces cuando tarareo el verso de Silvio Rodríguez para desenraizar la semilla que con el golpe y por ósmosis ella sembró en mí: la del temor de enamorarme una vez más. “La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes”.

¿Será masoquistamente correcto el amoroso refrán? Ojalá…

miércoles, 27 de junio de 2007

Infracción 77

«No detenerse ante una luz roja o amarilla de semáforo, una señal de "PARE" o un semáforo intermitente en rojo».


¿Verde o amarillo? Esa es la cuestión.

Viernes lluvioso. 6:10pm. Velocidad crucero. Avenida sexta con cuarenta y pico norte. De reojo, el verde semáforo cambia a amarillo justo cuando paso por la cebra. Más adelante, un guarda de tránsito en motocicleta me detiene. ¿De dónde salió? Estaciono frente a Carrefour-Chipichape. Licencia y documentos del vehículo.

Usted pasó con luz roja…”.

Al alegarle, amarilla aceptó, pero multa igual. El agente que lo acompañaba detuvo también a una lujosa BMW que venía detrás de mí. Cuando a “mi agente” le pedí condescendientemente que me dejara continuar me respondió: “Si mi compañero lo ayuda al otro señor, lo ayudo…”. Pensé inmediatamente en mi sobrino, quien me acompañaba, pues le acababan de regalar $20.000 y yo sólo tenía $5.000. Ojalá alcance, suspiré, lamentando el impajaritable mal ejemplo.


Formato ya diligenciado.

En mi retrovisor, el agente trasero comenzó a hacer el comparendo, y mi guarda dijo “ni modo…”. Lo llenó y entregó casi de inmediato, necesitó sólo los datos del conductor. Sospecha predecible. Cuando se fueron me acerqué a la camioneta y esperé encontrarme al típico traqueto, pero no: era el típico lavaperros del típico traqueto. La cara de arrancado del tipo era peor que la de mi roído bolsillo y entendí por qué no había colaborado: no se le ocurrió (su cerebro, no su conciencia, se lo impidió), o no podía dar papaya (su patrón le cobraría con la vida tal soborno). Y también entendí por qué nos habían detenido: una jugosa mordida a la BMW.

STTM de Cali.

MI CORAZÓN, primero TIENES que hacer el cursito de infractores para que TE rebajen un poquito”. Casi le digo dónde encontrar a su “%+&¬$#!* amorcito a la secretaria que me tutió-atendió-diminutió melosamente. Luego, una funcionaria (peliteñida con Cherrynol) nos habló a mí y a unas 30 personas más sobre normas de cultura ciudadana, y nos mostró un video sobre el Código de Tránsito (Ley 769 de 2002). Aún escucho el eco de sus insistentes palabras: INFRACTOR… FRACTOR… ACTOR…

Casos.

Mientras una señora se quejaba de la multa por Pico y Placa al salir del club, la oficiala dijo que en mi situación la comparecencia se limitaría a confrontar mi verdad contra la del agente; un largo proceso en el que la subjetividad no haría justicia. Más triste era el caso de un mensajero: “Pero sólo fueron dos cervezas… ¡Y a mí me coge como en la séptima ronda!”. Además del comparendo y de llevarse su moto a los patios, le quitarían el pase por un año así que, resignado, imploró: “No me dejen sin trabajo”.


La multa.

Luego de dos horas de vanos reclamos, a pagar por infractor. Comparendo 7600100709917. Valor multa 30 SMLDV: $435.000 más $14.400 del ¿Acuerdo? 32. Descuento por pronto pago (tres primeros días hábiles): 25%. Total: $340.650.

Adiós reservas.

Había reunido $400.000 para la próxima matrícula de la universidad, o para algo menos trascendental como unas gafas de sol. Pero no. Alguien decidió que tenía que pagar por algo que miles hacen descaradamente a diario. ¿Quién más y qué tanto deciden por uno? Así, quedan pocas ganas de ahorrar estos $59.350.

miércoles, 20 de junio de 2007

Artificial

Hace mucho tiempo me desenamoré un poquito: no sabía que eso se podía, pero sólo bastó una mirada.

Ver de un día para otro a la novia de uno con una especie de peluca oropel no es gracioso. Es como si nos cambiaran esta misma noche, sin avisarnos, el colchón de la cama o la almohada. ¡Su madre! En gran parte, tal sorpresa se convertiría en una desilusión, pues ya estamos acostumbrados a su suavidad o dureza según nuestro antojo.

¿Qué motiva a las mujeres a cambiar su color de cabello? La mayoría (de dientes para afuera) dicen que por probar cosas distintas; lo llaman, “originalidad”. Otras cambian lo mínimo posible, de negro-claro a negro-castaño-oscuro, para que lo note sólo su espejo. En cualquier caso el ciclo se torna adictivo, pues la raíz del cabello delatará su naturaleza. ¿A quién quieren darles gusto? Esa actitud se basa en un influyente aviso publicitario, que nos invita a sentirnos bien a partir de vernos bien. Ojo: la condición comercial del producto no funciona a la inversa.

Aquel día no pude disimular mi disgusto (no de bronca sino de atracción). El único comentario (escorpionesco) que se me ocurrió decir de primera mano fue: “¡qué pasó!”. Pensé que perdió una apuesta y la estaba pagando con creces doradas. Como con toda mujer, no hubo luego tutía con halagos sobre su look.

En defensa válida de su propio orgullo cambió de color cada tanto tiempo, con el mero capricho de derrumbar mi posición conservadora. Lo logró y se lo agradezco. Rojo a veces, chocolate otras, azulado probó también, bronce luego y negro de nuevo: su terquedad venció mis arquetipos. Por ensayo y error su belleza se fue puliendo más, multiplicando ese tanto por ciento de enamoramiento perdido y restándole muchísimo a mi machismo. Las veces que la he vuelto a ver, ya casada, coincidencialmente ha lucido un mismo color. Supongo que a esas alturas no es necesario sentirse diferente. Ahora, eso, me parece aburrido.

Casi todas las mujeres después de los 40 años hacen dos cosas: pintarse de cualquier color y dejarse el cabello corto para disimular las canas. Unos años después usarán un color gris-violeta-azulado que las hará reflectivas en la oscuridad. La belleza física ha comenzado su deceso y muchas no piensan en rescatar la otra belleza, esa que no se ve. Por eso, además de cantaletosas y rollizas, se vuelven el hazmerreír de la moda: quieren usar descaderados, blusitas, minifaldas y una gran cantidad de maquillaje en su cara; lo llaman, “personalidad”.

Pero hay algo más por mancharse de amarillo pollito, queriendo imitar con productos químicos la suave piel de un bebé: los vellos de los brazos (e incluso del bigote). Por lo general son mujeres trigueñas, de piel color pimienta, cuyo cabello es negro ámbar y quieren disimular lo peludas que son con otra tonalidad. Sólo lo logran, como dice el dicho, caminando rápido.

Hay un paradigma (no es mío y no lo comparto): las mujeres rubias son bobas. Si fuera cierto, ¿por qué las mujeres mestizas querrían pintarrajearse de amarillo para lucir tontas? ¿Una mujer caucásica se volvería inteligente pintándose el cabello de color negro o castaño? ¿Sería acaso una inteligencia artificial? ¿Tan artificial como la belleza de una negra desteñida? ¿Peli-monas, cuqui-negras y viceversa también? ¿Qué misterio hay con las pelirrojas?

En fin. Libertad de gustos. Aceptación. Les recomiendo uno de los capítulos del libro El Sexo de Sofía (Nancy Prada, Intermedio Editores), donde la autora defiende la belleza natural del cuerpo de las mujeres y critica las decoloraciones y las depilaciones de todo pelo.

Me gusta pensar que lo simple es lo bello. ¿También lo es el vello?

miércoles, 13 de junio de 2007

¡Cómo saberlo!

Don Ramón casado con La Bruja del 71: ¡quién lo creyera!

Tantos intentos de Doña Clotilde que hacían pasar saliva a su Rorro lo convencieron inevitablemente de hacerlo, tanto, como la tacita de café que el Profesor Jirafales aceptaba a Doña Florinda en cada visita. Así, en una boda a la que asistió toda la vecindad, la pareja selló su amor en sagrado matrimonio.

¿En qué consiste esperar una llamada de quien te gusta? ¿En dosificar la paciencia con gotas de Valeriana? ¿En esperar a que la última burbuja de una Coca-Cola reviente en la superficie de una botella sin abrir? ¿En formar la fila más larga del banco atendida por un cajero en entrenamiento un fin de mes? ¿En continuar con las enésimas pruebas de ensayo y error en un laboratorio de explosivos?

¿Y si por fin escuchamos su voz? ¿Le saludamos como si nada pasara? ¿Cómo si fuera un mensaje pregrabado de la empresa telefónica? ¿Hay que recurrir al viejo truco de la indiferencia? ¿Correr el riesgo de ser malinterpretados? ¿O narrarle el sueño en el que esa persona fue protagonista? ¿Decirle la falta que nos hace verla desde ayer? ¿Hablarle con ese tono romántico que sazona cualquier cosa que se diga?

¿Cómo darle un beso en la mejilla sin saborear su perfume? ¿Cómo tocar su mano sin imaginarla en nuestro rostro? ¿Cómo decirle a sus ojos dormilones que quisiera verlos abrirse en un amanecer a nuestro lado? ¿Pero, qué hay de la trinchera que cava cuando estoy cerca? ¿La relleno con chocolates? ¿Con palabras bonitas? ¿Suaves caricias? ¿Y que agradezca mis intenciones? ¿Con una mirada, por ejemplo?


¡Se me chispoteó! Continuemos…

Cuando El Chavo del Ocho despertó de aquel sueño se dio cuenta de que las cosas seguían igual: ella, intensa, enamorada de él, arisco, manteniendo la historia de toda relación no correspondida. Una escena transmitida realmente por televisión que, de haber sido cierta, habría dado un vuelco al programa mexicano.

¡Ah, el amor! ¿Será cuestión de perseverancia o decidida inmediatez?

¿Alguien puede afirmar: “eso, eso, eso…”?

miércoles, 6 de junio de 2007

Precocidad

Advertencia: Se recomienda la presencia de los padres o de un adulto responsable.

Ella sobresalía por sus encantos tallados en la ropa que lucía. Sus amigas, sin mayor envidia, la animaban con susurros y pequeños codazos a lanzarse en los brazos del gigoló que la miraba tímidamente a unos cuantos metros de distancia. Él se esforzaba por disimular todas las ganas que sentía. Con sus amigos parecían discutir sobre quién iría primero. Obviamente el donjuán era el más apto para acercárseles a las damiselas y comenzar a charlar sobre cualquier cosa. Luego ambos grupos se acercaron y mientras los compinches del galán distraían a las comadres de la elegida, la pareja se elevó en una blanca nube.

Primero algunas palabras que hacían estallar sonrisas en ambos, para luego tomarse de las manos como muestra del más puro afecto. Una imagen como para encantarse de la existencia del amor como la cosa más santa del mundo. Pero… ¡Un momento…! ¡No sólo se agarraron las manos!

Un abrazo los acercó y sus bocas se unieron. Los labios del uno eran humectados por la lengua del otro, con una fuerza que rebosaba cada vez más saliva. Sus manos se soltaron para empezar a palparse mutuamente todas las pocas y tiernas carnes de sus cuerpos. Ella le cogía las nalgas como si se le fueran a caer del ya caído pantalón, y él insistía en perforar con sus dedos la falda, ajustada hasta las rodillas, para llegar al recóndito ángulo formado por sus delicados muslos. Inmediatamente después, mientras tocaba generosamente los senos de su amante, un desconocido pasó por ahí y, asustados, se separaron para continuar caminando juntos hasta donde estaban sus amigos como si nada hubiera pasado.


Esto ocurrió realmente al atardecer de un sábado cualquiera cerca al deslizadero del parque del barrio. Ella, máximo, tiene 13 años; él, 14; sus amigos y amigas, 11. ¿Continuarían con lo empezado? ¿(En) qué podrían acabar?

¿Sabe usted qué están haciendo sus hijitos o hijitas, hermanitos o hermanitas, primitos o primitas, sobrinitos o sobrinitas en estos momentos?

No sólo sintiendo ganas, ¿recuerdan...?

Delicioso…

miércoles, 30 de mayo de 2007

VII y VIII mandamientos

Que se le muera el papá; o la mamá; me da lo mismo. Es lo único que se merece por estafador… y por buen actor.

A lo largo de la calle quinta, entre carreras 39 y 34 hacia el norte de Cali, el Protagonista de Novela lucía blue jeans descoloridos, camisa satinada y cabello con gel. Era el típico joven que actúa después de pagar el pasaje del bus.

No usó la introducción tradicional de “con el permiso del señor conductor…”, sino que con una voz entrecortada comenzó el relato de su drama. Su libreto decía que su papá mantenía a la familia y que desde noviembre le dolía la espalda y los antiinflamatorios ya no le servían como remedio. Que en un examen le encontraron un tumor benigno en su columna y hacía un mes estaba internado en el Hospital Universitario (calle 5#36-08). Que la cirugía para extraérselo, gracias al Sisbén, costaba $290.000 y que le faltaban $53.000 para tal valor y que pidiendo la colaboración de otras personas ya había recolectado $27.600. Todo esto con una cara de impresionante tristeza por necesidad.

Dato clave en esta historia: “Y la cirugía, ¡por fin!, es a las 12:40pm… y si no le llevo toda la plata al doctor… no lo operan… [Sniff]”.

Eran las 11:30am de un soleado viernes y desde mi ventanilla miraba cómo la gente le pasaba los $25.400 que le faltaban (él mismo dio el valor de la diferencia). Yo sólo tenía mis $1.300 para el bus de regreso así que, de verdad, me dio pena no poder ayudarle. Agradeció y se bajó cerca al Hospital.

Crédulo, yo…

Pero cuando yo regresaba a mi casa a las 3:47pm, escuché de nuevo su libreto con una pequeña modificación: “Y la cirugía, ¡por fin!, está para las 5:15pm… y si no llevo la plata completa, morirá muy pronto…”. De los $74.500 que le faltaban apenas tenía $39.200, “o sea que me faltan $35.300”.

Probabilidad de que haya sido cierto:
Tiende infinitesimalmente a cero. Hasta Dios descarta esa posibilidad.

Probabilidad de que haya sido aplazada una cirugía de esas (si existe):
0.00000000000001. O menos, supongo.

Probabilidad de que el mismo tipo echara el mismo cuento con la misma cara en mi mismo bus (ahora de norte a sur):
0.00000001. Su valor aumenta dado que la historia es falsa, por supuesto.

¿Cuál es la probabilidad de que yo le haya gritado “¡mentiroso!” en medio de su segunda escena?
Calculen.

No son pocos los que se aprovechan de la compasión con nostálgicas patrañas para lucrarse individualmente de los demás. Es el colmo.

miércoles, 23 de mayo de 2007

¿Placer o magia?


Esa noche la magia los poseía a los dos. Cada uno para mi total deleite. Pero tenía que elegir. Ella, sensual; él, misterioso. Ella, un ‘polvo’; él, polvos mágicos. Finalmente lo fui a ver.

La dimensión era desconocida. El juego de luces se detuvo cuando salió de la nada con una música sincronizada de un verdadero acto teatral. La magia había comenzado. El ilusionismo cobró vida. Creí porque vi.

Animales aparecían, objetos volaban, mujeres levitaban. Era impresionante. Era hipnótico, como si el primero y más importante de sus trucos hubiera sido dormirnos para que soñáramos despiertos. La fantasía continuaba con cada uno de sus movimientos, calculados, probados, medidos, suaves, rápidos, silenciosos. Las cosas le obedecían a sus ojos, negros como su ropaje, con una mirada imponente, triunfal, poderosa. Sólo los repentinos aplausos de un público absorto distraían mi concentración, mi asombro por lo que estaba ocurriendo. Yo quería seguir enmudecido, disfrutando al máximo del misterio que me transportaba a una realidad paralela. Era absurdo perder segundos tratando de saber cómo lo hacía. Hasta ahora dudo del engaño. Y me alegro. Un hechizo, y había que disfrutarlo tanto como él lo hacía en el escenario.

Se suponía que la vería al día siguiente para nuestro postergado encuentro. No fue así. No me perdonó tal decisión. Ese día comprendí que hay cosas valiosas y que no tienen reversa, como una boleta pagada en primera fila para ver la última noche en Colombia a David Copperfield.

Valió la pena: placer y magia juntos.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Una pista en el caso Neo

- “¿Cómo es posible, Inspectora? ¡Usted se comprometió a resolver el caso Neo…!”.
- “Marqués, yo no me he comprometido con usted…”, me respondió mientras lavaba su blanca pata delantera derecha que sobresalía de su peluda gabardina. “Yo sé cómo hago mi trabajo…”.
- “¡Me está faltando al respeto, Inspectora!”, le exigí… Me tenía cansado con su dejadez a pesar de su exitosa labor.
- “Es su respeto, Detective, no el mío…”, y ella siguió acicalándose con algo de somnolencia como si nadie más la estuviera viendo.
- “En fin… Inspectora… Hablaremos de este tema después… Cuénteme, qué pudo averiguar…”. Mi curiosidad era mayor que mi molestia por su actitud.

Después de tres semanas del último asesinato, el turno era para Cebra. Al levantamiento de su cadáver asistieron muchos peces que no paraban de revolotear alrededor de la malla. La Inspectora Mora estuvo presente en la diligencia legal, escondida entre los demás, presumiendo la presencia del asesino de Line, la pequeña, hambrienta y rayada pez.

Apareció debajo de una gran piedra de coral con signos evidentes de tortura. Los delincuentes mordieron las aletas dorsales dejándolas carcomidas hasta la base. Su cuerpo, blancuzco y maloliente, está siendo investigado en medicina forense para encontrar alguna pista adicional.

- “Su informe sobre el caso Neo está inconcluso, Inspectora”.
- “Es verdad Detective, pero le traigo pistas sobre el caso Line… Esa pobre… su muerte fue horrible… seguramente está relacionada con Neo o con sus asesinos”.
- “¿Qué sugiere Inspectora?”.
- “Aún no quiero arriesgarme Marqués, pero mi hipótesis está tomando cada vez más fuerza…”.

Line Cebra, al no tener antecedentes, había sido descartada de la lista de los sospechosos. Su compañero sentimental había muerto en un accidente y su aparente tristeza le sirvió de escudo para evadir las indagaciones preliminares. Sin embargo, siguió compitiendo a toda costa por el primer bocado de comida que les proveían puntualmente en las mañanas.

- “¿Comida? ¿Esa es su hipótesis Inspectora? ¡Por favor! Eso es lo único en lo que usted piensa…”.
- “¡Cuide sus palabras Detective…! O se ganará un rasguño sin mayor motivo…”, lo dijo con las orejas algo inclinadas hacia atrás y con un imperceptible movimiento en su recién peinada pata, luego de dilatar instantáneamente sus pupilas.
- “Tranquila Inspectora… tranquila… ¿Qué más sabe?”.

Exigió una nueva paga, más comida, para continuar en el caso. No tuve otra opción que aceptar. La Inspectora Mora hacía bien su trabajo y eso costaría… necesita tiempo y una buena siesta para encontrar al asesino. Su carácter felino era clave en este caso. Y en cualquiera… La necesito…

miércoles, 9 de mayo de 2007

¡Thanh!

¡Por fin! Los había conseguido. Llené mi memoria USB con ellos. Estaban en medio magnético pero en la noche los grabaría en mis manos: eran los videos casi pornográficos de una modelo caleña en Internet. Después de tanto oír hablar de ella y sus famosos back stages de las eróticas sesiones fotográficas, por fin los iba a ver… y a tocar…

Un amigo de un amigo Claviano tenía la clave de acceso al servicio V.I.P. del sitio, y había avanzado de la amistad a la complicidad, al facilitar algo que abriría las piernas, digo, las puertas de un portal no gratuito: un password personalizado y actualizado diariamente para que piratas virtuales no prostituyan (aún más) la red y evitar que descarados usuarios practiquen el “rotis” a mansalva. No pude sino grabar 13 de los 31 videos disponibles en alta calidad en la profanada cueva de Alí Babá… ¡Desvergonzados!

Todos los pocos kilobytes vacíos se coparon. Tenía que borrar cosas de la universidad para liberar espacio (-7000Kb), pero no tenía otra copias de trabajos finales, así que ni modo (+7000Kb). Cuando traté de plagiar también las fotos de la carnosa e hiperbólica mujer, Windows regurgitó en la pantalla un decisorio y sonoro mensaje:



Por copiarlos, no me detuve a mirarlos. Vi la carátula de un par de ellos sin mayor cuidado, pero en el afán de agilizar el fraude de la democracia y la generosidad, apuré a grabarlos como si se fuera a vencer inmediatamente el falso permiso, mientras eran compartidos con todo aquel que estuviera alrededor de ese computador.

Con un tesoro electrónico en mi maletín, salí para mi casa para hacer uso práctico de ellos, en aquel personalizado ritual sexual que hombres y mujeres practican individual o colectivamente, según las circunstancias. Esa cálida noche, la pantalla de 14” de mi computador se convertiría en un gigante telón de teatro non sanctuXXX.

Solo y con un detallado preámbulo, nuevamente Windows y su estrepitosa fanfarria de “¡Thanh!” se encargaría de derrumbar la enhiesta asta con otro mensaje radical:




¡Me lleva el…!

miércoles, 2 de mayo de 2007

Comentarios: Cero


Desde hace un mes la columna de Daniel Samper Pizano en eltiempo.com aparece sin comentarios. Pensé que nadie había opinado en un momento dado, pero luego el contador de comentarios siguió en ceros. ¿Cómo era posible que no recibiera visitante alguno?

Resulta que canceló la opción que permite a los lectores interactuar en su espacio a través de los foros de discusión. “Me niego a seguir patrocinando un espacio de insultos, calumnias y amenazas”, escribió en la primera línea de su columna Cambalache como despedida a esta herramienta.

Ante la muerte de su hermano Juan Francisco, concurrieron a la noticia publicada por el mismo medio cerca de 150 mensajes. “Había entre ellos recados de pésame, insertos comerciales de contrabando y abundantes insultos de los que convirtieron estos sitios en alcantarilla”, cuenta el escritor. “Para que los lectores calculen hasta qué punto está deteriorado el que debería ser escenario de crítica sana e interesante, transcribo algunos mensajes con su ortografía original. No son los peores, pero dan una idea del nivel”, agrega.

Este ladron de cuello blanco debe estar es agradecido cuando una muerte lenta y dolorosa era la que mas merecia". "Familia que no les tiembla la mano en lo mas minimo para robar, asesinar y desfalcar al estado." "Este no vale una borrachera, pero ernesto y daniel siiii!! sobre todo el pedante del danielito, el dia que muera me voy de juerga..!!!

A partir de la columna del 11 de abril, su autor se retiró de los foros “con tristeza a indignación”. Este espacio, mi espacio, no piensa discutir la situación política que existe en el trasfondo de esa historia. Sin embargo, como amante de la discusión y las letras, tampoco acepto que las opiniones de un puñado de anónimos arribistas pretendan tener la última palabra en un juicio de valores injusto y deplorable. Hay cosas que es mejor no saber. Entre ellas, las calumnias, los insultos y hasta los malos pensamientos. La libertad de expresión existe, pero pesa más el respeto por la integridad de las personas, tanto de quienes lo escriben como de quienes lo leen.

En el Reino de Carabás son más los mudos que los tímidos quienes participan. ¿Por qué no compartir, con los demás lectores más que con El Marqués, un comentario? Tal vez porque ninguna de sus palabras vale más que su cortés silencio durante su lectura.

Por eso y a todos, gracias.

miércoles, 25 de abril de 2007

¿Quién lo mató?

Han pasado cuatro días desde que Neo, el pez neón, se convirtió en pescado. Tal vez con la ayuda de alguno de sus amigos… o enemigos. El misterio sigue sin resolverse.

Neo era uno más de la pandilla Iridiscente. Nadaban juntos, dormían juntos, comían juntos. No se conocía de amenazas contra su vida. El grupo de color azul y verde era unido mientras pasaban los días de su monótona existencia. Fue encontrado en la esquina frontal derecha del acuario. Pero… es extraño: estaba entre las piedrecillas del fondo. En otros casos de suicidios o de asesinatos, los peces terminan flotando al ritmo de las burbujas que el filtro de aire impone. Con esta pista, el caso toma un nuevo rumbo en el agitado y escalofriante mundo submarino.

Los demás habitantes del sector no tienen antecedentes penales o criminales, aunque sea arriesgado sospechar de los, hasta ahora, inocentes. Hay una solitaria Cebra, de quien sólo se sabe que se siente triste por la muerte accidental (la investigación del caso así lo concluyó) de su compañero sentimental. Tal vez ese trastorno la lleva a actuar bajo su peor ambición: asegurarse el primer bocado de comida cuando ésta cae al agua. No hay otro particular sobre la rayada pez.

Y están los cuatro miembros de la familia Tetra. Los gemelos Medallones Tetra brillan por su plateado color y son buenos vecinos, dice la comunidad. Y el par de primos Rojos Tetra, que a pesar de su pequeño tamaño y apariencia bonachona, estuvieron mancomunados con un desquiciado pez extraditado hace unos meses a otro acuario. El pez fue sentenciado al exilio por no permitir que los demás peces coman tranquilos; quería todo para él.

En la lista de “sospechosos” está también el más reciente miembro del acuático barrio, conocido bajo el alias de ‘Corroncho’. Su tamaño en comparación con los demás peces es descomunal; es como Gulliver en Liliput. Además su color oscuro, sus afiladas aletas y sus rápidos movimientos hacen que lo juzguen por su atemorizante apariencia. Pero su comportamiento es tranquilo, cumpliendo con la tarea de mantener libre de algas las paredes de cristal.

Ninguno de los implicados ha querido responder al indagatorio. Todos se han puesto de acuerdo en hacer mímica con el mismo gesto: exagerar una redonda O con sus labios mientras nadan de un lado para otro. ¿Qué puede significar? ¿Una pista? ¿Una coartada de encubrimiento?

El caso continúa. Será necesario infiltrar a la Inspectora Mora en el medio. Sus sutiles pasos y sensibles bigotes serán capaces de averiguar por qué mataron a Neo si era tan buen pez.

miércoles, 18 de abril de 2007

Voy a pasármelo bien

Buenos días, Padre. Soy yo, Contertulio… Sí, sé que vine la semana pasada a confesarme, pero quería hacerlo nuevamente. ¿Que me vaya para mi casa? Pero si no le he contado nada de mi vida todavía. ¿Está de afán, Padre…? ¿Que qué hice? Le contaré lo que hago en un día normal y luego usted decide, ¿bueno?

Me levanto a las seis de la mañana en punto. Calzo mis pantuflas para tender mi cama y luego alimento a Isaac, mi hamster, y a Albert, mi tortuga. Me baño lo más pronto posible para servirme un saludable desayuno: una gran taza de avena caliente, que proporciona la energía y los nutrientes necesarios para un largo día de estudio.

Hoy me he levantado dando un salto mortal.
He echado un par de huevos a mi sartén.
Dando volteretas he llegado al baño.
Me he duchado y he despilfarrado el gel.
Porque hoy,
algo me dice,
que voy a pasármelo bien…
”.

¿Escucha usted esa música, Padre? ¿No? ¿Seguro? Continúo entonces…

Luzco las camisas que me compra mi mamá. Ella me recuerda que van por dentro del pantalón, y me pasa la gomina para un retoque en mi peinado. Tomo mis esferos y en mi maletín incluyo una manzana verde para mi hipoglicemia. Luego salgo al paradero para llegar temprano al salón. Ya en la universidad, aclaro las dudas al final de la clase y asisto a las monitorías de otros grupos para reforzar los temas del parcial. Al mediodía almuerzo con mis compañeros del laboratorio y luego voy a la hemeroteca a leer los periódicos del día.

Sé que tengo algunos enemigos,
pero esta noche no podrán contar conmigo,
porque voy a convertirme en hombre lobo.
me he jurado a mí mismo que no dormiré solo.
Porque hoy,
de hoy no pasa,
y voy a pasármelo bien…
”.

¿No escucha nada, Padre? ¿En serio? Parece que estuviera sonando un radio o un discman o un IPod… Creo que son los Hombres G. En fin…

Como le decía, cuando hay presentaciones culturales llamo a mis papás a decirles que me demoro un poco. Y si no las hay, pues me quedo en la biblioteca o en las salas de Internet investigando sobre el proyecto final del semestre.

Bueno…
Vamos a ver,
qué encontramos en esta agendilla de teléfonos.
Nunca se sabe…
Marta… María del Mar… Ana… ¿Elena estará? No sé…
Pero voy a pasármelo bien…
”.

Y así el tiempo me rinde. No lo malgasto en el gimnasio o en fiestas como el pirobo de Camilo –perdón Padre por la palabrota–, a quien le hago las tareas de la universidad para que me presente a Carolina, la bonita amiga con la que sale a rumbear.

¿Que quién es Carolina? Es un angelito de su iglesia… si la conociera, Padre… ¡Está buenísima! [Ji Ji Ji Ji…] Por eso es que estoy aquí… ¿Está bien eso, Padre?

Porque hoy, hoy no sé por qué, pero voy a pasármelo bien…”.

¿Padre…? Padre… ¡Padre…! ¿En qué está pensando? Parece distraído… como si estuviera oyendo otra cosa… ¿Qué si la paso bien así? Pues claro.

Muuuuy… bieeeeeeen…”.

¿Me voy, entonces?

miércoles, 11 de abril de 2007

Señora no, señorita aún

Un verso bien sutil y dirigido,
delicado y sensitivo,
quisiera componer yo.
Le ruego mi señora que comprenda,
que no sé si usted se ofenda
pero es mi declaración.


Les contaré lo que un día me pasó, una noche mejor, donde a mi vida le faltó una canción. No era una señora es verdad. Es, aún, una señorita (bajo la denominación tradicionalista de juventud, distinto del otrora significativo avance en la frontera del país sexual). Bonita como otras, pero con ojos fosforescentes a cualquier hora. De cabello castaño natural, pero atractivo como la melaza para las avispas.

Comprenda que el amor no tiene redes.
No hay nada que lo pueda detener.
Y si usted es la mujer que me conmueve,
respeto al dueño que tiene,
pero se lo digo a usted.


Mi pequeño regalo tenía la esperanza de llegar a ella y así fue, cuando su atención mostró un milímetro de distraída flaqueza en la soledad de un pasillo. Había sorpresa en su expresión pero cautela en sus manos al recibirlo. Mi emoción por entregárselo personalmente, de verla sonreír después de tanto tiempo era monumental. Sin embargo, volvió a su decepcionado remitente por no haber tarareado interiormente esta letra.

Pa' cantar entonces una canción,
y que en plena reunión,
usted me esté entendiendo.
Y el mensaje que allí mande yo,
se quede entre los do' aunque mil estén oyendo.

Pa' no herir susceptibilidad
si ante la sociedad,
usted tiene su dueño.
Y sabiendo que me entiende ya,
la cordura guardar,
hasta cuando sea bueno.


Resulta que su novio estaba con ella en la habitación contigua y yo no lo sabía. El N.N. había pasado inadvertido a su lado, pues mi mirada sólo la buscaba a ella ignorando cualquier insignificancia.

La verdad es que a mí celos me dan,
cuando la veo llegar
con su señor marido.
Y sé bien que con él está ya,
por prejuicio social
queriendo estar conmigo.


En otras circunstancias, con mayor prudencia, con otro mensaje entre los do’, quizá lo hubiera recibido y no por mero interés. Me explicó que no podía aceptarlo porque le daba pena, porque no sabía de mi gusto por ella, porque no me quería como yo sí… Excusas acostumbradas en esos casos. No mencionó al fulano y esa, creo, fue la verdadera razón por la que lo rechazó: ¡cómo iba a justificar un regalo salido de la nada en medio de una reunión!

Sabe Dios que si peco es quizás
porque eres sin pensar
un amor tan divino.
Y por eso Él considerará
si es malo entonce' hará
cambiarnos de camino.

Y si yo la quiero saludar,
digo su nombre y menciono otro pueblo.
O en una fiesta que nos encontremos,
entono la canción que ya sabemos.
Pa' que se rían cuando usted se esté riendo,
y si es caso de acuerdo nos ponemos.


Tal vez cante esta misma canción en una próxima fiesta para ella. No importa quién se ría o se moleste. Con su segundo nombre puedo hacerlo... Porque así no quiera estar conmigo será mi declaración. Y si de caminos se trata, de acuerdo (con Él) nos pondremos.