Si el Presidente lanzó una hipótesis (que resultó cierta), yo también lo puedo hacer.
El lunes 7 de enero en la noche y en una propaganda que duró cinco segundos, la televisión anunció una plancha a $29.900. Más o menos decía “Mañana, únicamente en Carrefour…”. La necesidad de comprar una plancha nueva me llevó a aprovechar la promoción del día. Fui el martes a Carrefour Cali Chipichape por ella.

Esperando a pagar en una de las largas filas, empecé a leer lo que la caja decía. Debajo de la caja, en letra pequeña y en inglés, francés y español estaba la siguiente precaución: “El cable de alimentación de este producto contiene plomo, un químico conocido en el estado de California como responsable de ocasionar ciertos defectos congénitos y otros daños reproductivos. Por favor lávese las manos después de manejar el cable”.

Sorprendido, me regresé a la sección de planchas a leer lo que decían otras planchas: ninguna decía nada, ni de la misma ni de otras marcas. Busqué otros productos, como ollas arroceras y hornos tostadores y nada: ninguno tenía la advertencia.
Busqué a uno de los vendedores para que me explicara por qué esa plancha, precisamente con esa advertencia, estaba en descuento.
Ante un “No sabría decirle, señor”, fui a Atención al Cliente. Frente a la misma respuesta, solicité llamar al supervisor o jefe de compras. A los diez minutos llegó Adriana, una muchacha amable de mirada franca que me respondió de igual forma.
“¿Usted la compraría, señorita?”, le pregunté.
“No sé… no creo…”, dijo.
“¿Por qué la venden, entonces?”.

Me pidió que esperara por una razón de su jefe inmediato (que no se presentó), y al rato la explicación que me dio, fue que ese tipo de promociones eran negocios entre Carrefour y sus proveedores (en este caso Black & Decker) a nivel nacional, y que la precaución del plomo no tenía nada que ver con el descuento.
“Pero no se preocupe… igual eso es para los que viven allá en California…”. No hay palabras para semejante estupidez.
La compré (Factura 310200…), ya no por el precio, sino por el deseo de presentar esta denuncia, cargada, no de malicia (ni siquiera indígena) sino de curiosidad y asombro. Está en uno quedarse o no callado por los atropellos que contra uno o los demás cometan. Limpiaré el cable inicialmente y luego lo forraré con cinta aislante antes de ponerla en uso. Y claro, hacerle la advertencia a la empleada de que lo manipule lo menos posible, y se lave las manos en cuanto se “desacalore” (como ella dice).

“¡Por lo menos se lo advierten!”, me dijo el primer vendedor. Y tenía razón. Es un consuelo de tontos, pero hay bastante franqueza en su premisa. Supongo que Black & Decker piensa igual al “informarlo”, así sea debajo de las cajas de los productos que luego vende masivamente a través de grandes superficies. Busqué en Internet la referencia de mi plancha (F930), y la venden en Amazon.com sin mencionar (obviamente) lo del plomo.
¿Qué otras empresas callarán lo que saben de sus productos?
Esta es mi hipótesis que no será silenciada.