lunes, 31 de mayo de 2010

La esperanza es verde

"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol".
Martin Luther King (1929-1968) Religioso estadounidense.






Si definitivamente lo atropella, habrá que seguir sembrando girasoles en otra parte, donde haya sol: en nuestra ilusión.

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miércoles, 26 de mayo de 2010

No basta

No sólo de pan vive el hombre”. Si Jesús lo dijo, yo lo apropio: no sólo de amor vive una relación.

Hay hijuemil de cosas más que suman, que restan, que hacen todas las operaciones lógicas e ilógicas (de las dos a la vez o una por una) que los amantes necesitan.

Eso de que el amor lo es todo, no es tan simple como lo de los polvos mágicos en los cuentos de niños: es parte de la historia, no el FIN. Si uno se muere de a poquitos o súbitamente de amor, no es suficiente.

Es mucho, cierto, como la gallina en un sancocho, pero para que sepa bueno necesita un pocotón de ingredientes adicionales preparados a buen fuego y sin mayor afán que el de gozarse el paseo de olla.

Apenas me doy cuenta de ello. Otra lección más por ensayo y error: como en Re-re-re… re-re-redescubrimiento.

Qué lento... Pero bueno, nunca es tarde, “y uno aprende”.

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.

Jorge Luis Borges.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Perspectivas

Esperaba otro bus en el paradero a mediodía bajo un sol corrosivo.

Uno anterior no quiso parar. Otro iba relleno. Otro no pudo parquear porque la competencia se le atravesó. Y ninguna otra ruta me servía.

No tenía tanto afán para la cita, pero el tiempo mínimo de mi tolerancia se había agotado. Comencé a refunfuñar sin tener con quién desquitarme.

¡¡¡$%-”#~*&@!!!

Y pasó algo que explicaría por qué un estudio de hace un tiempo arrojaba como resultado que Colombia era uno de los países más felices del mundo.

Un mensajero con casco, chaleco, uniforme y un gran maletín a sus espaldas iba empujando su vieja motocicleta con una caja que cubría en exceso la parrilla de carga.

Cantaba con ganas, con ritmo, hasta con buena voz, ese reggaetón de Daddy Yankee con una sonrisa que le hacía el coro.

Ella le gusta la gasolina
(Dame más gasolina...)

Como le encanta la gasolina
(Dame más gasolina...)

Se la cantaba a su moto cambiando el tono de voz en cada verso del coro para imitar el diálogo de la declaración.

Ella le gusta la gasolina
(Dame más gasolina...)

Como le encanta la gasolina
(Dame más gasolina...)

Pasó frente a mí, lento, tranquilo, confiado, paciente, alegre, buscando la gasolinera que estaba aún lejos de aquella esquina.

Fue suficiente para esbozar una carita feliz en mi rostro, la misma que tenía el sol que me siguió acompañando cuando comencé a caminar en busca de ¿mi destino?

Así es la vida.
Dura y divertida.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

Amor sangrado

Tenía hambre.

Y daban galletas.

Y jugo.

Y agua.

Y la tarde anochecía con la nostalgia de un día difícil.

Y lo hice.

Siempre había querido hacerlo.

La tristeza también es un factor motivador para vencer el miedo.



Después de un chuzón en el dedo que midió mi hemoglobina y una entrevista que evaluó mi viabilidad como posible sano donante, puse mi ala izquierda llena de plumas de gallina a merced de una aguja que parecía palito de Bom Bom Bum.



En casi ocho minutos una bolsa se llenó con mi líquida vida carmesí.

Ojalá el receptor se quede con lo mejor de mí. Sangre sin decepciones: sólo alegrías.

Buena caridad en gotas.



Algo de mí se iba para bien.

Ojalá fuera así con todas las cosas.

En especial con las personas.

Y más especialmente con los amores.



A propósito, ¿y el amor?

¿Por qué hay quienes lo rechazan y lo rechazamos?

¿No es, pues, donante y receptor universal?



¡Dona!



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domingo, 9 de mayo de 2010

Día de la madre

Madrugada de insomnio.
Vueltas en la cama.
Prendo el radio.
Las voces del secuestro” en Caracol.
Mensajes en vivo y en directo.
Las mamás saludan a sus hijos militares que se encuentran en la selva.
Les dicen que tengan salud, ánimo, alegría.
Les dicen que recen, que están con Dios, que tengan fe.
Les dicen que sus familiares están bien.
Les dicen que se cuiden, que se alimenten bien.

(Como si dependiera sólo de ellos).

Una madre comienza a llorar.
Dice que este día, el de la madre, es el más triste para ella.
Su hijo está secuestrado, precisamente, desde el 9 de mayo de 1996.
14 años sin él.
14 años sin ella.
Pregunta cuándo le dirán feliz día de la madre otra vez.
Quiere a su hijo de vuelta.
En libertad.

Y hay quienes no la honran ni siquiera con unas palabras sinceras de afecto y agradecimiento. Deberían volarles la madre con un merecido madrazo…

¡Feliz día, má!

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miércoles, 5 de mayo de 2010

Alma gemela

Es raro que las almas hermosas no emparejen con sus semejantes”.
¿Shakespeare?


No sé cómo se entendían entre una seguidilla de vallenatos “coon sentiimiiieeeentoooo…”, lenguas adormecidamente trabadas y estruendosas carcajadas repetitivas.

Mi hambre no iba a esperar a que pasaran el guayabo, así que me senté en la mesa de al lado mientras me servían. Era un restaurante a las siete de la noche y no una cantina a las cuatro de la mañana.

Hombres todos, delirantes de whisky, con razones perdidas en la compinchería de una tomatina dominguera.

Y alcancé a traducir del espaborrachín esta frase: “un hombre con una sola mujer no existe… eso es como si sólo tuviera una güeva… por eso es que uno tiene dos…”.

Estuve a punto de dejar mi comida, levantarme con ímpetu, dirigirme enérgico donde ellos y con una voz clara y firme pedirles que… me invitaran un trago mientras escuchaba sus historias.

Pero no. Seguí escuchando. Y comiendo.

Y dijeron (la verdad supongo, haciendo honor al dicho que reza que sólo ellos y los niños la dicen), que eso del alma gemela era puro cuento.

Y me acordé del misterioso trance que sufre Homero Simpson cuando por culpa de una fuerte enchilada conoce a su espíritu guía, un sabio y salvaje coyote que le confronta lo que para él era claro: que Marge es su alma gemela.


¿Cómo hace uno para conocer a su alma gemela? ¿Qué es eso? ¿Cómo se sabe quién es? ¿Qué criterios hay para juzgarla como tal? ¿Qué características físicas, mentales, emocionales o espirituales la ponen en evidencia? ¿Cómo es mi alma para buscar una igual? ¿Si es igual a mí, en qué me complementa?

Si existiera tal lista de chequeo y tal persona, ¿la búsqueda terminó? ¿Qué búsqueda? ¿Y si desconociéndola, pasa por nuestra vida inadvertida accidentalmente o descuidada intencionalmente? ¿Lo importante era el destino antes que el camino? ¿Y luego qué sigue, si la vida se había pasado en esas? ¿Y si le falta algo a ese alguien o a mí? ¿Una güeva o una teta es el alma gemela de su gemela?

¿Alguna respuesta?

Buscándola, la respuesta, les invitaré un trago para sacarles alguna otra verdad (?).

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domingo, 2 de mayo de 2010

Principio de contradicción

1. m. Fil. Enunciado lógico y metafísico que consiste en reconocer la imposibilidad de que una cosa sea y no sea al mismo tiempo.

Tarde extraña la de este domingo, como para recordar el verso de un dicho popular: "cuando llueve y hace sol, son las gracias del Señor".

Es increíble ver cómo las nubes de color basalto en un fondo azul celeste llueven en dos o más direcciones. Las gotas de agua, a merced del viento, caen presurosas en diferentes ángulos en una coreografía kamikazesca (literalmente, "viento divino") para formar tramas que varían en los pocos segundos de vida que les quedan antes de llegar al suelo. Se retan unas a otras de izquierda a derecha o de derecha a izquierda y de allá para acá y acá para allá, pero todas, yendo en direcciones contrarias, son hermosas en su conjunto.

Es como las personas que nos alegran y entristecen simultáneamente...

Principio de contradicción: raro eso...

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miércoles, 21 de abril de 2010

Héroe de la infancia

Lana sube, lana baja. Cada vez que escucho esta adivinanza me imagino a la oveja recién trasquilada por ‘la navaja’, huyendo en un ascensor desnuda con su lana en un par de maletas.

Supongo que tan extraña asociación parte de la vez que me corté la palma de mi mano izquierda con la navaja de mi hermano. Me había dicho que no la fuera a abrir, a sacar la cuchilla, pero uno a los siete años tiene más curiosidad que un gato y pasó lo que tenía que pasar. Con la franela del carro me tapé la mano y el rojo del trapo y la sangre me hicieron una buena coartada, hasta cuando mi hermano me la pidió: empapada de mí, me delató. Por fortuna, en esa hora de temerosa valentía, la herida ya había cicatrizado.

A pesar de este incidente mi gusto por las navajas siguió. Obviamente no podía tener una siendo niño pero quería utilizarla en todo momento, en todo lugar: si MacGyver lo podía hacer, ¡yo también!

Salía victorioso de complicadas situaciones donde su vida y la de quienes ayudaba estaban en peligro. Tomaba sólo algunos elementos de su alrededor, cosas simples de uso común, y con menos que una pizca de suerte construía soluciones prácticas al problema que fuera. Y ahí estaba su mejor truco: en saberla utilizar inteligentemente.

Eso de luchar contra los malos sin armas de fuego y sin matarlos era más que una historia de ficción: era un estilo de vida. Todo televidente después del programa quería andar por el mundo con una navaja suiza multiusos dañando, reparando, inventando y enseñando muchas cosas. Cuántas aventuras compartí con él en la televisión cada tarde: me sentía empleado de la Fundación Phoenix y amigo de Pete, nuestro tolerante jefe.

Mi primera pequeña navaja llegó a los 15 años, tarde, pero la ilusión de hacer y deshacer con ella seguía intacta. Sentía el poder en mis manos cargándola a todas partes y sacándola para abrir hasta un paquete de papitas. A propósito, me la enterré en la barriga al tirarme a la cama sin tender. La cuchilla estaba abierta y sólo penetró la sábana y mi generosa capa de grasa sin afectar nada más. Pero esa es otra historia.

Una navaja con más servicios fue mi regalo de grado. No he llegado nunca a utilizar muchas de esas cosas que trae porque simplemente no he tenido la oportunidad de, por ejemplo, castrar un novillo con la filosa cuchilla gurbia. Algún día lo haré.

Richard Dean Anderson, su protagonista, a pesar de que en un capítulo de Los Simpsons dice que sólo la hacía por dinero, marcó la vida de muchas personas. La mía inclusive. Sigo comprando herramientas multiusos, ya no sólo navajas, porque la fantasía de ayudar a los demás con ellas se vuelve realidad cada vez que se necesita.

Y como Patty y Selma, hermanas de Marge Simpson e hinchas furibundas de MacGyver, yo tampoco dejaría que hablaran mal de nuestro héroe, pero también me escaparía de ellas con mi navaja si me secuestraran (como en ese mismo capítulo) por contradecirlas en su gusto macgyveriano.

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martes, 20 de abril de 2010

Uribe es un "vendedor de caballos viejos"

Así se refiere Gustavo Álvarez Gardeazábal a Álvaro Uribe Vélez.

Me llamaba la atención que, como comentarista de La Luciérnaga de Caracol Radio, usara frecuentemente ese calificativo para describirlo: yo no he visto nunca a un vendedor de caballos, y menos de caballos viejos, pero con tremenda metáfora es evidente la capacidad que tienen las palabras para crear imágenes tan reales que superan a la misma realidad. ¡Qué buen apodo!

Asistí al Conversatorio con el Presidente realizado en la Universidad Autónoma de Occidente este 20 de abril con la misma curiosidad (felina, por supuesto) con que fui al Circo Ruso sobre Hielo.

Quería vivir esa experiencia lejos de las radicalidades políticas que corroen al país, y sentirme un mero observador desprevenido, no del gobernante, sino de la persona.

Y sí, Gardeazábal (al escritor vallecaucano le gusta que le llamen por el apellido de su madre) tiene toda la razón. Yo, y muchos de los asistentes, le compraríamos todas las bestias de segunda mano que ofreciera a la venta. ¡De contado y sin pedir rebaja!

Su habilidad con la oratoria es innegable: le queda fácil ganarse tanto los aplausos como las rechiflas del respetable público y utilizarlos a su favor en todo momento. Es como esos luchadores de artes marciales que aprovechan la fuerza del contrincante para hacerle daño.

El carisma de líder lo impone y se lo adjudican, así que eso de "manipulador" (se lo dijo un estudiante en uso de la palabra) no es del todo cierto: el auditorio, el pueblo, también se lo permitimos. Es que si le dan papaya, con mano firme y corazón grande, la aprovecha.

Ahora entiendo por qué ha durado ocho años en el poder, y pudieron haber sido muchos más. Con razón sus contradictores no lo quieren y sus seguidores lo quieren. Ambos bandos tienen razones verdaderas para "quererlo" de alguna manera.

Sea cierto o falso su discurso (de eso se encargará la historia y la justicia... ojalá...) lo sabe transmitir. Y ahí está su secreto, en el 'cómo' antes que en el 'qué': "Decir las cosas de otro modo para que de otro modo sean comprendidas", dice Saramago.

Dos frases para destacar en medio del debate que permitió a través de preguntas abiertas. Primera: alentando a un estudiante a que hiciera una comprometedora pregunta pero en un tono menos agresivo: "Sin susto, pero con respeto"; el público lo aclamó con sonoros aplausos. Segunda: cuando una estudiante le reprochó las excesivas medidas de seguridad de acceso al auditorio, él le respondió: "Se requisan las armas, no los pensamientos"; el aplausómetro casi que lo reelige para otro periodo más.

Y habló (y no habló también) de política y de politiquería... de esas cosas que vuelven mezquinos a los ciudadanos por no darse la mínima oportunidad democrática de escuchar al otro, así nuestro Presidente sea el mejor vendedor de caballos viejos en día de mercado de cualquier pueblo colombiano.

Uno de estos insensatos personajes que juzga desde su sabelotuidad me dijo eufórico al verme entrar al auditorio: "¡¿Para qué vas a ver a ese payaso?!". "Para que me haga reir...", le respondí.

Y lo hizo... :)

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jueves, 15 de abril de 2010

Cómo atrapar a un gato

De noche, todos los gatos son pardos”.
Dicho popular.

El gatito, de unos cuatro meses, lloraba desde el mediodía. Intentaron cogerlo, pero su agilidad superaba las buenas intenciones de los vecinos. Unas sobras de comida que le tiraron no las recibió; yo tampoco las hubiera aceptado ni como plato principal.

Al atardecer, al verse acorralado por una cantidad de niños con sus madres, se metió al motor de una camioneta en el parqueadero y ahí se quedó el muy rebelde.

Salí a comprar cordones (¿condones…? ojalá…) para unos viejos zapatos y llevaba la muestra roída por tantas ataduras a mis pasos. Escuché tremendos chillidos y lo encontré bajo unos arbustos. Y claro, pardo.

Unos niños de la unidad residencial de enfrente gritaban, tan desesperadamente como el gatito, que alguien lo atrapara para devolvérselo.

A la primera correteada obviamente el gatito huyó tan veloz como El Correcaminos. Y al igual que mi colega Wile E. Coyote, me senté a pensar cómo atraparlo. Sólo me faltaba el paisaje desértico y la música de fondo: tan tararán tararará… tararán tararán tararará…

Como ya he experimentado a favor y en contra la Ley Universal Felina, recurrí a ella para, no matarlo, sólo atraparlo. Mi paciencia tentaría su curiosidad. Y bueno, también pedí la ayuda Divina de El Gato de la Guarda, el mismo al que invoco en “Rata de dos patas”.

Mis viejos cordones no me podían fallar ahora. Sus ojos se abrieron al ver tremendo juguete marca ACME: ¡qué no se me arrancaran al primer manotazo del gatito!

Y luego de un buen rato de juego, al borde de la locura por sus incansables maulliditos, se animó, ya no sólo a mostrar sus filosas garritas, sino su cabeza por entre las ramas.

Y cual resorte de trampa para ratones: ¡JUALÁS!

El gatito no supo en qué momento estaba cerca a mi pecho. Sentía los latidos de su corazón aceleradamente temerosos. Lo acaricié un rato hasta cuando empezó a ronronear y me habría encantado extender ese enternecedor presente, pero la gritería de los niñitos por la emoción de ver a su gato me sacó del deleite.

Una niñita, con los ojos llorosos, hizo que los míos hicieran lo propio cuando le entregué su gatito. Un gritado "gracias" fue la recompensa que necesité para esbozar una sonrisa, de esas que sólo salen de vez en cuando.

Me sentí un bombero bajando de un enorme árbol el gatito de una cariñosa abuelita. Me convertí en un Boy Scout haciendo la buena acción del día.

De tantas cacerías literarias en esta bitácora, ahora era un verdadero cazador. No casado, pero cazador.

¿Azar o destino? Da igual.

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martes, 13 de abril de 2010

Fácil y difícil

Del amor...

Es fácil:

  1. Parpadear y concentrarse en ella.
  2. Sentir por los dos.
  3. Soñar cada noche.
  4. Pensar sin lógica.
  5. Saborear un recuerdo.
  6. Imaginarse felices.
  7. Mirarla.

Es difícil:

  1. Abrir los ojos y ver que no está.
  2. Sentirse no correspondido.
  3. Levantarse solo.
  4. Utilizar la razón.
  5. Olvidar un momento.
  6. Vivir destinos.
  7. Mirarla.

Fácil… ¡Enamorarse! Yo.


Difícil… Desenamorarse… Yo (again).



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miércoles, 7 de abril de 2010

Plumífera soledad felina

Allí.
En alguno de los árboles.
El parque es su casa.
Cada rama es su ventana.

Es tarde.
Es noche.
Es madrugada.
Ella sale puntual.

Hace lo que sabe.
Canta. Llora.
Sabe lo que hace.
Advierte. Llama.
Y todo bien.

Sus palabras son lúgubres.
Sombrías. Nocturnas.
Valientes. Solemnes.

Pero nada escucha.
Nadie le habla.
Nadie la busca.
Nadie la llama.
Ni el silencio le corresponde.

Sola.
La lechuza está sola.

También yo.

Y le hablo, la busco, la llamo.
Como el amor, tampoco contesta.

Solos.
Los dos estamos solos
Cada amanecer.

Ululamos suspiros... maullidos...

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