miércoles, 28 de mayo de 2008

Es diferente

Las nuevas propagandas radiales de Deprisa promocionan sus diferentes servicios de transporte de carga y mensajería con una publicidad interesante:

No es lo mismo carro que tarro, tono que bono, lino que pino, o traste que sastre. No es lo mismo historia sin fin, que un gran puerco espín, loco que poco, Raimundo que inmundo, o las doce y tantico, que las doce en puntico.

Prometer que cumplir, juzgar que argumentar, suponer que afirmar, creer que probar. Esta idea (también convertida en canción por Alejandro Sanz) sirve para revisar dos conceptos en particular, ‘entender’ y ‘aceptar’, que la sociedad ha confundido como similares.

Un ejemplo: “Es que tú no me entiendes”. Sirve para justificar que todo acto de capricho, malparidez o silencio es válido para la persona, a pesar de no tener una sensata explicación ante la pareja. No creo que exista una razón válida más complicada que una ecuación matemática o un concepto antropológico que no pueda entenderse hablando. Su tergiversado equivalente entre líneas es “tú no me aceptas”, y es ahí cuando las fronteras significativas desaparecen, y su equivocado sinónimo toma posición sobre el tema con el fin de expresar el descontento que ocurre al no aceptar, absolutamente, la perspectiva del otro. Es cuestión de negociar y ser conscientes de que no todos podemos aceptar todo lo de la pareja, por más que la queramos. Así que en vez de subestimar la inteligencia de la otra persona y hacer melodramas, es mejor comunicarse para llegar a un acuerdo: el que entendamos no significa que otorguemos razones porque sí.

No es lo mismo farándula publicitaria que cura contra la malaria. Ni leones que balones, ni vámonos de rumba que durmamos en la tumba. Karina que harina, Helena que melena, Marcela que parcela, Paula que aula. O las nueve y pucho que las nueve en punto.

“Yo te entiendo” es la otra frase utilizada para darle la comba al palo a los problemas, sobre todo, en las relaciones jerárquicas. La dicen principalmente los actores que tienen poder para actuar, pero que por negligencia o arbitrariedad, no lo hacen. Así que se limitan a escuchar las quejas o las sugerencias de los demás, para al final contentarlos con la confirmación de que “entendieron” las necesidades u oportunidades discutidas en la charla. Es una exaltación de su sobrada inteligencia, capaz de entender racionalmente todo lo que decimos, pero inhabilitada para actuar. Su equivalente (también equivocado) es un “no puedo o quiero aceptarlo”, y va seguido de un “pero…” que justifica motivos para no hacer algo al respecto. Es un aliento para los desesperados demandantes, pero nada más: el que entienda la situación no soluciona el problema.
No se parece el día que me quieras, a no me tires piedras. Ni tampoco campamento a pegamento, o cemento a firmamento. Banda de rock a un poco de arroz, Indonesia a india necia, Malasia a falacia, ni ya casi voy, a hoy.

Estos significados inventados por conveniencia o ignorancia hacen parte ya del lenguaje cotidiano. Sin embargo, no pueden ser válidos en su forma por el mero hecho de existir, y menos en su esencia, porque para eso existe el buen uso de las palabras; y más que las palabras, la sensatez de quienes las pronuncian. Por eso me gusta la nueva publicidad de Deprisa (ya si cumplen o no su promesa es otro tema).

Es lo mismo, pero diferente. ¿”Entienden”?

miércoles, 21 de mayo de 2008

Instantes eurekescos

El carro había salido del taller por mantenimiento, y al día siguiente había algo extraño en el sonido del motor.

¿Qué es lo que le suena al carro? De nuevo en el taller, el mecánico improvisaba respuestas ante tales atípicos síntomas. Un ruido-raro era la única pista del diagnóstico. Mi onomatopeya del sonido no ayudaba mucho: “BruuuhmmmThrrrrhhhhmmmm”. Lo preocupante era la ‘T’.

Luego de una tanda de aceleraciones a fondo y mirando y tocando y oyendo al motor, el mecánico se arriesgó a revisar las correas de distribución. Claro, con más superstición que certeza, porque el ruido no apareció. Las correas eran nuevas y él mismo las había cambiado, así que la cuestión era seguir los pasos dados anteriormente para cumplir con la garantía de su trabajo.

Comenzó a aflojar tornillos que tensaban el caucho acanalado. “De pronto es el patín… o los rodamientos del alternador… o si no es el aire acondicionado… todo va agarrado de allí…”. El pronóstico sonaba costoso.

Ya sin las correas y con el carro inmovilizado, el ruido no apareció. Con algo de alivio por el “menos mal…” del mecánico, éste volvió a sujetar las correas en sus respectivas poleas. “Eso es que estaba muy templada… la aflojé una cosita de nada”.

Arranqué, y al llegar a la primera esquina de la cuadra el ruido-raro seguía. Una vuelta a la manzana, y de vuelta al taller. “Maestro, eso sigue sonando”, le dije. Su cara de interrogante era ahora de admiración. Luego de media hora más de “adivinación”, me remitió donde otro colega.

Al despedirme le comenté que me iba a ir retumbando por la calle, sobre todo cuando metía los cambios… Su mirada se perdió por unos segundos en un trance que para él serían eternos, sus ojos parecieron brillar más, pero simplemente fue que los abrió para decirme “¡ya sé lo que es!”. Su sonrisa apareció, como el ruido, y emocionado le dijo a su asistente “pasame la diez de copa”.

El recién cambiado filtro de aire no estaba sellando como debía, de manera que la entrada de aire convertía al dispositivo en un rústico fuelle. Como en las primeras pruebas el carro no se movía y el ruido no había aparecido “murphysticamente”, el desfogue por el relevo de los cambios en la combustión del sistema no se presentaba. Con Pegadit y un trozo de neumático, reforzó el empaque del filtro y problema solucionado.

La leyenda cuenta que Arquímedes descubrió una aplicación del empuje del agua mientras tomaba un baño, y gritó “¡Eureka!” (del griego εὕρηκα, ‘he hallado’, una conjugación perfecta de εὑρίσκειν, ‘hallar’). ¿Cómo ocurren esas “iluminaciones”? ¿Qué sinapsis extraordinaria requiere el cerebro? ¿Por qué no ocurre con más frecuencia o en el momento requerido?

La imaginación es un acto creacionista. Son increíbles, bíblicamente fantásticos, esos milisegundos de brillantez mental. Tal vez sea un hecho aburrido para una mente experimentada, pero para el que lo vive con asombro y está atento a esos instantes eurekescos propios o ajenos, se convierte en un hecho fenomenal. Me encantan. Porque a veces es mejor disfrutar la magia que conocer el truco. Luego llegarán las aguafiestas razones.

jueves, 15 de mayo de 2008

A los profes

En 1999 escribí "CartAcróstico", texto publicado con motivo de la celebración del día del profesor en la Universidad. Nueve años después lo presento y lo celebro nuevamente hoy.

A quien corresponda:

Por medio de la presente quiero expresar pensamientos y sentimientos que surgen desde los diferentes pupitres donde mi tiempo se ha sentado con la razón, para ser partícipe activo del proceso enseñanza – aprendizaje que sólo terminará el día en que mi misión cambie con la muerte.
Retroalimentar las situaciones en las que entramos en conflicto cuando uno de los dos no reconoce el valor del otro, es una necesidad fundamental para el mejoramiento continuo de nuestra existencia, pues ¿de qué sirve el proceso si no fortalecemos sus debilidades?.
Organizar su plan de trabajo no significa tener que cumplir con un programa rígidamente predeterminado, con la inútil intención de calificar mi desarrollo intelectual en escalas numéricas; el proceso debe ser flexible pues ya es hora de que la solemnidad de su título como profesor se transforme.
Fomentar la creatividad en la búsqueda de soluciones factibles ante problemas tanto de su materia como de la vida misma, es uno de los diversos espacios que deben crearse en su clase como una herramienta motivadora de cultura, diálogo, discusión y respeto por el otro.
Estoy convencido de que su función no es sólo transmitir información veraz sino también despertar en nuestra mente criterios racionales y emocionales, que sirvan como parámetros para gozar nuestra libertad intelectual con una responsabilidad personal y social a través de nuestra profesión.
Ser congruentes en la teoría y práctica conlleva a cumplir mis expectativas de la temática, que en el tablero y con tiza, pretende trascender en mi vida más allá de las puertas del aula de cualquier institución educativa.
Otros canales de comunicación entre los dos deberían establecerse para que el buen trato sea un elemento constructivo de nuestra relación interpersonal, pues qué bueno es saber que la mutua asertividad brinda la atención y la percepción de nuestra realidad.
Recuerde que en nuestra memoria perdurarán tanto sus enseñanzas, aprehendidas por nosotros, como su ejemplo motivador de ser cada día mejores; y sobre todo la tranquilidad de saber que fuimos, somos y seremos compañeros y amigos de un mismo salón.

Atentamente,

Yo

Posdata: Gracias por compartir lo que desconocemos hasta que nos conocemos y acepte mis disculpas por los momentos en que su paciencia sobrepasa los límites de su vocación.

Hay cosas que no han cambiado, como la pertinencia del mensaje y la importancia de la postdata Qué ñoño...

A todos los profesores, que lo son o lo aparentan, gracias y felicidades.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Nómada

Movimiento: eso somos.

Los pastores, los cazadores-recolectores y los gitanos lo descubrieron hace tiempo, y aún hoy sus descendientes mantienen el nomadismo como estilo de vida. Esto se considera un aporte a la ecología del planeta, por las buenas prácticas de respeto a los recursos del entorno y los principios de libertad, autonomía e igualdad que ello implica.

El sabor del chicle se pierde con el tiempo. Es inevitable. Y si no lo fuera, sería hostigante prolongar su gusto indefinidamente. ¿Por cuánto tiempo estaríamos dispuestos a hacer el mismo trabajo? Así lo hagamos bien, ¿un año? Así nos paguen bien, ¿cinco años? Así lo disfrutemos, ¿20 años? ¿Cuándo nos aburriremos de repetir lo mismo o de experimentar sus pequeñas variaciones bajo el mismo techo?

Hay dos situaciones que determinan nuestra permanencia en un mismo cargo o una misma empresa: el mero gusto y el propio miedo. Si abusamos de nuestro sentido, las papilas gustativas pueden atrofiarse hasta perder la sensibilidad que antes nos hacía sentir placer. Y si no afrontamos nuestro temor al mundo exterior, jamás descubriremos qué otras cosas hay en el mundo que rodea a nuestra oficina.

Me aterra saber que la comodidad sintetiza nuestra satisfacción. Para qué desgastarse buscando otro empleo, o para qué conocer nuevos ambientes, o para qué tejer nuevas amistades. Al sentirnos cómodos matamos la curiosidad innata humana, la raíz del ingenio y el mejoramiento continuo (y no me refiero únicamente a los temas empresariales). Sin ahondar en el tema, por ahora, creo que en eso se resume el amor, en comodidad mutua (!).

Y hay dos situaciones que determinan nuestro abandono laboral: la ambición y la necesidad. Por la plata baila el mono, aquí y en Cafarnaum, así que sobre el tema no hay mucho que opinar: cada quién medirá el tamaño de su e-go-lsillo. Pero cuando es por necesidad debemos entender que es por la obligación que la situación actual colombiana dictamina: un contrato de trabajo a término indefinido es un Balotto.

Es una lástima que las empresas se aprovechen del mercado laboral, con el facilismo de escoger una uva de todo un racimo de todo un cultivo de toda una región de todo un país. Y peor aún, que la uva de al lado sea descartada por no tener “la palanca” que tenía la primera para entrar en la boca del empleador; la formación, la preparación y las ganas ya no cuentan. Otra cosita que me indigna: que los responsables de selección de personal juzguen esta situación como una inestabilidad mental o falta de compromiso del candidato; por favor…


Todo esto para tratar de entender mi desarrollo de carrera desde la perspectiva de la evolución del hombre: soy un nómada laboral. Una vez más, para sorpresa o indiferencia de mis vecinos agricultores sedentarios que han echado raíces en suelo ajeno, me alejo con tristeza y por obligación, de mi trabajo. Las condiciones de la tierra cambiaron por fuerza mayor, y es necesaria mi partida a tierras más fértiles por buscar. Gracias a Dios por lo recolectado: volveré cuando el suelo esté verde de nuevo.

Cambio, eso también somos. Arriesguémonos y viajemos.


miércoles, 30 de abril de 2008

101

101… ¿Dálmatas? ¡Bah!

101 ‘entradas’ en mi bitácora personal. 101 escritos y fotografías publicadas a la fecha en este Blog.

El miércoles 7 de septiembre de 2005 publiqué mi primer artículo, “De verdades y mentiras”, y luego, dos escritos en seis meses después, presenté lo que sería el derrotero de esta bitácora: “¿Qué y/o cómo?”.

A partir de ahí me propuse publicar una columna semanal cada miércoles, día escogido por haber sido el día que publiqué originalmente, y también por la relación lingüística con Mercurio, dios de la comunicación en la Mitología Romana. Además, es un buen día para que los lectores tengan tiempo de leer mi mensaje en la bandeja de entrada de sus correos electrónicos entre semana.

Y he cumplido. Bueno, en un par de ocasiones he publicado un día no-miércoles, pero no creo que los dioses se pongan celosos por mi cambio en la agenda. Y espero seguirlo haciendo. Ha sido productivo el ejercicio de disciplina sistemático en el desarrollo de los gustos personales y las habilidades artísticas. La pintura y la fotografía siguen esperando su turno.

El Marqués de Carabás es un diario (semanario, sería la palabra correcta) con algo de periodismo y narrativa literaria, donde reflexiones individuales se socializan para el conocimiento y el entretenimiento de sus lectores. Su objetivo no es cambiar al mundo sino reconocerlo a través de las cacerías del gato.

Sobre esto, una nota: la idea de la cacería es una alusión a lo que mi gato hacía cuando cazaba una torcaza en la cuadra. Su presa la llevaba a mi cuarto, a mi cama, donde yo la vería con seguridad, porque eso significaba (en general, para cualquier dueño que antropologiza a su mascota) la gratitud, la ofrenda, el regalo que compensaba las atenciones que yo procuraba para él. Así, mi observación y mi creatividad cazan para mí lo que yo trato de cazar para ellas con lectura, la reflexión y el diálogo con otras personas sobre temas comunes o no para el resto del mundo.

Desde su creación la lista de correos electrónicos de lectores ha crecido lentamente, un poco más de 200 personas a la fecha. Resulta fácil copiar la lista de interminables destinatarios de Spam que manda cualquier fulano para re-re-re-reproducir mis escritos, pero hasta ahora creo que ese no es el medio para darlos a conocer.

Horas de reflexión personal en que la improvisación y la planeación se dan la mano muchas veces para dar a luz nuevas marquesadas, son resumidas en artículos de más o menos 340 palabras, acompañados por imágenes propias que ilustran o son la fuente de los mismos escritos.

Más aventuras del gato y su amo llegarán. Y con ellas, la convicción de la libertad, la alegría, la tranquilidad y el amor. A todos los lectores (853 registra el contador de visitas de mi perfil, sólo al perfil) muchas gracias. Invitados siempre a compartir nuevas oportunidades de conocer lo que nos rodea y a nosotros mismos, con la certeza de una curiosidad insatisfecha, la esperanza de una sonrisa y algo de buena fe en los terrenos de Carabás.

Transformación.

Juego.

Imaginación.

Confianza.


Miau…


Los más comentados:

"Chao bigote" y "Zen-amor-a-uno"

El más sensato:

Intercambio

El más preguntón:

Urbano

El más ñoño:

Amar es corporeizar

El más felino:

La vida, como debería

El más enamoradizo:

Y tú sin mí

El más apasionado:

Simplemente Lo

El más de malas:

Infracción 77

El más sentido:

"No 'exijo una explicación'"

Una historia:

Bajo un árbol la encontré

Una foto:

Mojadita

Una denuncia:

Hipótesis

Uno cualquiera:

No siempre los gatos caen de pie

miércoles, 23 de abril de 2008

Contrato leonino

Por una alusión a la fábula de Esopo, Las partes del león, los contratos comerciales ventajosos para una sola de las partes se conocen como leoninos, una definición bastante ilustrativa de la marcada diferencia que puede haber entre el cazador y su víctima.

Y estas instrucciones son la síntesis que contempla el alcance de los derechos y obligaciones que las partes aceptan al momento de firmar un acuerdo con todas sus cláusulas: dar, hacer, no hacer. Una observación: la claridad de los términos nada tiene que ver con el oscuro camino que hay que recorrer para cumplirlos.

Si toda figura comercial está condicionada por estas definiciones, ¿cómo se vivirían en las relaciones interpersonales, y más precisamente con las que involucran al amor como objeto lícito del contrato? Propongo las siguientes pautas “básicas”, “normales”, “generales”, “obvias”, “mínimas” de cualquier relación relacionadas con dichas exigencias contractuales vistas en mi clase jurídica de Propiedad Intelectual e Industrial:

Dar. Hay que dar amor, paciencia, gusto, atención, confianza, respeto, flores…

Hacer. Hay que hacer el amor, hacer lo que se dice, hacerlo bien, hacerlo con responsabilidad, hacer lo que la otra persona quiere en la justa medida de la dignidad y el goce mutuo…

No hacer. No hay que hacer el amor con otras personas, no hay que incumplir la palabra, no hay que hacer adrede cosas que molesten a la pareja, no hay que irrumpir la tranquilidad de la convivencia, no hay que hacer lo que uno únicamente quiere, no hacer peticiones que no estoy dispuesto a seguir igualmente…

¿En qué momento, hombres y mujeres, usamos y abusamos de dichos parámetros contractuales, explícitos o no, para “amarrar” a la persona con un amor disfrazado de costumbre o interés?

Claro, hay otros verbos que también están presentes desde la formalización, la vivencia y la terminación de un noviazgo o matrimonio: tener, ser, parecer, sentir, decir, pensar, creer… ¿Qué situaciones pueden experimentarse con estas otras formulaciones verbales-reales de las relaciones?

Mi propuesta es: dar, libertad; hacer, lo políticamente correcto; no hacer, juicios. ¿Trato? ¿Leonino o gatuno?

viernes, 18 de abril de 2008

Perro come perro

La Revista El Clavo y Antorcha Films realizaron cuatro conversatorios, con lleno total, sobre la película caleña Perro come perro, los días 14 y 15 de abril de 2008 en las universidades Autónoma, Javeriana, Icesi y Univalle. Cada conversatorio fue una charla amena entre los asistentes y algunos de los realizadores de la película, como lo son los actores Marlon Moreno, Óscar Borda y Álvaro Rodríguez, el Director Carlos Moreno y el Productor Diego F. Ramírez.

Una de las ediciones de El Clavo (la 13, cuando todavía era ‘Periódico’…) aparece en una de las escenas de la Película en las manos de Cristhian Carvajal, actual editor de la Revista. Los invito a todos a ver esta película colombiana, y a pillarse los primeros y no últimos segundos de fama nacional e internacional de El Clavo.

Los afiches publicitarios de la Película citan textualmente apartes de los diálogos de los actores. A continuación, la libre versión marquesiana de uno de ellos:


miércoles, 9 de abril de 2008

Sí señora

Una nota para los seguidores de esta bitácora: este artículo sería paralelo a “¿Sí señor?”.

Cuando pequeño, en la casa no me enseñaron a responder “sí, señora”, a cualquier pregunta que una mujer me hiciera y que correspondiera a una respuesta afirmativa de mi parte. A mi mamá le decía “sí, mamá” por respeto, pero la lección no fue extendida a otras personas, ni siquiera a hombres.

El “sí, señora” se me pegó, a la brava, de una gigantona santandereana de 115Kg que me arrendó una pieza por unos meses en Chía, Cundinamarca. Por su temperamento fuerte, en más de una ocasión sus ojos se le salieron de los párpados cuando no le respondía como ella quería los primeros días de nuestra convivencia. “¡Sí, qué! ¡Sí, qué!”, refunfuñaba levantándome el mentón y esperando la respuesta completa: “Sí, no, no sé, señora”. “¡Mucho toche, usted!”, me decía después.

En ese tiempo la obligada respuesta se incluyó, por condicionamiento conductual, en mi léxico. Soy el ejemplo de que la letra (en este caso, los modales básicos) con sangre (en este caso, con forzosas repeticiones) entra (en este caso, se tallan en la lengua).

Esa fue la única lección de La Urbanidad de Carreño “enseñada” por Doña Martha (cuando me cambié a una cabaña en medio de La Sabana, me di cuenta de que se llamaba Bertha). Y me sirvió. Para muchas personas mayores, esta respuesta tipo es bien recibida como señal de buena educación.

El problema está en que la inercia de mi mente me ha hecho quedar mal en más de una ocasión, al responderle “sí, señora” a un señor, joven, niño, anciano… Una de las metidas de pata que recuerdo, fue cuando le respondí de esta manera a mi ex jefe de logística a través de la frecuencia abierta de radioteléfono de la empresa: las carcajadas de todos los radioescuchas, subalternos míos, no se hicieron esperar; igual me pasaba en reuniones de planeación de calidad: los asistentes reían por mi espontánea confusión de género (que el jefe siempre la tomó como una burla) hacia el macho-alfa dominante del grupo.

Y no falta la mujer, de cualquier edad, que añorando vivenciar las condiciones virginales de otras épocas (las fisiológicas propias y las socioculturales ajenas) se apuran a hacerme la bromista aclaración: “Señora no; señorita aún”. Y como a las mujeres hay que darles gusto, se les dice lo que quieren escuchar.

Disléxico, desconcentrado o traumatizado quizá, procuraré dar la respuesta correcta según corresponda al sujeto de mi interlocución. Me ahorraré molestias (machistas) en los hombres y engaños (añorados) en las mujeres.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Supervivencia

No tiene nombre de pila; llamémosla, Michu, femenino del nombre genérico Micho, con el que se bautiza a todo gato.

Ahora mismo Michu vive sola en la casa de una vecina nuestra en Pasto, Luchita. Luchita puso en venta dicha vivienda en diciembre, pero en la mudanza Michu se escabulló en los fríos techos de las otras casas para permanecer radicada en su primer hogar.

Con la paciencia del tremendo remordimiento de consciencia que siente un propietario por no poder llevarse consigo a su mascota, Luchita la siguió visitando todos los días como penitencia para llevarle agua y comida. Temerosa de ser agarrada y trasladada a cualquier parte (inclusive, un pequeño hueco, pensará), Michu ha sacado a flote la parte más ermitaña de todo felino en la lucha por la vida: ya no se deja acariciar ni siquiera de su propia ama. Obviamente su instinto le advierte del peligro y su rencor se lo recuerda.

Y pasó lo que tenía que pasar. Luchita finalmente vendió su casa hace pocos días, y los nuevos dueños no están interesados en mantener a un gato, a pesar de la facilidad que ello representa. Su ama ya no puede entrar a la casa para expiar su culpa, y Michu ha ampliado el horizonte de sus limitados recursos a los de mi casa.

Mi mamá la ha visto un par de veces en nuestra terraza, y con ganas de darle una probada a los canarios de mi hermana; qué hambre tendrá. En la casa se le ha puesto leche y pan para atender su voraz apetito pero Wanda, la perra que tenemos, no está muy de acuerdo que digamos.


La opción que se nos ocurre es llevarla a vivir a nuestra finca, con otros gatos y en un ambiente que, de pronto, le sentará mejor que los techos de la ciudad. El problema está en atraparla. Ojalá haciéndolo, sufra un poco menos de lo que hasta ahora puede estarlo haciendo. Será una opción, nada más. ¿La mejor? Qué difícil situación.

Maullidos para ti, gatita. Feroz.
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viernes, 21 de marzo de 2008

Parasceve

El Viernes Santo era el día de la Parasceve, preparación de la Pascua, cuando Jesucristo murió crucificado. En 1955 el papa Pío XII decretó cambiar su denominación por ‘Viernes de la Pasión y Muerte del Señor’. El Viernes Santo, viernes de la Semana Santa, es fiesta oficial en muchos países cristianos.


El Cristo Caído, una de las imágenes adoradas durante la Procesión Santa de ese día en La Unión, Valle.
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miércoles, 12 de marzo de 2008

Equivocado

[Tuuuuuuuth… Tuuuuuuuth… Tuukcth…]

¿Aló?

Sí, aló… ¿doña Lambda?

Sí, señor, diga…

Doña Lambda, buenos días, soy El Marqués de Carabás… Tal vez haya escuchado de mí a través de escritos como Y tú mí y ¡Cómo saberlo!...

No, no señor…

Bueno, la idea de mi llamada es precisamente para eso, para presentarme… no sé cómo decírselo, pero prefiero las cosas claras… soy el novio de su hija… … Sé que es extraño… entiendo que…

¡Pero qué está diciendo!...

La verdad doña Lambda, nada nuevo… pensé que ya lo sabía… o lo sospechaba al menos… Tal vez ella me hizo pasar por su amigo o un conocido nada más… pero llevamos tiempo ya, y quería que usted estuviera enterada del asunto…

¿Cómo así?...

Creo que todavía no ha encontrado el momento oportuno para contarle de mí… así que tomé la iniciativa de llamarla y contarle sobre nuestra relación… Quiero a su hija, la valoro como amiga y la deseo como la mujer, muy bonita a propósito, que ella es… Mi interés es continuar adelan…

Pero señor…

Hemos sido amantes… secretos por lo que me doy cuenta… desde hace un tiempo. Nuestros encuentros han sido furtivos y muy buen… … digo… pues, ya es hora de que nos conozcamos… no sé, tal vez cuadrar una cena o un café con Beta…

¿Y quién es Beta?

¿Hablo con Doña Lambda Ny?

No señor… me llamo Lambda, pero Lambda Gamma… … está equivocado de teléfono, señor…

Uy… disculpe señora… gracias… Hasta lue…

[CLICK… … Tuh-Tuh-Tuh-Tuh… …]

Uhm…

[Twip, Twup, Twup, Twap, Twep, Twup, Twip… … Tuuuuuuuth… Tuukcth…]

Hola, Betica… Llamé al número que me diste para contarle lo nuestro a tu mamá… pero me dicen que estoy equivocado de teléfono… ¿No sólo de teléfono?... ¿A qué te refieres?... ¿Beta?...

[CLICK…]

miércoles, 5 de marzo de 2008

Razones de ganancia...

Un “nuevo” concepto aprendido en el postgrado: “¿cuál es la ganancia de…?”.

Según el profe, el fundamento de la gestión de proyectos, la pregunta del parcial, la respuesta de la vida.

Considero que es una definición materialista, repudiable por favorecer el egoísmo individual y la envidia colectiva. Pero a la luz de la mínima lógica, el argumento se destaca como medio y fin último de la toma de decisiones humanamente razonables (claro, lejos de los casos que cobijen el dolor propio o ajeno).

Es simple la reflexión: qué gano yo haciendo, diciendo, callando y omitiendo cualquier cosa en la que me vea involucrado yo, o el grupo al que pertenezco. Cómo me favorezco, me aprovecho, me divierto, me alegro. Es la contestación al popular “CVY: Cómo Voy Yo…”.

El significado de “beneficio” se ha corrompido. Así, si yo “me beneficio”, es porque necesariamente “perjudiqué” a otros. Pero en el trasfondo el concepto es sano si lo vivimos de una manera políticamente correcta: si yo estoy bien, los demás estarán bien. ¿Es consecuente este principio? ¿Es transferible? ¿Es posible? Supongo que sí, que se puede compartir y expandir en aras del ejercicio exponencial de la filantropía, de la bondad, del amor.

Entonces… Si la otra persona me gusta físicamente, me atrae intelectualmente, me alborota emocionalmente, me calma espiritualmente… si con ella me siento bien, discuto razonablemente, río sinceramente, hablo tranquilamente… si procuro favorecerla, atenderla, quererla, coquetearle, seducirla, escucharla… si gano con ella amistad, apoyo, respeto, confianza, paciencia… y creo que la otra persona ganará lo mismo que yo… que nos despertaremos juntos para hacer nuevamente el amor, que le prepararé el desayuno, la llamaré al trabajo, preguntaré por su familia, cenaremos y soñaremos juntos otra noche más… ¡Por qué no me acepta como su pareja!

¿A acaso no todos deseamos ganar?
¿No todos lo mismo?
¿O lo mismo, pero con otra persona?
¿Otro momento?

Luego de estudiar Gestión de Proyectos debería estudiar Química… de la que, independientemente de la ganancia, une a las personas sin razón (!) y con corazón (?).