miércoles, 18 de julio de 2007

Una tradición matrimonial

Casarse es un mal, pero es un mal necesario”, dice una antigua sentencia de Menandro.
En que sea un mal, estoy de acuerdo, pero ¿por qué necesario?”, comenta un autor italiano.


¿Recuerdan la polémica en que terminó El Rito? Después del alboroto de sus tormentosas reflexiones durante la boda de Juan, las voces de la conciencia se callaron con la noticia de mi amigo Mauricio, quien recién le había propuesto matrimonio a su novia. Pues el sábado se casó, y tales personajes aparecieron nuevamente para hablar esta vez más pacito; hasta la envidia, sin mordaza, sólo cuchicheaba. Al saludarlo, tal vez por la fuerza con que lo abracé, mis ojos se aguaron por la dicha sincera de ver a mi amigo feliz; que así lo sea.

[Ta-ta-ta-tan… Ta-ta-ta-tan…]

La boda comenzó con la tradicional marcha nupcial que bramaba en mi inconsciente para erizar todo lo que se pueda parar, recordando que la hora cero llegará tarde o temprano [¡Glup!].


La mayoría de los invitados y familiares llegaron tarde a la iglesia, pero el padre no iba a esperar: $350.000 por hora de misa estaban pagos de la siguiente ceremonia. Apenas salieron los nuevos esposos, comedidas señoras organizaron la capilla con arreglos florales diferentes.

- “Entonces… ¿cuándo nos casamos?”, preguntaban los paradigmas.
- Y siguió la evolución: “Bueno, casado o no, con cura, notario o chamán, ¿cómo va lo de propagar la especie?”.
- ¡Silencio!... No vamos a empezar otra vez…



Mauricio estaba tranquilo, con la serenidad que lo caracterizaba en cualquier examen de la universidad. A diferencia de la mamá de Juan, en ese momento no hubo excesivas lágrimas en los ojos de la nueva suegra por la decisión de su hijo, viendo cumplida, como dijo, una de sus tareas maternales. ¿Y en la mamá de Yudy? Tampoco: no es el momento, comentó, preocupándose de que todo saliera bien en el evento.

La novia, en blanco, lucía bonita del brazo de su padre y dos juiciosas pajes adornaban con pétalos de rosa su camino al altar. El tercero, el que entregaba los anillos, quizá creyendo que eran dados, hizo tintinear las argollas lejos de la almohadilla siete veces mientras el sermón.

- “Que no le coja la noche, o si no…”, advirtieron las voces.
- ¿Si no qué? ¡A ver! ¿Qué?, las confronté.
- “¡Ja! Ojalá ‘cogiera’ aunque sea con la-noche…”, murmuró el instinto.
- ¡Chito!
- “Y anda solo de nuevo”, se burlaban.



¿Por qué es de mala suerte ver a la amada antes del matrimonio? A Mauricio se la escondieron cuando quiso saludarla antes de la boda. ¿Para qué cargar un objeto robado, otro nuevo, otro prestado y algo de color azul? Este último estaba en el moño del liguero y, no siendo suficiente, se bailó en la recepción el vals Danubio Azul de Johann Strauss (no supe diferenciar si era agüero o etiqueta). ¿En cuánto aumenta la probabilidad de éxito de casarse si alguien se gana el ramo o la liga? Sería interesante estudiar tal efecto (placebo, supongo) que ocurre en las mentes de los ganadores. Por supuesto (¿y por fortuna?), yo no fui esta vez el conejillo de Indias de dicha investigación.


En fin, costumbres nada más. Como la de casarse, por ejemplo. Un temerario rito social que aprueba la unión eterna de dos individuos alrededor de la sagrada institución matrimonial. “Porque en últimas ése es el único motivo por el que el matrimonio resiste: a los seres humanos no nos conviene estar solos, como está escrito en el Génesis […] o muy pocos soportan la soledad. Por eso nos casamos y nos descasamos y nos volvemos a casar: por una lucha sin fin para evadir la soledad, a través de un matrimonio ideal (si se pudiera), pero si no, al menos a través de un matrimonio real” (Héctor Abad Faciolince en Las formas de la pereza).

4 comentarios:

K-milo dijo...

Hmm, sobre porque algo azul esto te puede aclarar la duda. Y de una vez salis de la duda de porque la envidia es verde, el rojo de Ferrari, el color de los resaltadores y las no tan graciosas "blue balls"...

ApoloDuvalis dijo...

Je, je, je :)

Bueno, yo creo que en más de un sentido, uno acaba casándose no con quien quiere sino con quien puede.

Anónimo dijo...

Creo que no deberías estresarte tanto por estas situaciones culturales que nos impone nuestra sociedad. No pienses que te está dejando el tren.....
Cuando uno realmente quiere cumplir su sueño, todo el Universo, Dios, conspira para que ese sueño se cumpla.
Así que cuando menos lo esperes las oportunidades te llegarán.

paradox... dijo...

Yo me vine a leer creyendo que había noticias acerca del "otro matrimonio", sólo diré que has ido a más matrimonios que yo. Qué bueno que mis amigas ya tienen la buena costumbre de únicamente participarme.