“Sir Isaac Newton walking in his gardens, had the first thought of his system of gravitation, upon seeing an apple falling from a tree”.
Voltaire, en su ensayo Epic Poetry (1727).
Y lo mismo cuenta su amigo William Stukeley en sus memorias (1752) sobre una conversación que sostuvieron juntos a la sombra de unos manzanos en el jardín de su casa:
“… Debido a la caída de una manzana se quedó en estado contemplativo. ¿Por qué la manzana debe descender siempre perpendicularmente a la Tierra?, pensó para sí mismo. ¿Por qué no va hacia un lado o hacia arriba, sino constantemente hacia el centro de la tierra? Seguramente, la razón es que la Tierra la atrae. Debería haber una fuerza de atracción en la materia: y la suma de las fuerzas de atracción en la materia de la Tierra debería estar en el centro de la tierra, y no en otro lugar de la Tierra. Por esto esa manzana cae perpendicularmente, o hacia el centro”.
A mí sí que casi me cae en la cabeza mientras pasaba bajo un árbol de la cuadra, lo que habría inspirado un pensamiento menos trascendental que la Ley de la Gravitación Universal. La situación habría sido como la que muestran tradicionalmente en las caricaturas que recuerdan ese momento histórico de la ciencia.
Un “¡Thumb!” apachurrante se escuchó una sola vez.
Luego tomó un camino cualquiera para seguir “tan campante” rodando sin redondez y sin afán, tranquilo, adolescente, adolorido pero libre, hasta detenerse por la misma razón analizada en el caso de su prima la manzana.
Antes de pensar en lo interesante del tema, estoy seguro de que Newton pensó lo mismo que yo: ¡Qué belleza!
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