miércoles, 12 de septiembre de 2007

Escampadero

La mayoría busca un techo mientras deja de llover y otros llevan paraguas consigo a todo momento. Como sea, todos buscamos abrigo y una bebida caliente en las mañanas frías mientras esperamos a que salga el sol.

La cultura popular se ha encargado de relacionar esa acción con las difíciles circunstancias de desempleo actuales, comparando cualquier oficio temporal con un escampadero, ese lugar que nos cobija hasta cuando otra oportunidad llega.

¿Sería correcto ajustar el término a una relación de pareja? ¿Quién lo sería de quién? ¿Quién tendría la sensatez de aceptar la intrascendencia de las relaciones? ¿Quién sería capaz de afirmárselo a su pareja categóricamente? ¿Quién viviría la libertad del amor sin compromiso alguno?


El objetivo principal es beneficiarse mutuamente. El proyecto podría incluir más colaboradores pero una dupla es suficiente: resulta cómodo, seguro y económico para las dos partes. Con esta condición que nos somete a la monogamia, se construye lo que se considera amor verdadero: una promesa eterna con votos de fidelidad que se detallan en las bodas como la letra menuda de un contrato (como cualquier otro).

Pero, ¿somos tan crédulos de esperar que toda compañía esté con nosotros “x100PRE”? ¿No sería mejor tener claro que quien está con nosotros (o nosotros mismos) tiene el derecho (y a veces el deber) a dejarnos solos en cualquier momento? ¿Por qué jurarse el uno para el otro, que lo mío es tuyo y lo tuyo es mío, y que ni Dios habrá de separarnos?

La incertidumbre está presente a toda hora. Entonces, ¿por qué esperar que el alguien con quien estoy sea la excepción a la norma? Inconscientemente todos esperamos eso: que un noviazgo dure, con el extra tiempo del matrimonio si se quiere, para toda la vida.

En el fondo todos queremos estar con alguien y que la vaina dure un poquito más. Y esperando eso, haciendo fuerza para que la cosa se mueva o aguante, nos desgastamos más. No dejamos que las cosas no ocurran o dejen de ocurrir. Mientras pujamos para que dure (y esté duro) nos olvidamos de disfrutar lo que sea que esté sucediendo. Nos olvidamos del proceso y esperamos el resultado, cegándonos ante la posibilidad de gozar cuánto y cuándo se pueda.

Queremos estar seguros de tener bien amarrados los cordones antes de dar el primer paso: queda descartado el método científico de ensayo y error. Queremos ir a la fija en el trato y nos demoramos escogiendo o desechando a quien siquiera nos pretende. ¿Qué tal que sea mejor de lo que los cuentos de hadas nos prometieron desde niños?

¿Por qué no gozamos de lo que tenemos bajo la sombrilla que ya encontramos? ¿O por qué no buscamos otro cobertor más grande? ¿O por qué no nos empapamos de soledad? Cualquier opción será buena mientras la disfrutemos, mientras dure. Lo importante es vivir lo que ocurra dentro o fuera del paraguas hasta que nos sintamos conformes con nuestra siguiente apuesta a favor de evolución humana.

A propósito, el escampadero también nos protege de la luz: tal vez por eso me gusta mojarme o tomar el sol de vez en cuando.

4 comentarios:

raquel dijo...

Mi querido Marqués, solo tengo algo en claro y es que ni las relaciones ni la lluvia son para siempre (no se si eso sea bueno ó malo), así que, el escampadero siempre va hacer una buena opción si le sabemos dar el uso adecuado.

Saludos,
Keep in touch!
Rach

ApoloDuvalis dijo...

Totalmente de acuerdo.

Aunque siempre debamos controlar la sensación de que el plato del vecino es más apetitoso que el que nos sirvieron o que su antejardín luce más verde, la única forma de disfrutar lo que tenemos es dejar de comparar y gozárse el momento. Después de todo, TODAS las relaciones son escampaderos hasta que nos amñamos tanto que no nos queremos ir a pesar de que ya no está lloviendo... y es cuando firmamos el contrato... ;)

Si definitivamente no nos cuadra, pues es preferible hablar las cosas y no prometer lo que no estamos en posición de cumplir. Creo que toda relación es un negocio y uno debe permanecer en él mientras las partes reciban un trato de ganar-ganar, o al menos las ganancias sean más significativas que los inconvenientes. Si no es así, es preferible cerrar ese chuzo . Como diría Walter Riso: "un amor que sirva o un adiós que libere".

MAREÑA dijo...

mientras llega el hombre(o la mujer)perfeco, aprovecha el que tienes al lado llevo 35 años esperando el mío pero ha cosa buena lo que he aprendido, aprovechado, gozado, reído y llorado con el que tengo al lado

Andrés David dijo...

En este caso, como en otros, lo importante es el presente. Lo demás es loma, podría decirse. El viejo consejo ese del carpe diem otra vez, sin olvidar el memento mori que lo sigue, lo justifica y le da una dimensión mayor: recordar que vamos a morir es saber que estamos muertos, es saber que lo importante es el presente. En este caso, como en otros.