miércoles, 4 de noviembre de 2009

A quien corresponda - Restaurante

Lo que nos ocurre puede ocurrirle a todo el mundo o solamente a nosotros. En el primer caso, es banal; en el segundo, es incomprensible”.
Fernando Pessoa.
Frase introductoria en El Lamento del Perezoso, de Sam Savage.


Cordial saludo,

Existen otros calificativos que un crítico de cocina podría dar sobre sus diferentes platos, pero sería pretencioso utilizarlos, para bien o para mal, en este momento. Así que me limitaré a decir que su comida es buena. Nada más.

El motivo de mi carta es simple: expresar mi agradecimiento: ¡gracias!

Listo.

Pero mis agradecimientos serían mayores (¡mayúsculos!: los escribiría en una carta posterior) si hicieran algo por los clientes que nos alimentamos de sus ollas. Es algo complejo por la única dificultad que perjudica a la humanidad, que somos humanos, y como tal quedamos indefensos no a las Leyes Naturales y del Tiempo, sino totalmente desnudos ante nuestro libre albedrío.

Tal vez el guante le caiga a más de uno, pero no es mi intención cuestionar a todos lo que están detrás de mis cubiertos. Es evidente que para que los platos estén frescos, calientes y, nuevamente lo digo, buenos, su trabajo ha sido cuidadosa o improvisadamente bien realizado.

Sin embargo, el enorme favor que les pido (pedimos, dicho sea de paso) es que hagan algo con quienes sirven la comida.

Lo malo de la rosca es no estar en ella”, dice el refrán, pero si hay algo peor que la envidia es la injusticia, y es ahí a donde apunta mi solicitud. ¿Qué tengo que hacer para que me sirvan, con un guiño de ojo, dos porciones de maduro asado? ¿Con quién tengo que hablar, susurrar si es necesario, para que en mi plato la ensalada a-parezca verde? ¿Qué debo decir, cuál es la clave, para que mi corte de carne sea más grande? ¿Cómo me gano el derecho a doble mazorca en mi sancocho?

¡Claro, gratis, por supuesto! Pagando, ¿qué gracia tendría mi denuncia?

Es inaudito que al cliente frecuente (tal vez tiene una tarjeta de esas que suman puntos, calorías en este caso) que está delante le agranden la porción de papitas fritas con una sonrisa a la mesera, y que llegue yo, con el mismo gesto de caridad-y-buenachonidad y me diga “es que no me alcanza para todos…”. Que pida igual cantidad de alverjas que quien va dos puestos más adelante y me diga “es que él sí paga doble porción”, a sabiendas de que he estado pendiente de su pago en caja. Que le pida una yuca cocida más grande, como la que acaba de servir, y me diga “¡todas son iguales y sólo es de a una!”. Y además, añade, lastimeramente, “qué pena…”.

Me atrevería a decir, aunque suene mentirosamente increíble, que haría esta misma solicitud si yo también estuviera en la rosca. Es que es tan evidente, tan insensato, tan vergonzoso…

Pensando positivo, aprovecho la arbitrariedad de sus sirvientes para hacer dieta. Es lo único que aleja de mi mente las enormes ganas de hacer un escándalo (no sé cómo vaya a reaccionar… si con quien sirve o con quien recibe esos beneficios adicionales…) cada vez, cada día, cada dos o tres clientes que son bendecidos por la subjetividad generosa de sus meseros y meseras en su restaurante, de donde recomiendo, de verdad, que la comida es buena. Sólo eso.

Atentamente,

.

5 comentarios:

ApoloDuvalis dijo...

Habría que ver el texto que inspiró éste... pero me pareció confuso. O sea, creo que entendí, pero no estoy seguro :P

El Marqués de Carabás dijo...

Más que el texto, lo que dice, es la forma que en el autor presenta su punto de vista. Lo hace a través de cartas abiertas o dirigidas a diferentes personas con quienes a lo largo de todo el libro cruza correspondencia.

MAREÑA dijo...

Sí, al principio me confundí un poco yo también, pero al terminar entendí: mi querido Marqués, no le caes bien a los meseros, das propinas? saludas con muuuuuuuuucha amabilidad? (olvida esta pregunta, sé que sí lo haces) vas a tener que mostrarle la "yuca" a la mesera, la que quieres claro está para que ella sepa cuál es tu deseo. La verdad es que eso pasa en cualquier parte, llámese restaurante, condominio, empresa, la respuesta a tu pregunta: ni idea

Carlos E dijo...

Mi apreciado amigo,

Los seres humanos somos organismos muy complejos que tomamos decisiones basados en una logica "difusa" no en logica binaria o booleana en la cual todos seriamos clientes o no clientes, pero en la realidad nuestras las decisiones se ven totalmente afectadas por la forma como nos relacionamos con la persona que esta en frente y eso si nos pasa a todos... o no te sucede que a los comentarios de tus amigos mas allegados les contestas algo... por el contrario a los comentarios de los "otros" muy pocas veces les contestas... es decir, a algunos les das doble porcion de tajadas y a otros no... somos humanos!

El Marqués de Carabás dijo...

¡Touché!, Carlos E. Has dado en El Clavo...

Ante tu agudo comentario no tengo más que decir que estás en lo cierto. Como Blogger, respondo a los comentarios de mis lectores sólo en caso de hacer alguna aclaración, pues no es de mi interés volver los comentarios un foro-debate sobre mis escritos. No creo necesario entrar a opinar sobre opiniones.

En aras de justificar mi respuesta al comentario de ApoloDuvalis, la aclaración es simple: el mensaje de invitación con que envié el link era diferente al de los demás, y en él explicaba que el artículo fue inspirado en la estructura literaria de El Lamento del Perezoso (Savage, 2009). Adicionalmente, explicaba el porqué de mi nueva tendencia, pero me quedé corto en la explicación, cosa que me obligó a hacer claridad sobre ese punto.

En fin. Consideraré el cumplir lo que mi subjetividad me diga en el complicado y rogado arte de opinar sensatamente.