miércoles, 5 de diciembre de 2007

Qué encarte

¿Para qué soñar con ser el amo del universo? ¿Cuál es el afán de todo villano de dominar el mundo? ¿De ser el más poderoso del planeta como lo planea el Doctor Malito, o incluso destruirlo como lo desea Freezer? ¿Qué haría Mumm-Ra El Inmortal o Darth Vader cuando toda galaxia se rinda ante el paso de sus capas?

Los archienemigos del bien, reales o caricaturescos, no han pensado lo que viene después de conseguir sus siniestros anhelos. Al ser el más (fuerte, rico, inteligente, feliz, malo…) lo único que le traerá su nuevo cargo será un momento de gloria, para luego enfrentarse a la realidad de la vida. Son como quienes fantasean con casarse: hacerlo es fácil, pero seguir despiertos (o dormidos) luego de la luna de miel es difícil.

Se lo advirtieron al Hombre Araña: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Por eso cualquier perverso plan debe considerar una fase B. Luego de vencer al héroe y a quienes pretendan derrocarlo, primero tendrá que curar las heridas del victorioso combate, para después suministrar las condiciones necesarias de sus serviles súbditos, atender las políticas de un caótico gobierno, evitar que su riqueza pierda el valor por el que tanto luchó, en destruir lo que quede en pie y cumplir con sus obligaciones maritales con la viuda del ídolo de turno. A no ser que el desquiciado y frenético amo del universo pretenda pasársela el resto de la eternidad solo. Y ahí es donde me pregunto, ¿para qué vivir así un sueño cumplido?

Qué aburrido un mundo sin un héroe que quiera desafiarme, que me exija, que me ponga a hacer algo más que bañarme en mis insatisfechas ansias. Incluso otro enemigo que luche por lo mismo, como Aliens y Depredador. ¿Qué estaría haciendo en estos momentos Smeagol si hubiera logrado quitarle el anillo de a Frodo? Administrando un enorme ejército de orcos que se eliminaría a todo aquel que se negara a adorarlo, para después disfrutar de… una tierra destruida, oscura y vacía. ¡Valiente gracia!

Cerebro no sabe el problema que tendría luego de conquistar al mundo mañana por la noche. Seguramente Pinky lo acompañaría en sus intenciones sin mayor ambición que reírse con él y de él. Pero El ratoncito cabezón tendrá que seguir ingeniándoselas para mantener su reinado, como la Iglesia Católica a lo largo del tiempo. Porque seguro habrá un gato bonachón que esté soñando el mismo sueño, irónicamente, para seguir durmiendo y soñando.

3 comentarios:

Andrés Meza Escallón dijo...

Como bien decías, tal vez a los gatos lo que los emociona más es la cacería en sí, el poder jugar con la comida, que comerse a la presa.

Una vez alcanzado el poder, el villano se convierte en un paranóico, sabedor de que alguien querrá hacerle a él lo que le hizo a su antecesor... así es como los Putin se convierten en Stalins y los Uribes en Chávez... :(

Johanna Pérez Vásquez dijo...

Sí, realmente es mucho encarte, pero de todos modos las ambiciones y los sueños son necesarios para darle sabor, pimienta a la vida. El tema es saber cuándo detenerse para no tostarse la cabeza como unos cuantos millonarios que no descansan porque si no están pensando en cómo hacer más plata, están pensando cómo gastársela.

Anónimo dijo...

HOLA
Definitivamente hay que ser un gato para pasar esos tejaditos, en realidad son un completo encarte, sin embargo cuando se tiene el objetivo perfectamente localizado y planeado esos tejaditos hacen parte del camino como dices y se convierten en un paseo para llegar a la presa.
El poder enferma al hombre y destruye finalmente sus objetivos con la soberbia. No obstante el correcto manejo de las emociones logra grandes exitos.