miércoles, 23 de agosto de 2006

Una in-esperada llamada

«Me dice el corazón…
“ríndete que el amor te venció”.
Pero me grita la conciencia…
“parece pero no es, eso pasa con frecuencia”».

- Gilberto Santarrosa -


Casi las nueve de la noche y aquella bella doncella llamó.

Al escuchar su voz, mis ojos comenzaron a ver el pasado con la claridad del presente. Era como si nada hubiera sucedido. Luego del corto saludo dijo “leí tu escrito… y… llamé…”. Yo sabía a qué se refería y los lectores de esta bitácora lo sabrán al repasar Por no creer, tuve que ver.

Los mil borradores del sensato discurso preparado para la deseada ocasión no aparecieron por ninguna neurona.

Corazón, mente y cuerpo disfrutaron esos minutos con toda la alegría que podían, al recordar, vivenciar y anhelar tal festín telefónico. “Esto hay que celebrarlo… ¡Otro trago de endorfinas más!”, gritaban. “¡Salud!”.

¿Cómo estás? ¿Qué haces ahora? Preguntas improvisadas que alargaban la emoción mientras se apaciguaba la sorpresa. A pesar de unas cuantas palabras que tartamudeé inicialmente, la conversación fue agradable y tranquila. El estudio, el trabajo, la familia… Ella está bien y me alegro.

Sobre lo bizco que me dejó el ciego Cupido nada se habló, ni tampoco de la cantidad de pedacitos que recogí ni de los otros tantos que perdí cuando esa noche la ilusión se rompió. Fue mejor así: ¿de qué hubiera servido una explicación evidente por doquier?

Agradecí su llamada y con la hipotética promesa de algún encuentro lejano, nos despedimos. Sin mayor razón, me sentí contento esa noche; como antes. Pero con duda de querer arriesgarme nuevamente, incluso de escribir sobre el tema.

Seguiré tarareando esta canción hasta entonces. Tal vez le diga…

3 comentarios:

Paradoja Humana dijo...

Este es el tipo de entradas que me dejan con la duda, se vuelven como una novela.
Por lo pronto felicito a tus neuronas por ganar esta batalla.

ApoloDuvalis dijo...

Bacano tener al menos una ilusión, así no tenga nada qué ver con tus posibilidades reales con la persona en cuestión.

Sin embargo, recuerda no caer en la trampa de los cantos de sirena... la autocomplacencia puede ser tentadoramente más reconfortante que la realidad, pero a largo plazo no te puede traer nada bueno.

Éxitos afilando las garras.

César Augusto López dijo...

Si no me hubieras explicado la otra vez de qué se trataba tu blog, no lo habría entendido... Señor Marqués.